martes, 20 de julio de 2021

¡Diez peinados de cine!


La primera ceremonia de entrega de los premios Óscar tuvo lugar en 1929. Sin embargo, no se otorgaba ningún galardón al trabajo de los equipos de peluquería y maquillaje a pesar de que siempre han formado parte esencial del cine. No fue hasta el año 1982 cuando el gremio fue recompensado al incluirse su trabajo en los Premios de la Academia.

Hoy quiero recordar diez peinados femeninos que pasaron a la historia del cine y cuyos ecos llegan hasta nuestros días. El cabello siempre ha sido un símbolo de belleza entre las mujeres de las principales civilizaciones del mundo. Pero Hollywood y los grandes estudios de cine dieron una nueva dimensión a la peluquería. El cine aportó peinados novedosos que de algún modo influyeron en como las mujeres se peinaban tras ver las películas estrenadas en el siglo XX. 

Comenzamos con las mujeres y en una futura publicación repasaremos también diez icónicos peinados masculinos que pasaron a la historia de la cinematografía. Algunos, como los de Jim Carrey, son imperdibles.

CINE CLÁSICO

1. Rita Hayworth en Gilda (1946)

El peinado ondulado de la artista sigue estando de actualidad en las peluquerías femeninas para fiestas de gala o cenas románticas. En pasadas fechas la actual Reina de España Letizia, causó revuelo en algún sector de la sociedad por lucir en un acto público el peinado y un vestido negro de tirantes inspirados en el look de Gilda. En definitiva, los ecos de la pelirroja más famosa de la historia del cine aún llegan hasta nuestros días.

2. Marilyn Monroe en Los caballeros las prefieren rubias (1953)

Rubia, media melena con ondas y el mito más grande en la historia del cine. Una mujer que fue superada por su propio personaje y de la que sacaron provecho tanto la industria del cine como los maridos que se acercaron a ella y no la supieron o no pudieron entenderla. No se recuerdan muchos peinados con el cabello largo de ella pero haberlos haylos. Como las meigas. 

3. Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes (1961)

El filme es un icono de la cultura popular norteamericana y de la época dorada de Hollywood. También fue una de las cintas que encumbró a Audrey Hepburn a la categoría de estrella mundial del séptimo arte. Miles de imágenes de la actriz referenciadas a esta película se vieron en otras muchas, además de en toda clase de recuerdos, carteles y cuadros para la posteridad. Audrey también abre la publicación con los tres peinados en blanco y negro de la imagen de portada. 

4. Elizabeth Taylor como Cleopatra en 1963.

Cuando pensamos en Cleopatra nos viene a la mente Elizabeth Taylor vestida o peinada como ella. Se trata de una idealización provocada por el mundo de Hollywood. La verdad es que el famoso peinado provenía de una peluca. En cualquier caso, si vas a la peluquería y pides un look a lo Cleopatra no te harán falta dar muchas explicaciones más. 

5. Ava Gardner o el animal más bello del mundo con diferentes peinados.


Sin duda, una de las grandes actrices del siglo XX. Otro de los grandes mitos del cine y una de las más bellas. Se la conocía como «el animal más bello del mundo». Entre sus grandes exitos podríamos destacar 55 días en Pekín, Mogambo o La condesa descalza. En 1969 se instaló en Londres, donde vivió prácticamente retirada de la vida social, interviniendo en varios films. Su último trabajo fue «Regina» en 1982. 

CINE CONTEMPORÁNEO 

6. Carrie Fisher en La guerra de las galaxias (1977)


Desde que la Princesa Leia –interpretado por Carrie Fisher– apareció en la pantalla grande con ese enorme peinado, muchas mujeres trataron de imitarlo. George Lucas asegura que su inspiración surge de las adelitas mexicanas. Otros aseguran que el peinado está inspirado en la misteriosa escultura ibérica conocida como “La dama del Elche”, que data de los siglos los siglos V y IV a.C. También se apunta a las indias Hopis de Arizona o incluso a una noche de juerga y humo de George Lucas. 

7. Bo Derek en "10, la mujer perfecta" (1979)

Acompañada de Dudley Moore y Julie Andrews fue el mejor trabajo de Bo Derek. Le valió una nominación a los Globos de Oro. Además, obtuvo de inmediato el estatus de sex symbol. El peinado de la artista en la película también ha llegado a nuestros días con un trenzado a lo tribal. 

8. Uma Thurman en Pulp Fiction (1994)

Nadie que haya visto la película podrá olvidar aquella escena en donde Mia Wallace y Vincent Vega (John Travolta) bailan juntos y ganan el concurso de twist. O aquella en donde Mia estuvo a punto de morir. Pero incluso quien no haya visto la película puede reconocer al personaje de Uma Thurman. El seductor look de Mia Wallace se volvió muy popular y muchas mujeres se inspiraron en ella para cambiar su estilo: se trataba de un clásico corte chanel, con el cabello lacio hasta la altura de la barbilla, el tono era de un negro intenso y llevaba un flequillo recto justo encima de las cejas.

9. Cameron Díaz en Algo pasa con Mary (1998)

El peinado más gamberro de la historia del cine fue también uno de los que más carcajadas produjo en la historia de la comedia. Al parecer, la escena más recordada del film, cuando Mary confunde el semen con gel para el pelo y se lo pone en un mechón, estuvo a punto de no rodase por los peros de la actriz. Cameron Diaz después confesó para Variety: "Confié en Bobby y Petter Farrelly, porque obviamente son muy graciosos, y cuando vimos el lado visual del gag, me di cuenta de la razón que tenían".

10. Natalie Portman en V de Vendetta (2005)

V de Valiente, G de guapísima y M de Marciana. El peinado sin peinado. 

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P.D. En recuerdo a Louis Alexandre Raimon (1922-2008).

