miércoles, 5 de diciembre de 2018

Kursk: El submarino que conmocionó al mundo


Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia.
- Francis Scott Fitzgerald.

La historia: El día 12 de agosto del año 2000 el submarino nuclear ruso Kursk conmocionó al mundo cuando sufrió una explosión durante unas maniobras militares en el mar de Barents y naufragó con sus 118 tripulantes a bordo. 23 de estos marineros sobrevivieron a la deflagración pero quedaron atrapados en una cámara estanca a la espera de ser rescatados. La película refleja y recrea lo que pudo suceder en aquellos terribles momentos cuando el oxígeno empezaba a escasear y las autoridades rusas se negaban a recibir ayuda internacional.


La crítica: El cineasta danés cofundador del movimiento cinematográfico Dogma-95, Thomas Vinterberg (Celebración), se ha embarcado y nunca mejor dicho en una coproducción europea entre Francia, Bélgica y Luxemburgo para dar luz a los hechos acaecidos a cuenta del trágico suceso con el submarino Kursk y que tristemente volvimos a recordar con el submarino argentino ARA San Juan hace poco más de un año. En el caso de la película reseñada hoy el guión se ha adaptado del libro del periodista Robert Moore, A time to die: The Untold Story of the Couse Tragedy y que aporta un trabajo minucioso en base a los registros documentales que aparecieron sobre los hechos y que lógicamente son recreados artísticamente en la cinta.

La película está desarrollada de manera inteligente para que el espectador empatice rápidamente con los protagonistas. En los primeros momentos se presentan a los marineros y a sus familias e hijos antes de embarcar en las maniobras militares que dieron pie a los escalofriantes sucesos. Así mismo cabe recordar que el K 141 Kursk era el orgullo y el estandarte de la Flota del Norte de la marina Rusa. Para que se hagan una idea del poderío del submarino ruso su envergadura superaba a dos aviones "Jumbos" 747, su longitud era muy superior a un campo de fútbol y su altura equivalía a un edificio de 4 pisos de altura.

Pero a pesar de la grandeza y la ostentación que desprendía el gran submarino, la tesis que sostiene el cineasta Thomas Vinterberg (aunque él tira balones fuera en las entrevistas) es que la tragedia del Kursk pudo haberse evitado sino hubieran ocurrido una serie de errores concatenados. El primer error consistió en que no se hizo caso a los tripulantes de la sala de torpedos que avisaron a sus mandos militares de que el armamento que portaba en su interior se estaba degradando. Por tanto, lo mejor hubiera sido realizar la prueba militar cuanto antes y desprenderse de dichos torpedos que por su temperatura estaban a punto de explotar. Pero sobre todo, la cinta y el libro denuncian con fuerza a las autoridades militares rusas en la negligencia a la hora de pedir ayuda internacional en las tareas de rescate de los 23 marineros que sobrevivieron a la explosión. Es aquí cuando comprobamos la decadencia de las fuerzas militares rusas tanto en su flota como en su mantenimiento. Lo más curioso es que la única cápsula submarina en condiciones óptimas que tenían para acceder al Kursk se la habían vendido a los estadounidenses. El curioso objetivo de esta compra era para que los turistas con más posibilidades económicas pidieran bajar a las profundidades marinas para observar al mítico Titanic hundido. El resto de los equipos estaban muy desgastados y la narrativa argumental exprime con eficacia las sucesivas intentonas sumando cada vez más tensión cinematográfica. Aun con todo este despropósito, repito, se negaban a pedir ayuda por orgullo patrio y para evitar la humillación nacional. En definitiva "todo por la patria" pero muy poquito por los hombres que luchaban por esa patria que en su día fue un imperio. La moraleja de toda la historia pasa por los contactos privados que se hicieron con la Royal Navy británica y que mantienen en vilo al espectador con la esperanza de que finalmente pueda salir alguien con vida.


En el reparto cabe destacar al importante actor belga Matthias Schoenaert al que vimos este año junto a Jeniffer Lawrence en la estupenda Gorrión rojo. Con él se trata de recrear el heroísmo de estos marineros y su personaje se cree que fue el que se hizo responsable de dar fuerza y fe a todos los marineros supervivientes. La parte más cálida de la película transcurre a través de su esposa en la pantalla, interpretada formidablemente por la actriz francesa Léa Seydoux (Midnight in París) que lucha sin descanso contra los burócratas rusos para saber que ha pasado con su marido y el resto de los tripulantes embarcados en el submarino. Por último, habría que destacar a un buen Colin Firth (Un océano entre nosotros) que interpreta al Comodoro británico David Russell que hizo todo lo que estuvo en su mano para ofrecer la ayuda naval británica que la Armada rusa desechó.

En la parte técnica el cineasta nos regala un excelente plano secuencia dentro del submarino. Este transcurre cuando dos de sus marineros buscan en las cámaras inundadas del mismo cartuchos de oxígeno para poder sobrevivir durante unos días más a la espera de ser rescatados. Por el contrario y en el debe de la producción se siente impostado y hasta de algún modo ridículo, que la historia se haya rodado en lengua inglesa cuando es evidente que los personajes interpretados eran rusos y por tanto hablaban su idioma natal.


En conclusión, Kursk es un documento histórico de alto calado y que funciona relativamente bien como película. Y es que a pesar de ser una historia conocida por buena parte del público su narrativa es ágil y contiene las dosis necesarias de suspense como para tener enganchado y en vilo al espectador durante las dos horas de metraje. 

Nota: 7/10.

Nacionalidad: Francia, Bélgica.

Director: Thomas Vinterberg.

Guión: Robert Rodat.

Reparto: Matthias Schoenaert,
Léa Seydoux, Colin Firth.

Música: Alexandre Desplat.

Fotografía: Anthony Dod.

Duración: 117 minutos.

Estreno Francia: 7/11/2018.

Estreno España: 5 de diciembre 2018.