lunes, 12 de noviembre de 2018

10 curiosidades sobre Walt Disney y su Mickey Mouse en el 90 cumpleaños del ratón que le dio la celebridad


Espero que no perdamos de vista una cosa: todo comenzó con un ratón.
-Walt Disney.

El día 18 de noviembre se cumple el 90 aniversario del debut cinematográfico de Mickey Mouse con su 'Steamboat Willie' en el Colony Theatre de Nueva York, y por ello, Cine y críticas marcianas se suma a la conmemoración con un decálogo elaborado gracias a la documentación de Elena Trujillo del departamento de prensa de Walt Disney Company Spain. ¡Muchas felicidades abuelo Mickey Mouse!



1. 'Steamboat Willie' era una animación de trazos muy sencilla pero sin embargo en ese 1928 fue la primera animación que combinó el sonido y la música.

2. El primer personaje licenciado de Walt Disney fue Mickey Mouse en el año 1929 tan solo un año después de su debut. Apareció en una libreta y sus seguidores se empezaron a multiplicar por todo el mundo. En ese mismo año se lanzó la revista Topolino en Italia y el crecimiento fue ya imparable a ambos lados del Atlántico.

3. En el año 1932, el mítico Walt Disney recibió un Premio especial de la Academia de Hollywood por la creación de su famoso y humilde ratón Mickey Mouse. En total, el mago de la animación obtuvo en su carrera 26 Premios Oscars de los cuales 4 fueron honoríficos, y 12 de ellos por cortometrajes de animación.

Vitrina con los Oscars de Walt Disney

4. Ya en los años 50 del siglo pasado se estreno en televisión The Mickey Mouse Club, que era un programa de variedades para niños que se emitía cinco días a la semana con Mickey como maestro de ceremonias y donde se emitían los cortometrajes creados por Walt Disney en las décadas pasadas.

5. En el año 1955 aparecieron los conocidos sombreros con orejitas de Mickey que aún hoy siguen causando furor entre los más pequeños de la casa.

6. En los años 60, Mickey se convirtió en inspiración para la comunidad artística y creativa. Y es que artistas como Andy Warhol, John Fawcet y Roy Lichestein incluyeron al ratón en sus obras y pasaron por los museos más reconocidos del mundo quedando sus obras para la posteridad.

7. En 1978, Mickey Mouse fue el primer personaje animado en recibir su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.


8. Mickey volvió al cine en el año 2013 con el cortometraje Get a Horse, que acompañaba al estreno de Frozen: el reino de hielo, y ese mismo año supuso su vuelta a Disney Channel con una nueva serie de cortos y un look renovado.

9. En el año 2014, el artista británico Damien Hirst creó una obra de arte inspirada en Mickey como parte de su colección Spot, que fue objeto de una subasta benéfica de Christie's en Londres. Hasta la fecha de hoy, Mickey ha inspirado también al mundo de la moda y grandes marcas de todo el mundo lo han llevado a sus prendas. Algunos ejemplos son: Marc Jacobs, Dolce & Gabanna, Tommy Hilfiger, Zara, Pandora, Bershka, Mango o Desigual.

10. En lo personal, el mayor éxito de Mickey Mouse, ha sido que tras 90 años de vida en común, su novia Minnie Mouse aún no le haya dejado y siga con él al menos hasta que cumplan 100 años de noviazgo. Creo que es hora de ir pensando en formalizar esa relación :-). Y si en lo personal, a Mickey & Minnie les va fenomenal, en lo profesional y a la hora de hablar de cine en largo, el mayor éxito al ratón hollywodiense, le llegó en la película Fantasía que aún hoy en día sigue considerándose una obra de arte por crítica y público. ¡Muchas felicidades Mickey!



Si alguien quiere dejar algún comentario, me gustaría lanzar una pregunta al aire, ¿cuál o cuáles son vuestras películas de animación preferidas? Algunos ejemplos podrían ser Pinocho, Dumbo, La Cenicienta, Bambi, Blancanieves, Toy Story, Inside Out, Up, Shrek o El rey león, pero como sabéis hay un gran catálogo para elegir y no tienen porqué ser de Disney. Gracias como siempre por vuestra atención. 


miércoles, 7 de noviembre de 2018

¡Qué maravilloso es el cine! La strada de Federico Fellini


Un buen comienzo y un buen final, hacen una buena película, siempre y cuando estén cerca uno del otro. -Federico Fellini.

La frase que encabeza esta retro reseña dedicada al genio italiano converge y se fusiona a la perfección con mi manera de entender la cinematografía. Sin duda una buena presentación en el cine o incluso en la vida de la personas, asientan las bases para que una relación personal o cinematográfica tenga éxito. Pero si importante en el cine es el punto de partida, la clave de toda producción pasa por un final que sea concluyente, coherente y que resuma de alguna manera la tesis argumental de la propuesta presentada siempre que hablemos de cine que transcienda más allá del mero espectáculo. En ningún caso hablamos de que un final tenga que ser trágico, cómico, abierto o cerrado. Eso queda ya lógicamente en la libre expresión artística del cineasta de turno. Pero lo que si debe contener la finalización de una obra es la cercanía o algún punto de encuentro con lo que se nos presentó al comienzo de la narración. Y a eso es lo que se refiere el maestro italiano cuando dijo y aplicó en sus películas eso de que el comienzo y el final de las películas tienen que estar el uno cerca del otro. Cuando además, en un filme se consigue un final circular volviendo incluso al punto de partida o se reúnen a todos los personajes de alguna manera en la secuencias finales, es cuando el cine luce en toda su intensidad.