Un nombre que fue inolvidable en la historia del cabello del siglo XX fue Louis Alexandre Raimon (1922-2008), conocido como Alexandre de Paris. Famoso por haber diseñado el cabello de Liz Taylor en Cleopatra, tenía un salón de primer nivel en Paris y varios resorts en otras ciudades francesas donde los ricos y famosos iban a pasar sus vacaciones. Fue el diseñador de los Duques de Windsor, y trabajó 40 años con las mejores firmas de alta-costura como: Christian Dior, Coco Chanel o Yves Saint Laurent.

lunes, 12 de julio de 2021

La mujer del espía: cine de porcelana; pan para hoy y hambre para mañana

La mujer del espía dirigida por Kiyoshi Kurosawa se ha estrenado en cines españoles el día 9 de julio. El filme japonés, ambientado en la Segunda Guerra Mundial, fue galardonado con el León de Plata al Mejor Director en la pasada edición del Festival de Venecia y participó en la sección Perlas del Festival de San Sebastián. Distribuida por A Contracorriente Filmes. 

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La historia: 1940, Japón. La noche anterior al estallido de la Segunda Guerra Mundial, el comerciante local Yusaku Fukuhara deja a su esposa Satoko en casa y viaja a Manchuria con su sobrino. Allí es testigo de un experimento bélico y decide tomar medidas para revelarlo al mundo. Tras un malentendido inicial, su esposa descubre las verdaderas intenciones de su marido y decide protegerlo de forma incondicional.

La crítica: La porcelana tal y como la conocemos hoy, alcanzó su máximo esplendor durante la Dinastía Sung, en la China del siglo XIII de nuestra era terrícola. Hablamos de un material muy bello, bastante cotizado, pero muy frágil si cae en las manos no adecuadas. Algo así sucede con La mujer del espía que pertenece a ese cine de postal que a veces nos llega desde oriente. Bonito y sugerente, pero endeble en sus lineas narrativas.  

Ambientada en la ciudad de Kobe durante los angustiosos tiempos de la Segunda Guerra Mundial, la cinta muestra la lucha de una pareja para superar la desconfianza y permanecer fiel a su amor. Bueno, la lucha de ella mejor dicho. El señor Fukuhara, en sus viajes comerciales, se dedica a tareas varias como el espionaje político, y ya puestos, al espionaje sexual con otras chinas o japonesas que para el caso vienen a ser lo mismo. A su señora, por cierto, la intenta meter en una caja -y la mete- para huir a Estados Unidos en un barco de mercancías. Mientras tanto, él se va a la India a hacer cosas de espías. Por cierto, el tipo es espía por su cuenta. 

Antes de seguir con la monserga esta, diré que la sala de cine estaba bastante llena. También es cierto que se produjeron abandonos a mitad de metraje. Yo mismo me fui a hablar por télefono y al volver seguía la cosa llena de chinos. Bueno, de japoneses. El caso es que la gente, gracias a Dios Pfizer, comienza a volver a las salas a la espera de lo que nos depara "La quinta ola". Por cierto, una película que reseñé en su día y de la que no recuerdo nada. Creo que era de naves espaciales o cosas de esas.

Volviendo a La mujer del espía y cito textualmente a su director, dice el señor Kurosawa que: "El matrimonio es una relación única en la que un hombre y una mujer de diferentes orígenes y estatus se unen como uno bajo un mismo techo, comprometiéndose a compartir la misma vida y destino. Aunque ambos son iguales en el matrimonio, cada uno posee un lado de ellos que el otro no sabe. Sin embargo, un ligero giro de los acontecimientos puede hacer que ese lado desconocido se inflame". De todos estos lugares comunes solo me interesa el lado de la inflamación. 


Issey Takahashi interpreta al espía casado con Satoko (Yu Aoi) y ambos parecen cumplir bien con su papel. Digo parece, porque como hablan raro pues no sabe uno si están sobreactuados o es que son así por naturaleza. También aparece un villano, vestido de soldado, que le intenta birlar la esposa al espía. Ésta, se niega y el tío chungo la trata de meter en un centro de salud mental -y la mete-. Total que a La mujer del espía todo el mundo le quiere meter algo. O en algo, mejor dicho. Su marido en una caja, el soldado en un psiquiátrico y un médico viejo en su casa. 

Lo mejor de la película pasa por su ambientación, escenografía, vestuario y técnica de rodaje. Es decir, por el cine de porcelana. Los píxeles rodados en 8K cobran vida de manera majestuosa en una historia ambientada en tiempos de guerra y armoniosamente elaborada. Hablaríamos de una obra de arte en movimiento si los personajes permanecieran callados o al menos hablaran en modo ASMR. De hecho, invito a ver la película sin sonido y con la banda sonora de fondo de tu película preferida. Fin. 

Nota: 5/10.



Título original: Spy no tsuma

Nacionalidad: Japón

Dirección: Kiyoshi Kurosawa

Guion: Kiyoshi Kurosawa

Música: Ryosuke Nagaoka

Fotografía: Tatsunosuke Sasaki

Duración: 116 minutos

Reparto: Yû Aoi, Issei Takahashi,
Ryôta Bandô, Chuck Johnson,
Yuri Tsunematsu, Minosuke, Hyunri

lunes, 5 de julio de 2021

Miss Marx: pequeña miss marxista


Miss Marx dirigida por Susanna Nicchiarelli se estrena en cines españoles el próximo día 9 de julio. La cinta italiana obtuvo 11 nominaciones a los Premios David Di Donatello, y ganó tres: Mejor Música, Mejor Vestuario y Mejor Producción.

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La historia: Biopic parcial sobre la hija pequeña de Karl Marx, Eleanor Marx (Romola Garai), centrado a finales del siglo XIX y basado en el romance que mantuvo con el desenfrenado y presumido profesor Edward Aveling. 


La crítica: El filme de factura italo belga y rodado en inglés, se recrea en la contradictoria personalidad de Eleanor “Tussy” Marx. Ésta, predicaba por la abolición del trabajo infantil, por los derechos femeninos y laborales, mientras que en su vida privada se mostraba como una mujer sumisa e incoherente rendida a los pies de Edward Aveling. 

Nacida en 1855 en Londres, Eleanor Marx se interesó por la política desde niña. No podía ser de otro modo teniendo en casa a su señor padre. Sin embargo, la cineasta italiana Susanna Nicchiarelli no repara demasiado en la vida de Karl Marx, ni en la niñez de Eleanor. Solo en algún breve flasback observamos a la familia Marx cuando ella era una niña y a los que presenta como aburguesados conspirando contra el capitalismo. 

