miércoles, 16 de junio de 2021

Lola (Lola vers la mer): la rebeldía transgénero

Lola dirigida por Laurent Micheli se estrena en cines españoles el próximo día 18 de junio. La película fue nominada el premio César a la Mejor Película Extranjera como representante de Bélgica y participó en la 17ª edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

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La historia: Lola (Mya Bollaers), es una joven de 18 años y transexual, a la que comunican que puede someterse a la operación de cambio de sexo que solicitó al verse enjaulada en su cuerpo masculino. Su madre, que es su único apoyo financiero, fallece de manera repentina. Cumpliendo con los últimos deseos de su madre, Lola y su padre (Benoît Magimel), con el que no se habla y no se han visto en dos años, tienen que emprender un viaje juntos hasta la costa belga para depositar en el mar las cenizas de la mujer que no pudo mediar en vida el conflicto entre padre e hija.

La crítica: El filme se presenta como una road movie sentimental a través de la costa belga en la que un padre y una hija dirimirán todos los conflictos que llevan arrastrando desde que Lionel cambió su nombre por Lola. El objetivo de la película, además de intentar entretener, consiste en tocar un tema muy específico, como el transgénero, pero tratado de una manera universal. Para ello, la narrativa nos lleva por el camino de las relaciones paterno filiales en un intenso melodrama con la aceptación y el perdón como principal frente discursivo propuesto por el cineasta belga. 

Laurent Micheli construye a los dos principales personajes de manera intensa y con sutiles referencias a la mirada cinematográfica creada por Pedro Almodóvar. Una aproximación a su cine, que aunque desigual por momentos, gana enteros en el tercio final de la película. Pero en ese tránsito, tanto en la premisa inicial, como en el desarrollo, el filme se estructura de manera lineal por lo que las acciones de los personajes se vuelven previsibles y repetitivas. Incluso la ira se muestra monótona. 

Lola pertenece a ese grupo de películas que surgen de la necesidad de ahondar e investigar sobre la adolescencia y sus conflictos. Un período en el que el mundo adulto parece violento, arcaico y no se encuentra en sintonía con las necesidades de los más jóvenes. Más si cabe, cuando la orientación sexual se sitúa como epicentro en la vida de éstos últimos.


El largometraje cuenta con un dúo de protagonistas que realizan un buen trabajo. Benoît Magimel, intérprete francés al que recordamos por trabajos como La pianista o La cabeza alta, y la debutante Mya Bollaers, ganadora del premio Magritte a la Mejor Actriz Revelación por su interpretación.

La actriz belga es transexual y también fue difícil para ella aceptar su identidad. De hecho, interpretar a una mujer transgénero y así defender a una comunidad de actores poco representados en el cine es un privilegio. No hay que olvidar que en la actualidad la mayoría de los transexuales viven en situaciones precarias en las que se combinan problemas sociales o políticos sin que tengan demasiado eco en los medios de comunicación. 

Lola, en conclusión, busca más la comprensión del distinto que la propia reivindicación implícita en su mensaje. Hablamos de un filme que apuesta por narrar a partir de las estructuras clásicas del melodrama nutriéndose de los afectos y de los conflictos entre padres e hijos. Con un ajustado metraje de apenas 87 minutos, Laurent Micheli consigue un filme ágil y realista aunque un tanto plano en la previsibilidad de su narrativa.

Nota: 6/10.


Nacionalidad: Bélgica

Dirección: Laurent Micheli

Guion: Laurent Micheli

Música: Raf Keunen

Fotografía: Olivier Boonjing

Duración: 87 minutos

Reparto: Mya Bollaers,
Benoît Magimel, Els Deceukelier,
Sami Outalbali, Jérémy Zagba,
Anemone Valcke, Adriana Da Fonseca

miércoles, 9 de junio de 2021

Shorta. El peso de la ley: el thriller como elemento para el debate social


Shorta. El peso de la ley dirigida por Frederik Louis Hviid y Anders Ølholm se ha estrenado en España el día 4 de junio. La película danesa tras su exitoso paso por los festivales internacionales de Venecia y Toronto también se ha estrenado en los cines de Francia y Estados Unidos. 

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La historia: Dinamarca, 2020. Talib es un joven inmigrante que estando bajo custodia policial entra en estado de coma tras la fuerza empleada en su arresto. La detención del joven comienza a generar disturbios en el gueto de Svalegarden que se ven incrementados exponencialmente cuando se anuncia el fallecimiento del muchacho. En este dramático contexto, los agentes de policía Høyer y Andersen se quedan atrapados en el suburbio mientras estaban haciendo una patrulla rutinaria. Sus vidas corren peligro y ni sus propios compañeros se atreven a entrar para poder rescatarlos. Es así como comienza el juego del ratón y el gato con consecuencias imprevisibles para vecinos, policías y para el propio país. 


