En el año 2001 se produjo el estreno de esta cinta documental francesa que supuso un impacto por su espectacular manera de rodar a las aves en sus grandes migraciones bianuales. Los documentalistas Jacques Perrin y Jacques Cluzaud (Océanos) apoyados por Michel Debats estuvieron al mando de la producción durante los cuatros años que emplearon en su rodaje. Toda una epopeya que culminó en una de las películas más curiosas realizadas en la primera década del siglo presente.
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| Póster en España (saludos a los traductores) |
Con una melodiosa música encargada al excelso compositor francés Bruno Coulais, la historia nos narra las grandes rutas migratorias establecidas por las grandes aves del planeta. Los patrones de estas migraciones, son traspasados y aprendidos por cada generación nueva de individuos de las distintas especies que salen representadas en la cinta. El caso más extremo y que sirva como ejemplo, se da en el Charrán Ártico que vuela 20.000 kilómetros de polo a polo hasta completar una migración record. La búsqueda del alimento para sobrevivir es la función principal de este y los otros recorridos.
Pero si por algo destacó este film fue por el empleo de pequeños aviones aeroligeros para conseguir rodar las imágenes en pleno vuelo de las aves. La sensación óptica de estar volando junto a los animales es absolutamente impresionante; esta es la esencia y la novedad de la propuesta presentada. Acompañada de una luminosa y bien definida fotografía, la cinta es en primer lugar un espectacular poema visual sobre la belleza de estos seres alados en sus viajes transoceánicos.
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| Ultraligero en acción |
Doce pilotos, tres directores y más de quinientas personas hicieron falta para poder completar el largometraje documental. Además, se dividieron en distintos equipos a lo largo de todos los continentes del planeta. Visitamos entre otros lugares Nueva Zelanda en Oceanía, la India en Asia, España en Europa, Mali en África, la Amazonia en América del Sur y por último también la Antártida.
El guiño al mundo del cine transcurre en Norteamérica. Concretamente en tierra "sagrada" del maestro John Ford. Hablamos ni más ni menos de unas portentosas escenas rodadas en el Monument Valley de Arizona, que fue la cuna del western con cintas como 'Fort Apache', 'La diligencia' o la mítica 'Centauros del desierto'.
También visitamos las grandes urbes del planeta, que no dudan en en atravesar las aves, si las corrientes térmicas por las que se guían así lo requieren. El paso por París es de lo más sugerente de estos nómadas que no se cansan de batir sus alas. Tras haber transcurrido ya 15 años desde su estreno y al revisitar la filmación, un escalofrío recorre el cuerpo cuando atraviesan la ciudad de Nueva York. Al fondo las Torres Gemelas aún lucian majestuosas antes del mayor atentado de la historia.
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| Impacto visual |
Se filman entre otras a las siguientes especies: grullas, ánsares, alcatraces, charranes, albatros, pelícanos, petirrojos, gansos, águilas y a los heroicos pingüinos emperador. Una lección de naturaleza y fauna avícola puesta al servicio del espectador. La parte crítica viene en la parte en que algunos cazadores abaten a algunos ejemplares de manera despiadada. Todo está rodado con bastante seriedad y sin dar cualidades humanas a los animales grabados, exceptuando una especie de baile ritual de unas grullas acompañados de la música de Coulais. Es el pequeño contrapunto de humor para rebajar la tensión de la lucha por la supervivencia.
Para poder llevar a cabo la película y poder rodar en ultraligeros junto a las aves sin que estas se asustaran, se utilizo la técnica denominada como impregnación. Por ello se criaron a parte de las aves en cautividad. Esta curiosa técnica consiste en que lo primero que vean las crías tras salir del huevo, sea a una persona y esta permanezca junto a los polluelos los primeros días de vida, con ello los animales adoptan a esa persona como madre y la siguen a todas partes (incluido volar cerca de los ultraligeros citados). El descubridor de esta tendencia animal, fue el zoólogo y etólogo austriaco Konrad Lorenz, un animalista que observó este comportamiento cuando los polluelos se quedaban huérfanos antes de salir del huevo. Es entonces cuando las crías seguían a la primera persona que veían, siendo este ritual especialmente acentuado en los gansos y ocas.
Sus trabajos en el campo del comportamiento animal, así como en fisiología le valieron el Premio Nobel y no se entendería el documental sin sus descubrimientos en este terreno.
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| Espectacular formación |
La cinta obtuvo la nominación al Oscar de la Academia a mejor película documental, además de numerosos reconocimientos a nivel social y cinematográfico. Fue un gran éxito de taquilla en Francia y tuvo buena acogida en los países que se estrenó. En conclusión, nos encontramos con una obra que retrata a la perfección el proceso que llevan a cabo las aves en sus grandes rutas migratorias. Pero sobre todo, fue la primera en reflejar tan de cerca el maravilloso vuelo de estos viajeros que dos veces al año repiten su epopeya sin descanso. Una oportunidad para visionar la otra cara del cine.
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