Miss Marx se centra en las dos vertientes de Eleanor. El filme la dibuja como una mujer fuerte en sus convicciones póliticas, pero frágil en sus sentimientos y emociones. Hablamos en parte de un personaje derrotado por su relación dañina con Edward Aveling. A éste se le presenta como un socialista convencido, que además era dramaturgo, actor y sobre todo un vividor a costa de la floreciente posición económica de la pequeña de los Marx. La historia de Eleanor Marx, con su incongruencia entre lo público y su vida privada, nos da una idea de la complejidad del ser humano. También de su hipocresía, debilidades e ideales. En un momento en el que el tema de la emancipación es más central que nunca, la narración, aunque un tanto débil por reiterativa, se muestra lúcida en el tema de las contradicciones personales. 


Sólida se muestra la actriz británica Romola Garai en su interpretación de Eleanor Marx. Incluso brillante por momentos. Recuerdo su papel como la amiga de Scarlett Johansson en la película de Woody Allen, Scoop y el salto de calidad es grande. Tampoco se queda a la zaga el británico Patrick Kennedy con su insolente papel como Edward Aveling. La pareja destila química en pantalla y ello suma varios puntos a la narración. 

Lo mejor de la película pasa por su música y por una eficaz variante que introduce con inteligencia la cineasta. Al hablar de una película de época podríamos esperar música clásica o sinfónica. Sin embargo, se opta por adornar la filmación con canciones de punk rock transgresoras que hacen lucir a las imágenes más poderosas; resaltándolas de alguna manera por encima del tiempo. Con ello, se añade un tono de desprendimiento irónico sobre los eventos más dramáticos otorgando así ritmo al libreto. 

En conclusión, Miss Marx me ha parecido una inteligente biografía parcial en esa búsqueda incansable de los cineastas por rescatar figuras históricas. Susanna Nicchiarelli trata y en parte consigue dar la vuelta a los clichés del cine de época. Con una ambientación delicada y costumbrista la obra consigue ser bonita en su mirada y locuaz en la interpretación de los sucesos históricos. Aunque la película aborda el movimiento sindical, consigue mantener las distancias sobre los movimientos políticos para centrarse en la vida privada de los personajes. Eleanor encarna muy bien las contradicciones entre la razón y el sentimiento. Entre su cuerpo y su alma y entre el romanticismo y la política. Sus contradicciones son las mismas que encontramos en la vida real y, como tales, pueden permanecer irresolubles hasta el final de los días.

Nota: 7/10.



Nacionalidad: Italia - Bélgica

Dirección: Susanna Nicchiarelli

Guion: Susanna Nicchiarelli

Música: Gatto Ciliegia Contro

Fotografía: Crystel Fournier

Duración: 107 minutos

Reparto: Romola Garai, 
Patrick Kennedy, Felicity Montagu,
Karina Fernández, Oliver Chris,
Emma Cunniffe, John Gordon Sinclair,
Philip Gröning, George Arrendell

lunes, 28 de junio de 2021

Planta permanente: las pequeñas corrupciones de cada día

Planta permanente dirigida por Ezequiel Radusky se estrena en cines españoles el próximo día 2 de julio. El filme argentino uruguayo se alzó con el premio el Colón de Oro a la Mejor Película de la 46ª edición del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. 

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La historia: Un cambio de gestión en el Ministerio de Obras Públicas de Argentina y la inminente llegada de una nueva directora general, hace aflorar las peores actitudes de los empleados que buscarán a toda costa conservar sus puestos de trabajo. Lila y Marcela, compañeras de toda la vida, no podrán abstraerse de esta situación y cada una intentará sobrevivir a su manera poniendo en peligro su amistad.

La crítica: Con unos escuetos 78 minutos de metraje y el humor negro como referencia contextual, Planta Permanente se podría definir como un inteligente acercamiento a las miserias de la burocracia y, sobre todo, a cómo la falta de diálogo, solidaridad y conciencia de la clase trabajadora abre o facilita el camino para las divisiones internas entre los propios compañeros. La traición aparece como principal frente discursivo de una propuesta lúcida y casi hermana gemela de "La camarista" mexicana. 

En aquella delicada película de Lila Avilés observábamos de una manera sutil y cadenciosa como era la vida de las limpiadoras de un hotel. También conocíamos como funcionaba la maquinaria administrativa y humana del complejo turístico. En esta ocasión, Ezequiel Radusky nos lleva de la mano a conocer los entresijos de como funciona una dirección general estatal argentina. Hablamos de un sistema parecido a como pueda funcionar un ministerio o un ayuntamiento. El edificio, con decenas de recovecos, es en sí mismo el otro protagonista destacado de la película 

En un rincón del citado edificio, un taller de carpintería, Lila y Marcela llevan las riendas de un comedor ilegal que sin embargo cuenta con el visto bueno de los demás empleados y de la anterior dirección. Es un lugar de encuentro y armonía que se rompe con la llegada de la nueva jefa de obras públicas. La política, y los políticos entran en acción trasladando su caos mental al resto del personal. Es entonces cuando asoman las primeras corrupciones, los corruptores y como de manera sutil la nueva reina trata de colocar a sus peones políticos o familiares en sustitución de los empleados que no son afectos a ella. Un sistema casi feudal que perdura en casi cualquier dependencia pública del planeta. 

Destaca la interpretación la actriz argentina Liliana Juárez galardonada con los premios a la mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de Mar de Plata, donde el film tuvo su estreno mundial y en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. Su compañera de reparto es Rosario Bléfari que cumple con corrección con el papel asignado. Los personajes de ambas están marcados por lazos que sobrepasan ya el ámbito de su trabajo. Son amigas, compañeras y matarían por conservar su puesto de trabajo o como ellas dicen su "planta permanente". Sin embargo, me gustaría destacar el papel de la directora general del organismo público que se convierte en la villana de la cinta. Un estupendo trabajo de la actriz uruguaya Verónica Perrotta que logra el odio del espectador en una máxima que todo interprete aspira a conseguir. 

