Presence dirigida por Steven Soderbergh se ha estrenado en cines españoles el día 7 de marzo de 2025. La cinta fue presentada en los festivales de Toronto y Sitges con una gran recepción por público y crítica.
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La historia: Rebekah (Lucy Liu), su marido (Chris Sullivan) y sus hijos comienzan a experimentar fenómenos inexplicables tras mudarse a su nueva casa. Las extrañas presencias que se manifiestan a su alrededor les harán cruzar la delgada línea entre la realidad y la percepción.
La crítica: Creo que las críticas más duras realizadas por este servidor -ya sean en tono sarcástico o en tono más serio- han estado dedicadas al cine de terror por la repetición de argumentos, clichés y demás aberraciones narrativas. Sin embargo, es un género que me gusta y en el que hay miles de opciones para innovar. Aunque estrictamente, Presence se decanta más por ser una película de suspense con leves elementos del cine de horror. Hablamos más bien de cine experimental, pero dirigido por un cineasta muy curtido que sabe dónde se mete y lo más importante sabe como resolver la premisa planteada.
Y es que en la cinta reseñada se opta por algo tan sencillo y a su vez innovador como cambiar la perspectiva de la narración. Es decir, aquí todo lo vivido se narra a través del punto de vista de un fantasma que habita una casa vacía. En realidad es como si los nuevos moradores fueran los invasores de su tranquilidad. Poco a poco intuiremos el porqué de esa presencia, fantasma o espíritu a la vez que conoceremos a los cuatro miembros de la familia que compra la casa. Por supuesto, Soderbergh huye de todos los clichés: no hay gente poseída, no hay perros endemoniados, tampoco niños siniestros, no hay sustos gratuitos y sí hay un asesino en serie que justifica una trama atractiva.
Uno de los placeres de Presence está en la elaboración del libreto escrito por David Koepp. Él es un experto en realizar thrillers en entornos restringidos. Y la cinta se desarrolla en el interior de una mansión, sin apenas exteriores lo que conlleva un cierto aire de obra teatral. En cualquier caso y debido a la pericia en el manejo de la cámara todo parece novedoso sin encontrar demasiadas referencias -aunque las hay- en la historia del género. Todo se lleva a cabo en un solo lugar. Ocurren cosas raras y la familia comienza a desmoronarse ante los misteriosos hechos que se van sucediendo. Como espectador quedas enganchado.
Otro punto fuerte son los 85 minutos de metraje que dan el ritmo adecuado a la historia. De hecho, la realización se toma su tiempo para presentar personajes y peculiaridades de la familia. Con ello se demuestra que el cine de más de 150 minutos en la actualidad está desfasado. Menos es más y lo bueno si breve dos veces bueno como diría Baltasar Gracián.
El reparto con carácter general resuelve bien su trabajo: Callina Liang, Lucy Liu, Chris Sullivan, Eddy Maday o Julia Fox se sienten muy bien dirigidos por el cineasta. El personaje central es la hija adolescente de la familia. Ha perdido a su mejor amiga por una sobredosis de drogas y lidia con el duelo de manera principal en su habitación y sin mucho apoyo familiar a excepción del padre. Padres y hermano se sienten estupefactos ya que también son testigos de que hay una presencia en la casa por ruidos o cambios de objetos de sitio. En cualquier lugar todo es muy sutil. El único debe que pondría a la película es la poca profundidad de los personajes. Aunque no están desarrollados del todo en la parte final nos haremos una idea general de todo el entramado familiar.
La técnica es sobresaliente. Abundan excelentes planos secuenciales, tenues toques de música y un espacio escenográfico ideal. La casa es preciosa, se rueda de día, la fotografía es luminosa y la cámara principal hace de los ojos del fantasma. Es decir, lo que comentaba de manera anterior de cambiar la perspectiva visual y narrativa de la historia.
Presence es original, innovadora y potente ya desde los primeros planos. Un filme que parece ser una enmienda a la totalidad de los patrones utilizados por el género de terror en los últimos años. De esta manera, Soderbergh subvierte, trastoca y revoluciona un género que vuelve a los orígenes del buen suspense y del que seguro el maestro Hitchcock se sentiría muy orgulloso. En definitiva hablamos de una película intensa, sólida y que no dejará indiferente al espectador.
Nota: 8/10.







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