Fue el año del enamoramiento encarnizado. Ni el uno ni el otro tenían vida para nada distinto de pensar el uno en el otro, para soñar con el otro, para esperar las cartas con tanta ansiedad como las contestaban. -Gabriel García Márquez.
La historia: Claudia (Nerea Barros) y David (Xosé Barato) son un matrimonio que regresan a sus orígenes en Santiago de Compostela. Ellos han pasado varios años en París y han perdido el contacto con sus amigos de juventud. En su vuelta, se reencuentran con su amigo común Manoel (Alberto Rolan), que está aislado del mundo. Lucha entre su pasión por la escritura y su adicción a las drogas. Cuando se ponen al día de sus vidas y de sus recuerdos en común comienzan a convivir de nuevo con Nerea como objeto de deseo físico e intelectual. Pero ella es consciente de que su regreso a Galicia es por su complicado estado de salud y solo quiere disfrutar de sus recuerdos el máximo tiempo posible.
La crítica: El mapa cromático, sensual y sentimental de la filmación comienza en la presentación con un precioso plano dorsal tatuado en la espalda de Nerea Barros. Poco después se abre el angulo de visión hacia un baño en el mar en el que encontramos con la celebración de la vida de un grupo de amigos. Años después, y en una especie de metáfora de amor y muerte, algunos de estos amigos volverán a sumergir sus cuerpos desnudos en la misma playa. Sin embargo la oscuridad de la noche es la que simboliza ahora un ciclo vital que ha llegado a su final.
La estación violenta está basada en la novela homónima del escritor Manuel Jabois. Nos encontramos ante la íntima ópera prima de la joven cineasta gallega Anxos Fazáns. La joven debuta a sus 26 años con una visión muy especial para dibujar texturas narrativas a través de un lenguaje visual plagado de silencios y sin embargo repleto de significados. La directora, no conforme con una presentación muy especial del filme, insiste en los primeros momentos de la película en narrar a través de planos cinematográficos dorsales para presentar así a los personajes. En contraposición a esto y según avanza el metraje, la directora gira esa pretendida timidez inicial y ya muestra sin pudor y con naturalidad o con naturismo según queramos entender, planos frontales con desnudos masculinos integrales que son rara ávis en el cine. Estos son acompañados de desnudos femeninos parciales cambiando los papeles habituales en la cinematografía. Con ello y de manera siempre introspectiva Fazáns intenta y consigue acercarnos a la psicología de unos personajes a los que presenta perdidos en un mundo que se derrumba para ellos.
La cineasta en un adaptación muy libre de La estación violenta conversa consigo misma y con el espectador sobre la vuelta de unos personajes al mapa de sus orígenes geográficos y sentimentales. También conversa y discute sobre la muerte planteando a mi manera de entender un discurso firme sobre la pérdida y con ello un canto a la vida misma cuando aún estamos en disposición de disfrutar de ella. Y es que incluso parece plantear que un sentimiento tan nefasto como los celos parece ser disipado cuando la muerte acecha al ser amado. ¿Es en ese momento cuando el pleno amor aparece en toda su intensidad? Hablamos de algo tan poético como es el amor verdadero pero visto desde una crudeza narrativa que solo puede ser reflejado desde el cine independiente. Con A estación violenta, Anxos Fazáns, se sitúa en una posición muy relevante en la nueva corriente del cine gallego que vive unos momentos muy dulces aunque no es muy conocido en el resto de España.
Tras ganar el Premio Goya por su actuación en La isla mínima, Nerea Barros vuelve a dejar una actuación deslumbrante enamorando a la cámara en cada encuadre que protagoniza. Nunca sabremos como hubiera sido A estación violenta sin ella, pero lo que si sabemos es que la película ya le pertenece. Sería un ejercicio estéril imaginar a otra actriz mejor para meterse en el papel de Claudia. Sobre ella gira toda la narrativa moviendo los corazones de los espectadores y de los demás personajes representados. De personalidad enigmática, Claudia se enfrenta a una enfermedad recién diagnosticada. La afronta desde el descaro y con una vitalidad que sirve como contrapunto para volver a reunir en torno a su figura a parte del grupo de amigos de cuando la felicidad era una estación más del año.
El otro personaje clave de la historia está interpretado con contención y buen estilo por Alberto Rolán (María y los demás). Con su papel de Manoel y a través de él, conocemos a un tipo que ha perdido la ilusión por la vida y busca en las drogas un escape para la soledad en la que ha elegido vivir. La llegada de su antigua amiga Claudia y un romance con la hermana pequeña del marido de esta parecen servir de punto de fuga a su infeliz vida. Esta joven llamada Daniela está interpretada con bastante acierto y descaro por la cantante y actriz debutante Laura Lamontagne. Para concluir con el reparto el marido de Claudia esta interpretado por Xosé Barato (El secreto de Puente Viejo). Un papel muy complejo en el que tiene que lidiar con la enfermedad de su amada y con unos celos que parecen ser ahogados cuando la muerte le mira de frente por persona interpuesta.
El aspecto adicional más importante de la producción es la misma Galicia que va asomando de tres formas distintas y todas ellas fundamentales para el significado sentimental de la historia. El mar en primer lugar siempre está presente aunque no siempre aparezca en pantalla. En segundo lugar, la propia música alternativa gallega actúa como contrapunto emocional. En tercer lugar, cabe destacar que la película se ha rodado en lengua gallega en una decisión audaz de la cineasta. Parece que que no va a permitir el doblaje para no desvirtuar así el clima que se respira en un proyecto muy personal.
Otro aspecto que llama la atención y en el que personalmente vengo haciendo hincapié en los últimos meses es cuando la duración excesiva de las películas lejos de favorecer a estas, suponen un obstáculo para la propia narrativa de las mismas. Pues bien, en esta ocasión, Anxos Fazáns decide dejar el metraje en apenas 73 minutos con lo que vuelve a demostrar su audacia en esta cuestión también. Quizás en el debe de la película, y aunque resulte paradójico con mi manera de entender la cinematografía, cabría apuntar que esta duración tan ajustada no es suficiente para el desarrollo completo de los personajes. En mi opinión, se echan en falta más diálogos para además de profundizar en los personajes, llegar de esa manera hasta el entorno de los 90 minutos clásicos.
En cualquier caso, la valentía de esta joven cineasta la colocan con muchas posibilidades de situarse a la vanguardia del cine gallego y con ello obtener una posición privilegiada para estar en disposición de dar el salto a rodar con mayores presupuestos.
A estación violenta es un íntimo y duro poema visual sobre la pérdida que transcurre en el presente pero que respira por los poros del pasado de sus personajes principales. Es también una crónica del dolor donde los silencios siempre se sienten por encima de los discursos que no llevan a ninguna parte. En definitiva, la filmación trata de indagar en un mundo de unos sueños rotos a través de la desnudez de sus protagonistas. Ellos buscan en la felicidad del pasado una esperanza y un resorte al que agarrarse para afrontar un futuro incierto.
Nota: 8/10.
Dirección: Anxos Fazáns.
Reparto: Nerea Barros, Alberto Rolán,
Xosé Barato, Laura Lamontagne.
Guión: Anxos Fazáns, Ángel Santos,
Daniel Froiz, Xacobe Casas.
Novela: Manuel Jabois.
Música: Charles Rapante.
Fotografía: Alberte Branco.
Duración: 73 minutos.
Estreno España: 15 de junio de 2018.