La motivación principal de Ezequiel Radusky para llevar esta historia al cine pasa por el siguiente circunloquio: los que limpian quieren trabajar en oficinas, los oficinistas sueñan con conseguir la jefatura, los directores generales hacen sentir su autoridad a los jefes de sección, éstos a su vez se desquitan con los oficinistas, y los que trabajan en las oficinas tratan con desprecio a los que limpian. En definitiva, nadie o pocos disfrutan de su trabajo. Esto nos llevaría a un debate sobre si el "sueño" de ser funcionario público, ya sea como conserje o como director, se torna no pocas veces en una pesadilla. El filme hace hincapié de manera principal en los celos o en la envidia profesional que se presentan como el leitmotiv de la narración. 

Planta permanente me ha parecido una sabia forma de retratar el mundo de las relaciones laborales en un organismo público. Con un comienzo cadencioso y un final un tanto abrupto, observamos una evolución total en la mirada de los personajes que todo proyecto cinematográfico debería conllevar. Por tanto, la producción se presenta como un retrato sencillo del mundo del trabajo que evoluciona desde la comedia costumbrista hacia un relato mucho más duro en su recta final. Los celos, las envidias y la enemistad marcan un eficaz libreto que desde la sencillez, muestra como las pequeñas corrupciones son el principio de la pérdida de la humanidad.

Nota: 6/10.


Nacionalidad: Argentina - Uruguay

Dirección: Ezequiel Radusky

Guion: Ezequiel Radusky

Música: Maximiliano Silveira

Fotografía: Lucio Bonelli

Duración: 78 minutos

Reparto: Liliana Juarez,
Rosario Bléfari, Verónica Perrota,
Sol Lugo, Vera Nina Suárez

lunes, 21 de junio de 2021

Destello bravío: La España humana y marciana


Destello Bravío, la ópera prima de Ainhoa Rodríguez, ha sido galardonada con el Premio Especial del Jurado de la 24ª edición del recién concluido Festival de Málaga y con el premio al Mejor Montaje, para José Luis Picado. En cines españoles desde el 18 de junio. 

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La historia: España, 2021. En Puebla de la Reina, pueblo de Badajoz de poco más de 700 habitantes, sus vecinos conviven entre supersticiones, recuerdos y una cierta sensación de que algo extraño puede suceder en cualquier momento. Se trata de una ficción que bebe del documental y de los códigos del suspense con notas del realismo mágico. La narración está centrada en un grupo de mujeres en edad madura que debutan como actrices en la película. Retrato descarnado y marciano de la España vacía. 

La crítica: La desaparición de la vida rural y sus tradiciones, la soledad, el deseo femenino, las herencias patriarcales y las ansias de libertad son solo algunos de los temas que aborda Ainhoa Rodríguez en un debut lisérgico que supone una ruptura total con las estructuras narrativas clásicas.

Destello Bravío tiene más de documental que de ficción aunque es una fusión entre estas dos formas de afrontar una historia. Hablamos de un filme misterioso, oscuro y sugestivo; alejado de planteamientos narrativos tradicionales y que repara en diversas cotidianidades. Es la manera de describir  un estado anímico: el sentimiento de los habitantes de un lugar en vías de despoblación, centrándose en un grupo de mujeres reales alejadas de cánones normativos que aportan a la obra su verdad desnuda.

El hombre rural, con un retrato duro, aparece como un simple espectador de las vivencias de sus compañeras femeninas. Incluso vive instalado en un cierto temor que pulula por la Comarca de Tierra de Barros (Badajoz, España). Un temor a lo cierto pero también a lo incierto, a la desaparición o incluso a que algo extraño pueda suceder en algún momento de la noche, hipnotiza de salida al espectador. La ternura se muestra a través de un anciano del lugar con sus miedos y expectativas. 

Destello bravio destaca en su parte técnica por el diseño de sonido creado por Eva Valiño y Alejandro Castillo. Un sonido que es Naturalista de día, y extraño e insólito de noche. La mañana es sonora: animales, viento, diálogos que resuenan en las casas, ruidos y murmullos que se vuelven insólitos. Y con el anochecer se produce el embrujo y la deformación sonora que concentra todas las angustias y la necesidad de volar lejos. Se trata de partir de ambientes naturales para retorcerlos, para crear un sonido experimental que busca emular a la Roma de Alfonso Cuaron. 

Asimismo, la cinta española refleja con su fotografía desaturada y, por momentos, monocromática una acción que ocurre en el tiempo presente de una pequeña localidad rural que vive anclada en sus tradiciones, donde el tiempo se ha parado y que se resiste a sumergirse en la globalización impuesta en las ciudades del futuro. La gama cromática es la de un pueblo aparentemente ordinario en blancos, grises, negros, marrones; rodeado por el cielo y la vegetación, que pareciera indicar la salida y mostrar la dureza del final de un tipo de vida, invitando a las habitantes a abandonar y renunciar a lo que han sido. Y cuando cae la noche, se desatan los miedos y las pasiones. Ahí, en la madrugada, las almas de la población tratan de encontrar el sentido a las sombras, buscando un destello que las guíe y las libere de la presión de los silencios vividos.

Destello bravío me ha parecido una obra hipnótica y sugerente con la que emerge Ainhoa Rodríguez para alumbrar una obra compleja pero profundamente novedosa. La cineasta extremeña, especialista en teoría, análisis y documentación cinematográfica, utiliza de manera principal el plano secuencia para mostrar el día y la noche de una España marciana que se extingue a marchas aceleradas. La cinta recoge momentos vitales de varios personajes y se centra en la necesidad de fabular de las mujeres para huir de la monotonía y de unos sueños frustrados. En definitiva, hablamos de una historia narrada en forma de espiral, con saltos en el tiempo, y que va profundizando en los diversos personajes a medida que avanza la trama, hasta llegar al corazón de la fábula. Es un relato de momentos, porque, a veces, lo cotidiano puede resultar extraordinario. 

Nota: 7/10. 