La crítica: El cine danés, a la cabeza del cine nórdico europeo, está atravesando un momento muy dulce con producciones como The GuiltyWildland (Kød & Blod) u Otra ronda (Druk). Esta última, en fechas recientes, se hacía con el Oscar a la mejor película en habla no inglesa. 

Shorta. El peso de la ley es una trepidante película que generó una gran controversia en su país con motivo de su estreno en cines, cuando fue relacionada con las protestas antipoliciales sucedidas en EEUU el pasado verano. El caso narrado, y escrito antes de la muerte de George Floyd, pone los pelos de punta por las semejanzas con lo sucedido en Estados Unidos. 

En árabe, "shorta" significa "policía" y queda demostrada la mala relación que existe entre el mundo musulmán llegado a Dinamarca y las fuerzas policiales acostumbradas a vivir en un país tranquilo que se siente acosado por los nuevos flujos migratorios. Pero la cinta es por encima de todo una película de género. Está en deuda con directores como William Friedkin, Sydney Lumet y Walter Hill y sus thrillers descarnados de los años 70 y 80 poblados de antihéores muy complejos. Pero también con realizadores como Spike Lee y Matthieu Kassowitz, cuyo trabajo rezuma ira, indignación y rebeldía y ofrece un componente social muy potente.

Shorta. El peso de la ley no es una película política, sino que habla sobre la gente. El objetivo no es defender ni criticar a policías o inmigrantes, sino intentar comprender qué hay detrás de los actos y de la visión del mundo que tienen las personas. Hablamos de unos jóvenes desfavorecidos y enfurecidos, privados de su derecho de acceso a la vivienda, jóvenes que se sienten demonizados e incomprendidos, así como de policías con exceso de trabajo y mal pagados que también viven una situación difícil.

De hecho, la película de manera inteligente y valiente va tomando partido por unos agentes de policía que se ven sobrepasados por la falta de recursos humanos. Los cineastas no defienden las torturas o los excesos policiales que pueden acabar en la muerte de algún detenido, sino más bien tratan de mostrar el punto de vista policial de cómo y porqué pueden llegar a suceder casos que a priori pueden parecer incomprensibles. 


El núcleo del reparto pasa por los integrantes de la patrulla policial que son sometidos a una tremenda emboscada en un día que se presentaba dentro de lo cotidiano para ellos. Jacob Hauberg Lohmann, actor que antes de en Shorta, pudimos verlo en el thriller "Darkland, cumple con rigor la asignación del personaje de poli malo. En el papel de poli bueno nos encontramos a Simon Sears conocido por su interpretación sofisticada y potente de personajes complejos. Completa el reparto principal Özlem Saglanmak encarnando a la madre de Tarek Zayat que interpreta a uno de esos jóvenes inmigrantes de segunda generación que no acaban de encontrar su sitio en la vieja Europa. 

Shorta. El peso de la ley me ha parecido un filme que apuesta por el poder del cine como una invitación a reflexionar y a propiciar cambios. El objetivo de la cinematografía debe pasar por emocionar y entretener, pero también por provocar debates sólidos sobre un tema tan complejo como es la inmigración. La película convierte al espectador en un participante activo dentro de un conflicto entre policía e inmigrantes que va a más y que le obliga a no apartar la mirada de la cruda realidad. En definitiva, y parafraseando a Ester Expósito en su entrevista para Cine y críticas marcianas: "Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos"

Nota: 6/10.


Nacionalidad: Dinamarca

Dirección: Frederik Louis Hviid
y Anders Ølholm 

Guion: Anders Ølholm,
Frederik Louis Hviid

Música: Martin Dirkov

Fotografía: Jacob Møller

Duración: 95 minutos

Reparto: Jakob Ulrik Lohmann, 
Simon Sears, Tarek Zayat,
Issa Khattab, Özlem Saglanmak,
Arian Kashef, Josephine Park

viernes, 4 de junio de 2021

Sueños de una escritora en Nueva York (My Salinger Year): sobredosis de almibar


Sueños de una escritora en Nueva York dirigida por Philippe Falardeau se estrena en cines españoles el día 4 de junio. La película inauguró la 70ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín  y recientemente ha participado en el Barcelona Film Festival.

