jueves, 12 de septiembre de 2019

Los años más bellos de una vida: un amor para la eternidad


Los años más bellos de una vida dirigida por Claude Lelouch se estrena en cines españoles el próximo día 13 de septiembre. La cinta francesa presentada fuera de concurso en el Festival de Cannes 2019 supone la película número 49 del cineasta galo. 

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La historia: Jean-Louis es un antiguo piloto de carreras que pasa los últimos años de su vida en una residencia para mayores. Y aunque él está perdiendo parte de su memoria no hay un solo día de su vida que no recuerde a Anne. Ella fue la mujer que marcó su vida en un breve pero intenso romance que mantuvieron cincuenta años atrás. Una mañana Anne aparece en el geriátrico para conversar con Jean-Louis. ¿Cerrarán las heridas que tenían pendientes? ¿Prenderá de nuevo la llama del amor?


La crítica: En el año 1966 se estrenaba la icónica película francesa Un hombre y una mujer. El film dirigido por Claude Lelouch está considerado como uno de los filmes europeos más románticos de esa década. Obtuvo la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes y dos Oscars de la Academia. Uno fue para el gran guión firmado por el propio cineasta y por Pierre Uytterhoeven. La otra estatuilla fue la de Mejor Película en Habla no Inglesa. La película hoy reseñada supone la continuación de aquella historia con los mismos protagonistas en el reparto principal. 

Para situarnos de manera adecuada en el contexto histórico del filme de 1966, y con ello en este de 2019, quiero recordar la génesis de la historia con brevedad. Anne, por aquel entonces, era una joven que después de enviudar conoce a Jean-Louis y este hecho supone un revulsivo en su vida. Pero el doloroso recuerdo de su marido, más el carácter mujeriego de su nuevo amor, impiden el avance de la relación. Un emotivo abrazo en una estación de tren dejó un final abierto en el film originario. Ahora, en Los años más bellos de una vida, aquella escena final encuentra una bellísima resolución. 

La presentación de la película es una maravilla tanto en la parte sentimental como en la parte técnica. Hablamos de una secuencia de veinte minutos de duración, sin cortes y por lo tanto rodada en tiempo real. En ella, se produce el rencuentro de los antiguos amantes con una conversación que se siente como un testimonio vital del cineasta y de los protagonistas. Se funden personajes y actores. El buen cinéfilo solo puede permanecer absorto y embelesado ante la potencia de los diálogos. 

El largometraje, por consiguiente, se siente más como una fusión de ambas películas que como una secuela. De hecho, el cineasta recurre de manera muy acertada a intercalar flashbacks por lo que no será necesario haber visto la cinta de 1966 para disfrutar de la actual. De esta manera, la película funciona de manera independiente conjugando dos épocas de una manera maestra. Cabe recordar que el director galo ya realizó en el año 1986 una película que sirve de nexo de unión entre la primigenia de 1966 y la actual de 2019. La misma se tituló: "Un hombre y una mujer, 20 años después". Sin embargo, aquella producción no acabó de funcionar de la manera esperada. Claude Lelouch, ahora sí, ha dado con la tecla exacta para fundir la trilogía en una sola película.

Para el recuerdo quedan secuencias en las que la pareja pasea en coche por la bella campiña francesa. También hay encuentros con los hijos de ambos, e incluso retazos humorísticos a cuenta del deterioro cognitivo y la sexualidad en la tercera edad. 


En la imagen superior en blanco y negro vemos a los protagonistas en una escena del filme de 1966. En ella, observamos la pasión, la atracción física y el nacimiento del amor. En contraposición, y en la imagen inferior, podemos observar la complicidad, la ternura e incluso el sosiego que produce la llegada del otoño a la vida de las personas. Todo en el preciosista filme francés pasa por un debate en torno a la juventud, a la vejez, y a los errores o aciertos que se cometen en la vida. También está muy presente la sombra del Alzheimer y sus consecuencias para el conjunto de la sociedad. 


En 1966 la excelente actriz francesa Anouk Aimée fue nominada al Oscar por su sutil interpretación en la precuela de Los años más bellos de una vida. Tal vez, en la próxima gala de los Premios Cesar de la Academia de Francia, vuelva a estar nominada por este regalazo de interpretación. Por cierto, y aunque cinematográficamente sea irrelevante, sigue siendo una mujer tan bella como ya lo era en Un hombre y una mujer. 