Nacionalidad: España

Dirección: Ainhoa Rodríguez

Guion: Ainhoa Rodríguez

Música: Paloma Peñarrubia

Fotografía: Willy Jauregui

Duración: 98 minutos

Reparto: Guadalupe Gutiérrez,
Carmen Valverde, Isabel María Mendoza

miércoles, 16 de junio de 2021

Lola (Lola vers la mer): la rebeldía transgénero

Lola dirigida por Laurent Micheli se estrena en cines españoles el próximo día 18 de junio. La película fue nominada el premio César a la Mejor Película Extranjera como representante de Bélgica y participó en la 17ª edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

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La historia: Lola (Mya Bollaers), es una joven de 18 años y transexual, a la que comunican que puede someterse a la operación de cambio de sexo que solicitó al verse enjaulada en su cuerpo masculino. Su madre, que es su único apoyo financiero, fallece de manera repentina. Cumpliendo con los últimos deseos de su madre, Lola y su padre (Benoît Magimel), con el que no se habla y no se han visto en dos años, tienen que emprender un viaje juntos hasta la costa belga para depositar en el mar las cenizas de la mujer que no pudo mediar en vida el conflicto entre padre e hija.

La crítica: El filme se presenta como una road movie sentimental a través de la costa belga en la que un padre y una hija dirimirán todos los conflictos que llevan arrastrando desde que Lionel cambió su nombre por Lola. El objetivo de la película, además de intentar entretener, consiste en tocar un tema muy específico, como el transgénero, pero tratado de una manera universal. Para ello, la narrativa nos lleva por el camino de las relaciones paterno filiales en un intenso melodrama con la aceptación y el perdón como principal frente discursivo propuesto por el cineasta belga. 

Laurent Micheli construye a los dos principales personajes de manera intensa y con sutiles referencias a la mirada cinematográfica creada por Pedro Almodóvar. Una aproximación a su cine, que aunque desigual por momentos, gana enteros en el tercio final de la película. Pero en ese tránsito, tanto en la premisa inicial, como en el desarrollo, el filme se estructura de manera lineal por lo que las acciones de los personajes se vuelven previsibles y repetitivas. Incluso la ira se muestra monótona. 

Lola pertenece a ese grupo de películas que surgen de la necesidad de ahondar e investigar sobre la adolescencia y sus conflictos. Un período en el que el mundo adulto parece violento, arcaico y no se encuentra en sintonía con las necesidades de los más jóvenes. Más si cabe, cuando la orientación sexual se sitúa como epicentro en la vida de éstos últimos.


El largometraje cuenta con un dúo de protagonistas que realizan un buen trabajo. Benoît Magimel, intérprete francés al que recordamos por trabajos como La pianista o La cabeza alta, y la debutante Mya Bollaers, ganadora del premio Magritte a la Mejor Actriz Revelación por su interpretación.

La actriz belga es transexual y también fue difícil para ella aceptar su identidad. De hecho, interpretar a una mujer transgénero y así defender a una comunidad de actores poco representados en el cine es un privilegio. No hay que olvidar que en la actualidad la mayoría de los transexuales viven en situaciones precarias en las que se combinan problemas sociales o políticos sin que tengan demasiado eco en los medios de comunicación. 

Lola, en conclusión, busca más la comprensión del distinto que la propia reivindicación implícita en su mensaje. Hablamos de un filme que apuesta por narrar a partir de las estructuras clásicas del melodrama nutriéndose de los afectos y de los conflictos entre padres e hijos. Con un ajustado metraje de apenas 87 minutos, Laurent Micheli consigue un filme ágil y realista aunque un tanto plano en la previsibilidad de su narrativa.

Nota: 6/10.


Nacionalidad: Bélgica

Dirección: Laurent Micheli

Guion: Laurent Micheli

Música: Raf Keunen

Fotografía: Olivier Boonjing

Duración: 87 minutos

Reparto: Mya Bollaers,
Benoît Magimel, Els Deceukelier,
Sami Outalbali, Jérémy Zagba,
Anemone Valcke, Adriana Da Fonseca

miércoles, 9 de junio de 2021

Shorta. El peso de la ley: el thriller como elemento para el debate social


Shorta. El peso de la ley dirigida por Frederik Louis Hviid y Anders Ølholm se ha estrenado en España el día 4 de junio. La película danesa tras su exitoso paso por los festivales internacionales de Venecia y Toronto también se ha estrenado en los cines de Francia y Estados Unidos. 

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La historia: Dinamarca, 2020. Talib es un joven inmigrante que estando bajo custodia policial entra en estado de coma tras la fuerza empleada en su arresto. La detención del joven comienza a generar disturbios en el gueto de Svalegarden que se ven incrementados exponencialmente cuando se anuncia el fallecimiento del muchacho. En este dramático contexto, los agentes de policía Høyer y Andersen se quedan atrapados en el suburbio mientras estaban haciendo una patrulla rutinaria. Sus vidas corren peligro y ni sus propios compañeros se atreven a entrar para poder rescatarlos. Es así como comienza el juego del ratón y el gato con consecuencias imprevisibles para vecinos, policías y para el propio país. 


La crítica: El cine danés, a la cabeza del cine nórdico europeo, está atravesando un momento muy dulce con producciones como The GuiltyWildland (Kød & Blod) u Otra ronda (Druk). Esta última, en fechas recientes, se hacía con el Oscar a la mejor película en habla no inglesa. 

Shorta. El peso de la ley es una trepidante película que generó una gran controversia en su país con motivo de su estreno en cines, cuando fue relacionada con las protestas antipoliciales sucedidas en EEUU el pasado verano. El caso narrado, y escrito antes de la muerte de George Floyd, pone los pelos de punta por las semejanzas con lo sucedido en Estados Unidos. 

En árabe, "shorta" significa "policía" y queda demostrada la mala relación que existe entre el mundo musulmán llegado a Dinamarca y las fuerzas policiales acostumbradas a vivir en un país tranquilo que se siente acosado por los nuevos flujos migratorios. Pero la cinta es por encima de todo una película de género. Está en deuda con directores como William Friedkin, Sydney Lumet y Walter Hill y sus thrillers descarnados de los años 70 y 80 poblados de antihéores muy complejos. Pero también con realizadores como Spike Lee y Matthieu Kassowitz, cuyo trabajo rezuma ira, indignación y rebeldía y ofrece un componente social muy potente.