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La historia: Nueva York, años 90. Joanna (Margaret Qualley) es una joven que desea ser escritora y con ese objetivo consigue un empleo como secretaria en la agencia literaria que representa al afamado escritor J.D. Salinger. Pero Margaret (Sigourney Weaver), su jefa, la relega a un puesto en la que solo debe transcribir respuestas automatizas a las cartas que recibe el aclamado autor de "El guardián entre el centeno". 


La crítica: La película, con título totalmente inventado en España, está basada en la novela autobiográfica My Salinger Year de Joanna Rakoff. Dirigida por Philippe Falardeau, cineasta de la nominada al Oscar a la Mejor película de habla no inglesa “Profesor Lazhar”, nos presenta un filme tan almibarado y buenista que provoca rechazo por la propia incredulidad que provocan los hechos narrados. Diría, incluso, que cuando Rakoff escribió la novela en la que se basa la película, se inventó una vida tan ideal, tan bonita e incluso tan surrealista como la bondad que se atribuye. 

Convertir un libro en una película generalmente significa tomar decisiones, crear personajes complejos y transformar la voz interior en acciones concretas. Pues bien, nada de esto sucede en Sueños de una escritora en Nueva York. Por el contrario, el personaje de Joanna es tan simple y cursi que llega a ser repulsivo. Hablamos de una muchacha tan ideal, cuqui y guapa que provoca casi vergüenza ajena. No ella, que de ser una mujer real sería casi perfecta. Lo que provoca vergüenza es como alguien pueda tener una imagen de sí misma tan almibarada e irreal. Pero bueno, cada uno es libre de verse como quiera. El problema surge cuando el cineasta no toma voz propia y se limita a transcribir una novela auto masturbatoria y narcista a la pantalla de cine. 

Más acertada se presenta la propuesta cuando se centra en el fanatismo de los seguidores de un escritor. Más bien de su fama. Y es que a J.D. Salinger se le idolatraba como a una estrella de rock. En el centro de la película están todos esos fanáticos que le escriben a Salinger, deseando desesperadamente que él les responda. El trabajo de Joanna es proteger a Salinger de ellos y mandarlos al carajo de manera educada. Y eso es lo que hace la protagonista durante toda la puñetera historia. Bueno, también se echa un par de novios, hace el amor de manera muy chic y alquila un cuchitril en Nueva York donde trata de escribir poesía a la vez que trata de encontrar su voz como escritora. En fin, muy romántico todo. 

La cinta está protagonizada por la actriz y modelo Margaret Qualley ("Érase una vez en... Hollywood") que cumple sin mayores problemas con lo que le exige el cineasta. Es decir, ser una chica florero que se limita a repetir como un loro los torpes diálogos de un libreto plano y sin ningún toque de humor. Sin embargo, nos encontramos con la tres veces nominada al Oscar Sigourney Weaver (saga “Alien”) que le pone algo de picante a la película. Su papel como la jefa de la editorial está mejor pensado sobre todo cuando pone en aprietos a la ideal Joanna. Nunca vemos a J.D. Salinger, ni al actor que le interpreta. Solo aparece de manera brumosa en alguna escena y su interacción con la editorial solo se produce a través de llamadas telefónicas. Es decir, el interés de la escritora al escribir sus memorias no es que conozcamos a Salinger, sino que la conozcamos a ella. Hablamos, por tanto, de una caso de egocentrismo de libro que además ha sido llevado al cine. 

Lo mejor de la película pasa por su ambientación y diseño de producción. Rodar en Montreal una historia que tiene lugar en Nueva York es muy meritorio. Se crean tres Nueva York: primero, el Brooklyn de los noventa. Segundo, en el otro lado del East River, un centro de Manhattan creíble al nivel de la calle, y tercero una intemporal agencia literaria que estaba en Madison Avenue. Fotografía y vestuario dan credibilidad a la historia ambientada en los noventa.

En conclusión, Sueños de una escritora en Nueva York (tiene cojones la traducción) es una película tan bonita que de bonita ya se pasa. De hecho, provoca rechazo ante la idealización de unos personajes que parecen sacados de una historia de Disney para adultos. La parte buena de la cinta es que no es muy larga y que es poco ruidosa. Por tanto, me ha parecido una propuesta genial para conciliar el sueño sin tener que tirar de medicamentos, melatonina u otros remedios naturales.

Nota: 5/10.


Nacionalidad: Canadá

Dirección: Philippe Falardeau

Guion: Philippe Falardeau

Música: Martin Léon

Fotografía: Sara Mishara

Duración: 100 minutos

Reparto: Sigourney Weaver,
Margaret Qualley, Douglas Booth,
Colm Feore, Matt Holland,
Théodore Pellerin, Seána Kerslake