Sin embargo, al actor galo Jean-Louis Trintignant el transcurso del tiempo parece que le ha hecho más daño. De hecho, en una escena de la película en la que se mezclan realidad y ficción, él le pregunta a Anne qué porque él está tan viejo, y ella tan guapa. La respuesta que da ella es graciosa y sencilla: "Será por el maquillaje". En cualquier caso, gran interpretación también para el veterano actor francés. 

Una breve, pero intensa, aparición de Mónica Bellucci interpretando a una hija fruto de los avatares amorosos de nuestro protagonista completan un reparto bien balanceado. 

Además de la preciosa fotografía en tonos pastel de Robert Alazraki, cabe destacar una banda sonora que es un lujo para coleccionistas y/o melómanos en general. Compuesta por Francis Lai & Calogero también cuenta con canciones interpretadas por Nicole Croiselle. La música consigue que la emoción sea una constante en la filmación. El tema central de ambas películas se sigue interpretando con asiduidad en los conciertos de música de cine. 


Los años más bellos de una vida es un lujo tanto por su forma como por su mensaje. Con este filme el cineasta galo Claude Lelouch nos regala una lección de como hacer cine de manera muy sencilla. Además, nos deja con enormes ganas de ver su próximo filme que será el número cincuenta de su longeva carrera. Disfruten del cine y de este amor para la eternidad. 

Nota: 8/10. 

Nacionalidad: Francia.

Título original: Les plus belles années d'une vie.

Dirección: Claude Lelouch

Reparto: Jean-Louis Trintignant,
AnoukAimée, Tess Lauvergne,
Mónica Bellucci.

Guión: Claude Lelouch, Valérie Perrin.

Música: Calogero, Francis Lai.

Fotografía: Robert Alazraki.

Duración: 90 minutos.

Estreno Francia: 22/05/2019.

Estreno España: 13 de septiembre de 2019.



jueves, 5 de septiembre de 2019

¡Qué maravilloso es el cine! Un verano con Mónica (Sommaren med Monika)


Cine como sueño, cine como música. Ninguna forma de arte va más allá de la consciencia ordinaria como el cine, directo a nuestras emociones, profundo en el cuarto crepuscular del alma. -Ingmar Bergman.

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Con estas apasionadas palabras de Ingmar Bergman sobre el mundo del cine se abre una nueva temporada de Cine y críticas marcianas. Si todo va bien, este periodo irá desde septiembre de 2019 hasta finales de julio ya en el estío de 2020. Y si de verano hablamos, nada mejor que comenzar con una película clásica que simboliza a la perfección esta estación del año. Los amores veraniegos son la esencia de la película hoy reseñada. 

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Estocolmo año 1953. Mónica (Harriet Andersson) es una muchacha de 17 años que se gana la vida trabajando en una frutería. Por otro lado, está Harry (Lars Ekborg). Él tiene 19 años y trabaja de aprendiz embalando paquetes en un pequeño comercio de la ciudad.

Ambos comparten la frustración de estar siendo maltratados en sus respectivos puestos de trabajo. Pero todo cambia para ellos cuando se conocen en una cafetería. Allí se enamoran y deciden dejar sus trabajos para irse a pasar el verano en la pequeña embarcación de Harry. ¿Qué harán cuando se les acabe el dinero? ¿Será todo tan idílico como habían planeado? ¿Seguirán su noviazgo cuando el verano llegue a su fin?

Filmoteca de Sant Joan

El cineasta sueco Ingmar Bergman siempre ha estado en el punto de mira para que algunas de sus películas fueran retro-reseñadas en la sección de: ¡Qué maravilloso es el cine! en Cine y críticas marcianas. 

Es un director que causa algunas controversias entre crítica y público. Mientras la primera lo eleva a los cielos del séptimo arte, no son pocos los cinéfilos que califican su cine como demasiado denso. Es por ello, que he querido elegir una de sus películas más sencillas para quien desee introducirse en su cinematografía. La historia está tratada de una manera frugal, recreativa y con contenidos universales. 

Un verano con Mónica es una fábula sobre el amor, la amistad, la traición, los celos, la maternidad, la sexualidad, el desengaño y los errores que nos llevan a formarnos como personas. Ingmar Bergman divide de manera natural el argumento en tres actos que se corresponden con la clásica presentación de personajes, el nudo narrativo y el desenlace de la propuesta. En el cine, como en la vida, menos es más y la sencillez en una narración es fundamental para una buena conexión con el público.