Shorta. El peso de la ley no es una película política, sino que habla sobre la gente. El objetivo no es defender ni criticar a policías o inmigrantes, sino intentar comprender qué hay detrás de los actos y de la visión del mundo que tienen las personas. Hablamos de unos jóvenes desfavorecidos y enfurecidos, privados de su derecho de acceso a la vivienda, jóvenes que se sienten demonizados e incomprendidos, así como de policías con exceso de trabajo y mal pagados que también viven una situación difícil.

De hecho, la película de manera inteligente y valiente va tomando partido por unos agentes de policía que se ven sobrepasados por la falta de recursos humanos. Los cineastas no defienden las torturas o los excesos policiales que pueden acabar en la muerte de algún detenido, sino más bien tratan de mostrar el punto de vista policial de cómo y porqué pueden llegar a suceder casos que a priori pueden parecer incomprensibles. 


El núcleo del reparto pasa por los integrantes de la patrulla policial que son sometidos a una tremenda emboscada en un día que se presentaba dentro de lo cotidiano para ellos. Jacob Hauberg Lohmann, actor que antes de en Shorta, pudimos verlo en el thriller "Darkland, cumple con rigor la asignación del personaje de poli malo. En el papel de poli bueno nos encontramos a Simon Sears conocido por su interpretación sofisticada y potente de personajes complejos. Completa el reparto principal Özlem Saglanmak encarnando a la madre de Tarek Zayat que interpreta a uno de esos jóvenes inmigrantes de segunda generación que no acaban de encontrar su sitio en la vieja Europa. 

Shorta. El peso de la ley me ha parecido un filme que apuesta por el poder del cine como una invitación a reflexionar y a propiciar cambios. El objetivo de la cinematografía debe pasar por emocionar y entretener, pero también por provocar debates sólidos sobre un tema tan complejo como es la inmigración. La película convierte al espectador en un participante activo dentro de un conflicto entre policía e inmigrantes que va a más y que le obliga a no apartar la mirada de la cruda realidad. En definitiva, y parafraseando a Ester Expósito en su entrevista para Cine y críticas marcianas: "Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos"

Nota: 6/10.


Nacionalidad: Dinamarca

Dirección: Frederik Louis Hviid
y Anders Ølholm 

Guion: Anders Ølholm,
Frederik Louis Hviid

Música: Martin Dirkov

Fotografía: Jacob Møller

Duración: 95 minutos

Reparto: Jakob Ulrik Lohmann, 
Simon Sears, Tarek Zayat,
Issa Khattab, Özlem Saglanmak,
Arian Kashef, Josephine Park

viernes, 4 de junio de 2021

Sueños de una escritora en Nueva York (My Salinger Year): sobredosis de almibar


Sueños de una escritora en Nueva York dirigida por Philippe Falardeau se estrena en cines españoles el día 4 de junio. La película inauguró la 70ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín  y recientemente ha participado en el Barcelona Film Festival.

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La historia: Nueva York, años 90. Joanna (Margaret Qualley) es una joven que desea ser escritora y con ese objetivo consigue un empleo como secretaria en la agencia literaria que representa al afamado escritor J.D. Salinger. Pero Margaret (Sigourney Weaver), su jefa, la relega a un puesto en la que solo debe transcribir respuestas automatizas a las cartas que recibe el aclamado autor de "El guardián entre el centeno". 


La crítica: La película, con título totalmente inventado en España, está basada en la novela autobiográfica My Salinger Year de Joanna Rakoff. Dirigida por Philippe Falardeau, cineasta de la nominada al Oscar a la Mejor película de habla no inglesa “Profesor Lazhar”, nos presenta un filme tan almibarado y buenista que provoca rechazo por la propia incredulidad que provocan los hechos narrados. Diría, incluso, que cuando Rakoff escribió la novela en la que se basa la película, se inventó una vida tan ideal, tan bonita e incluso tan surrealista como la bondad que se atribuye. 

Convertir un libro en una película generalmente significa tomar decisiones, crear personajes complejos y transformar la voz interior en acciones concretas. Pues bien, nada de esto sucede en Sueños de una escritora en Nueva York. Por el contrario, el personaje de Joanna es tan simple y cursi que llega a ser repulsivo. Hablamos de una muchacha tan ideal, cuqui y guapa que provoca casi vergüenza ajena. No ella, que de ser una mujer real sería casi perfecta. Lo que provoca vergüenza es como alguien pueda tener una imagen de sí misma tan almibarada e irreal. Pero bueno, cada uno es libre de verse como quiera. El problema surge cuando el cineasta no toma voz propia y se limita a transcribir una novela auto masturbatoria y narcista a la pantalla de cine. 

Más acertada se presenta la propuesta cuando se centra en el fanatismo de los seguidores de un escritor. Más bien de su fama. Y es que a J.D. Salinger se le idolatraba como a una estrella de rock. En el centro de la película están todos esos fanáticos que le escriben a Salinger, deseando desesperadamente que él les responda. El trabajo de Joanna es proteger a Salinger de ellos y mandarlos al carajo de manera educada. Y eso es lo que hace la protagonista durante toda la puñetera historia. Bueno, también se echa un par de novios, hace el amor de manera muy chic y alquila un cuchitril en Nueva York donde trata de escribir poesía a la vez que trata de encontrar su voz como escritora. En fin, muy romántico todo. 

La cinta está protagonizada por la actriz y modelo Margaret Qualley ("Érase una vez en... Hollywood") que cumple sin mayores problemas con lo que le exige el cineasta. Es decir, ser una chica florero que se limita a repetir como un loro los torpes diálogos de un libreto plano y sin ningún toque de humor. Sin embargo, nos encontramos con la tres veces nominada al Oscar Sigourney Weaver (saga “Alien”) que le pone algo de picante a la película. Su papel como la jefa de la editorial está mejor pensado sobre todo cuando pone en aprietos a la ideal Joanna. Nunca vemos a J.D. Salinger, ni al actor que le interpreta. Solo aparece de manera brumosa en alguna escena y su interacción con la editorial solo se produce a través de llamadas telefónicas. Es decir, el interés de la escritora al escribir sus memorias no es que conozcamos a Salinger, sino que la conozcamos a ella. Hablamos, por tanto, de una caso de egocentrismo de libro que además ha sido llevado al cine. 

Lo mejor de la película pasa por su ambientación y diseño de producción. Rodar en Montreal una historia que tiene lugar en Nueva York es muy meritorio. Se crean tres Nueva York: primero, el Brooklyn de los noventa. Segundo, en el otro lado del East River, un centro de Manhattan creíble al nivel de la calle, y tercero una intemporal agencia literaria que estaba en Madison Avenue. Fotografía y vestuario dan credibilidad a la historia ambientada en los noventa.

En conclusión, Sueños de una escritora en Nueva York (tiene cojones la traducción) es una película tan bonita que de bonita ya se pasa. De hecho, provoca rechazo ante la idealización de unos personajes que parecen sacados de una historia de Disney para adultos. La parte buena de la cinta es que no es muy larga y que es poco ruidosa. Por tanto, me ha parecido una propuesta genial para conciliar el sueño sin tener que tirar de medicamentos, melatonina u otros remedios naturales.

Nota: 5/10.


Nacionalidad: Canadá

Dirección: Philippe Falardeau

Guion: Philippe Falardeau

Música: Martin Léon

Fotografía: Sara Mishara

Duración: 100 minutos

Reparto: Sigourney Weaver,
Margaret Qualley, Douglas Booth,
Colm Feore, Matt Holland,
Théodore Pellerin, Seána Kerslake

lunes, 31 de mayo de 2021

PVT Chat: sexo, mentiras y bocados de humo


 PVT Chat dirigida por Ben Hozie tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional Fantasía de Montreal y su llegada a los cines de Estados Unidos se produjo el 5 de febrero del año en curso. Filmin estrena el próximo viernes 4 de junio, en exclusiva en España, este drama erótico protagonizado por Julia Fox conocida por el filme “Diamantes en bruto”.

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La historia: Jack (Peter Vack) es un jugador de Internet que vive en Nueva York y se obsesiona con Scarlet (Julia Fox), una chica a la que conoce en una página web erótica donde ella vende su cuerpo a través de una web-cam. Su obsesión llega a un punto de ebullición cuando la fantasía se materializa en la realidad y Jack ve a Scarlet caminando por la calle. 


La crítica: PVT Chat supone el más que sorprendente debut del neoyorkino Ben Hozie que muestra una mirada cinematográfica sórdida, inteligente y sucia en el mejor sentido de este término. La cinta le emparenta de manera directa con el Steven Soderbergh de "Sexo mentiras y cintas de vídeo". Los bocados de humo que muestran la pareja protagonista, primero en linea y después en vivo, actúan como metáfora de la sociedad líquida en la que vivimos inmersos.

La película expone sin tapujos cómo la adicción a Internet y nuestra economía basada en la estimulación constante ha afectado a las relaciones íntimas y a la sexualidad de las generaciones millennial y Z. Hablamos de una historia de amor con una conexión poco convencional entre dos personas que desean encontrar alguna forma de intimidad y confianza, algo que sólo es posible desde sus respectivas pantallas.

PVT Chat pone el foco de la desconexión social a través de la prostitución online y con el telón de fondo de la vida noctámbula neoyorkina. La cinta siempre va de menos a más y acaba por enganchar al espectador con un tercio final muy superior al gris comienzo de la narrativa. Ben Hozie nos muestra como el auge de Internet ha cambiado por completo la manera en que nos relacionamos con nuestro entorno. Paradójicamente, en un mundo más conectado que nunca, todo parece demostrar que nuestra percepción de la soledad es distinta a lo que fue en el pasado. Además, la desconexión con la sociedad real se ha incrementado exponencialmente en los más jóvenes que no son capaces de establecer relaciones amorosas de la manera tradicional. Es decir, mirándose a los ojos en directo. 

Julia Fox, quién sorprendió con su debut en “Diamantes en bruto”, de los hermanos Safdie, y a la que veremos en la próxima cinta de Steven Soderbergh, da vida a Scarlet, una webcammer dominatrix que se expone en un portal para adultos. Buena actriz que arriesga su carrera al mostrar su cuerpo de manera explícita en algo no bien visto en ciertos círculos de la industria. Asimismo, Peter Vack, otro buen actor, arriesga por los mismos motivos que Fox una incipiente carrera en una secuencia final de altísimo voltaje erótico. Escena, muy bien pensada que cierra de manera circular una narrativa centrada en el deseo. 

En el debe de la producción podríamos señalar un deficiente diseño de producción debido al bajo presupuesto de una cinta independiente y con muy pocos recursos técnicos. Los movimientos vertiginosos de la cámara tampoco ayudan a la pobre técnica de rodaje. Sin embargo, la atmósfera opresiva está bien conseguida aprovechando los espacios interiores.

En conclusión, PVT Chat me ha parecido una aceptable ópera prima en la que Ben Hozie se muestra como un cineasta maduro y sin complejos. El director ha sabido cristalizar este momento histórico en el que la gran mayoría de nuestras emociones son procesadas a través de las pantallas. Además, el sexo en las películas suele ser una forma de excitación barata o un simple parche en medio del argumento. Sin embargo, en la cinta reseñada el sexo es mostrado de forma realista, directa y argumentado el porqué de cada secuencia. Por todo ello, pienso que nos hallamos ante un cineasta honesto que dará mucho que hablar si la industria no le corta las alas por sobrepasar los límites del cine convencional. 

Nota: 6/10.

Nacionalidad: Estados Unidos

Dirección: Ben Hozie

Guion: Ben Hozie

Música: Austin Brown

Fotografía: Ben Hozie

Duración: 90 minutos

Reparto: Julia Fox, Peter Vack, 

Keith Poulson, Dasha Nekrasova

Buddy Duress, Heather Allison

lunes, 24 de mayo de 2021

El año de la furia: forma, informa y entretiene


El año de la furia dirigida por Rafa Russo se estrena en cines españoles el próximo día 28 de mayo. La película es una coproducción hispano-uruguaya, ambientada en el año que precedió al golpe de estado militar ocurrido en Uruguay el 27 de junio de 1973. Distribuida por Filmax España. 