Conociendo a los personajes (presentación)

En el primer tercio de la cinta conocemos a la pareja protagonista que residen en un Estocolmo lúgubre, industrial, y con algunas bolsas de pobreza que contrastan con el poderío económico de la Suecia de nuestros días. De esta manera, Bergman bebe del Neorralismo italiano para situarnos en el contexto socio-económico del país nórdico. A su vez, podemos encontrar ciertas semejanzas en la presentación con el filme Un lugar en el sol de George Stevens.

En la presentación de la cinta el cineasta sueco nos habla de dos jóvenes con empleos no cualificados que se enamoran como tantos otros. Lo singular de la historia es que encuentran como nexo de unión el maltrato que reciben en sus puestos de trabajo. Los jóvenes también comparten la falta de comunicación con sus respectivas familias y sus deseos de llevar una vida independiente. Pero sobre todo, están unidos por una fuerte atracción sexual que los lleva a su escapada veraniega. 

Mónica y Harry son dos polos opuestos que se atraen. Él es tímido, responsable y de carácter más familiar. Ella es extrovertida, jovial, promiscua y rebelde en esencia. Con este cocktail explosivo Bergman conecta rápido con el espectador y nos lleva de huida en un verano que cambiará las vidas de los personajes representados. 


El verano de Mónica y Harry (desarrollo)

Ingmar Bergman transita en la parte central de la película desde la oscuridad de la ciudad hasta la luminosidad en los archipiélagos donde centra el romance de los dos jóvenes. Allí, despreocupados y sin pensar en el futuro dan rienda a sus instintos sexuales más primarios.

El cineasta sueco despliega un erotismo sutil, cuidado e hipnótico fijando la mirada de la cámara en la desbordante sensualidad de la actriz Harriet Andersson. Tanto fijó la cámara en ella que se enamoró de la actriz durante la filmación. De hecho, mantuvieron un romance durante la película que llevó al director a divorciarse de su esposa. Pero de manera independiente a esta situación personal, esta parte de la película está plagada de bellísimos planos que recorren palmo a palmo el rostro y el cuerpo de la actriz. Algunos desnudos de la joven interprete provocaron el escándalo en los sectores más conservadores. Hoy en día pasarían desapercibidos por la naturalidad de los mismos. 

Cuando el verano llega a su fin, Harry y Mónica, que se han bebido la vida a besos, tienen que afrontar la realidad y volver a la ciudad tras quedarse sin recursos. La edad de la inocencia ha llegado a su fin.


La vuelta a Estocolmo, la vuelta a la realidad (resolución)

El último tercio del filme es el de mayor potencia cinematográfica. En el mismo, se resolverán los conflictos planteados a lo largo de la película de una manera sorprendente. El final que por lógica no desvelaré es de cine con mayúsculas. Ingmar Bergman cumple con eficacia y brillo las estructuras narrativas naturales de presentación, nudo y desenlace de una manera perfectamente sincronizada.

Un primer plano para la historia del cine


Con este primer plano de una desafiante Harriet Andersson mirando directamente a cámara, Ingmar Bergman rompió una regla no escrita en la historia del cine. En ella, se prohibía a los actores que miraran directamente al objetivo. El director, a través de la actriz, retaba al espectador en un desafío directo que luego siguieron otros muchos cineastas. El mito Bergman ya era una realidad y sus influencias llegan hasta nuestros días.

En conclusión, Un verano con Mónica me parece una película perfecta con la que recordar o introducirse en una filmografía tan especial como es la del maestro Ingmar Bergman. Muchas gracias por vuestra compañía y bienvenidos a una nueva temporada de Cine y críticas marcianas


Nacionalidad: Suecia.

Título original: Sommaren med Monika.

Año: 1953.

Duración: 97 minutos.

Dirección: Ingmar Bergman.

Guion: Ingmar Bergman, Per-Anders Fogelström.

Novela: Per-Anders Fogelström

Música: Erik Nordgren.

Fotografía: Gunnar Fischer (B&W).

Reparto: Harriet Andersson,
Lars Ekborg, John Harryson,
Georg Skarstedt, Bengt Eklund.