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La historia: Montevideo, 1972. Leonardo (Joaquín Furriel) y Diego (Alberto Amman) son los guionistas de un popular programa de televisión que se dedica a la sátira política. En un momento dado, comienzan a recibir fuertes presiones de la cúpula militar del país para que rebajen el tono de sus parodias. Uruguay se dirige hacia la dictadura y Rojas (Daniel Grao), un teniente del ejército, comienza a hacer méritos ante la cúpula a base de torturas a los sospechosos de colaborar con simpatizantes de la guerrilla de los Tupamaros. Es entonces, cuando Susana (Martina Gusmán), una prostituta, entra en acción con un peligroso romance junto al teniente Rojas que afectará a los demás protagonistas. 


La crítica: Con libreto escrito por el propio Rafa Russo, el cineasta español vuelve a ponerse detrás de la cámara, tras una larga temporada en la que ha trabajado como guionista de películas como Lluvia en los zapatos, La decisión de Julia o Remember Me. El año de la furia es el vehículo que utiliza el director para indagar en las relaciones personales y en los acontecimientos que derivaron en la dictadura cívico-militar del Uruguay de la década de los setenta del siglo pasado. Se han realizado muchas películas sobre las dictaduras militares sudamericanas, aunque quizá menos sobre la del Uruguay, pequeño país encajonado entre los gigantes, Argentina y Brasil. Pero el país hispanoamericano también fue víctima de la geopólitica estadounidense. En general, todo el Cono Sur, fue afectado por la Operación Cóndor que en sí misma viene derivada de la Guerra Fría que afectó también a otros países caribeños.

En cualquier caso, El año de la furia, centra también la mirada en una historia de amor, en la amistad de los protagonistas y en las traiciones que se produjeron durante la incipiente dictadura militar. El cineasta nos inquiere con la pregunta base de si el amor es un refugio posible ante tanta crueldad. Pero también lo hace desde el lado opuesto. Así es como podemos comprender mejor como los torturadores eran piezas que no siempre estaban de acuerdo con lo que hacían. El miedo del teniente Rojas es un buen ejemplo de ello. Hablamos de hombre gris, un militar que, según sus superiores, “no tiene suficientes cojones”, y que por miedo a ser degrado o torturado se convierte en un torturador. Esto ayuda a entender cómo en los totalitarismos se utilizan todos los recursos para que todo funcione bajo una cadena de mando sin fisuras. Pero Rojas, también ama. Al enamorarse de una prostituta, baja la guardia y todos los fantasmas pasados comienzan a cernirse sobre su conciencia. 

La narrativa del filme hispano - uruguayo es sencilla con un ritmo pausado que ayuda a entender mejor el contexto geográfico y sentimental ante el que nos encontramos. Bien ambientada en los setenta por el diseñador de producción, Javier Fernández, viajamos junto a los protagonistas por un Montevideo sórdido, grisáceo y muy oscuro en lo moral.

El año de la furia, llamada así porque es el sobrenombre con el que se conoce al infausto año que precedió al golpe de estado militar en el Uruguay en 1973, puede considerarse también el reflejo americano de como obraba la moribunda dictadura española al otro lado del Atlántico. Los mismos perros, con distintos collares, que ahora y bajo distintos signos políticos, someten a los ciudadanos de diversas naciones del mundo. 


Lo mejor de la película pasa por un sólido reparto coral en el que destacaría a un sensacional Daniel Grao (El árbol de la sangre). Este teniente del ejercito es el eje que vertebra a los demás personajes de la historia. Grao expresa de manera sobresaliente el sentimiento de culpa que ronda la cabeza del personaje interpretado. También el miedo y la cobardía. Encuentra en el amor hacia una prostituta una extraña forma de redención. Ésta, es interpretada por la actriz argentina Martina Gusmán. Asimismo, ella es el enlace con el personaje de Diego (Alberto Amman). Diego y Susana viven en una casa de huéspedes, junto a otros hospedados, y entre ellos tienen una amistad digamos que especial. Además de fijar la mirada en las relaciones personales, el cineasta hace hincapié en las contrapuestas ideas políticas de los dos hombres que intentan influir o conquistar a Susana. No sabemos muy bien porque Susana ha caído en las redes de la prostitución. Esta ambigüedad del libreto quiere dotar de cierto misterio a este personaje. En la resolución, se aclara algo del pasado de la mujer y entramos también en el asunto de los bebés robados por las dictaduras.

Completan el reparto un siempre eficaz Joaquín Furriel como otro de los guionistas puestos en el punto de mira del ejercito y Maribel Verdú que regenta la casa de huéspedes que es frecuentada por personas contrarias al gobierno. Allí vive con su hija, interpretada con acierto por Sara Sálamo. La pensión, que recuerda también con fuerza a las españolas de los 60 y 70, cobrará gran fuerza narrativa en el último tercio de la película. Observaremos como la represión de las autoridades se ceba con esta familia que comienza a plantearse la huida del país para salvar sus vidas.


El año de la furia me ha parecido un filme necesario por dar a conocer al mundo un periodo histórico muy presente en los uruguayos pero quizás desconocido para el resto del planeta. Otras dictaduras sudamericanas con hechos más espectaculares son conocidas por todos. Pero la película no es estrictamente política. Más bien hablamos de un filme que nos habla de amistad, de amor y de traición en un convulso momento político. Con un reparto coral muy sólido y las clásicas estructuras narrativas del thriller bien planteadas, nos hallamos ante una propuesta que cumple con el propósito que mencionaba Manolo Munguia en su entrevista para Cine y críticas marcianas. Es decir: "Toda película debe cumplir con tres principios: formar, informar y entretener"

Nota: 7/10. 


Nacionalidad: España - Uruguay

Dirección: Rafa Russo

Guion: Rafa Russo

Música: Claudia Bardagí

Fotografía: Daniel Aranyo

Duración: 102 minutos

Reparto: Daniel Grao, Joaquín Furriel,
Alberto Ammann, Martina Gusman, 
Sara Sálamo, Maribel Verdú, Paula Cancio, Miguel Ángel Solá