La strada (la calle, el camino) es un cuento universal que recoge de alguna manera la base sobre la que se asienta la peculiar cinematografía de Federico Fellini y una manera perfecta para introducirse en sus películas para quien aún no las conozca.

La historia nos cuenta la vida de Zampanó (Anthony Quinn) que es un artista ambulante sin escrúpulos que se gana la vida con pequeños espectáculos circenses por los pueblos y ciudades de la empobrecida Italia de los años cincuenta del siglo pasado. Pero para ello necesita a una compañera que sirva de animadora y para pasar el sombrero recogiendo las propinas que pueda obtener de dichas representaciones artísticas. Con tal motivo, decide comprar a la joven muchacha Gelsomina (Giuletta Masina) sobornando y pagando a su madre que sumida en la miseria acepta el trato para poder mantener al resto de su familia. Gelsomina que padece algún tipo de retraso mental, emprende el viaje con Zampanó y poco a poco comienza a encariñarse de él, a la vez que encuentra su vocación como artista cómica en un mundo totalmente nuevo y atractivo para ella.

En cierta manera en La strada podemos encontrar reminiscencias con el cuento de hadas francés La bella y la bestia pero cambiando enfoques, perspectivas e invirtiendo los términos de muchos de aquellos personajes. Zampanó es en esta ocasión una verdadera bestia humana pero lejos de poseer lujosos castillos, su centro de poder se asienta en un triste carromato que arrastra con una motocicleta tan desgastada como su propia vida. En contraposición, Gelsomina se podría asemejar a "La bella" por su inocencia, dulzura y buen corazón. Pero aquí es donde Fellini introduciría la mayor variante si admitiéramos la tesis o al menos el parecido razonable (invertido) con el cuento de Gabrielle de Villenueve. Y es que lejos de acentuar los valores morales de nuestra protagonista femenina adornándola de la belleza clásica de la mujer italiana, Fellini introduce a esta bella de corazón en el rostro de una actriz que desde luego era de todo menos bella. Desde luego, la apuesta es extraña en el cine y en la propia narrativa de las películas que suelen asociar las virtudes morales a la belleza femenina. Si además, el personaje de Gelsomina es interpretado por Giulletta Masina que era la propia esposa del cineasta italiano, y que es llamada en el guión entre otras cosas "cara de alcachofa", no cabe duda que la elección no es casual, introduciendo en la cinematografía generalista un nuevo arquetipo más bien utilizado en personajes masculinos, como es el de la chica poco agraciada pero de excelente corazón.


Cabe recordar que la película está realizada en el año 1954 cuando la posguerra en Italia aún causaba estragos entre la población y la pobreza se hallaba extendida en buena parte de las capas sociales del país transalpino. Aunque se podría enmarcar dentro del Neorrelismo cinematográfico italiano, en mi opinión, Fellini apuesta en La strada por romper de alguna manera con este movimiento y marcar un punto de inflexión o una transición entre este tipo de cine más social para pasar a lo que él quería expresar artísticamente a través del celuloide. Y es que el Neorrelismo venía marcado por un cine de estilo casi documental en el que se buscaba principalmente remarcar la grave situación económica italiana como se podía observar en El ladrón de bicicletas de Vitorio De Sica del año 1948 y en la que el hambre, la miseria y el desempleo eran los únicos hechos a denunciar por encima del estilo conceptual de cada artista. Es entonces cuando Fellini sin dejar de remarcar la trágica situación que azotaba más si cabe al medio rural italiano, decide apostar por volver a introducir elementos artísticos y en el caso de La estrada, hasta poéticos, para además de volver al cine como hecho artístico, introducir ya sin concesiones sus personajes tan especiales, estrambóticos, patéticos, dulces en ocasiones, amargos en otras, que lo llevaron a crear un estilo tan personal y característico.


El mundo de Fellini ya era una realidad y sus influencias llegan hasta nuestros días de manos de numerosos directores. La strada nace con vocación de ser una especie de memorándum del universo del cineasta con situaciones y personajes surrealistas, conversaciones en torno a la religión, exabruptos circenses y el propio circo como medio de expresión de sus gustos más personales. La música era otro punto de apoyo importante para conseguir transmitir las emociones presentadas en pantalla y con los compases del gran Nino Rota la tensión sinfónica estaba asegurada. De hecho el tema central de la película reseñada hoy engarza de alguna manera con el tema central de la película El Padrino que supuso para el compositor italiano la máxima celebridad entre los compositores de música de cine.

Respecto al reparto y completando la gran actuación de Giulletta Masina con su icónica Gelsomina, nos encontramos quizás con el mejor momento de Anthony Quinn representando con acierto a la bestia humana de Zampanó que más que un hombre es un animal sin escrúpulos. Este personaje sirve como contrapunto a la inocencia que Fellini buscar representar en la joven y desgraciada muchacha. Con estas dos almas contrapuestas y que como dos polos que se atraen, el director italiano busca transitar un camino de autodestrucción en un bucle de amor, odio, necesidad y ofuscación en la que la frustración/felicidad van apareciendo según las necesidades narrativas de la propuesta. Pero hay un tercer personaje en la película que sirve de nexo de unión para poder comprender estos mundos tan distintos. Se trata de "El loco" interpretado sabiamente por Richard Basehart y que es otro artista ambulante que se cruza en la vida de la pareja protagonista. Y es que probablemente una de las secuencias más importante de la película se produce en una conversación en la que "El loco" hace ver a Gelsomina que todo hombre o mujer tiene un propósito en la vida. Fellini utiliza en este caso una metáfora en forma de algo tan sencillo como una piedra, para transmitir a través del humanismo, la importancia de cada individuo como bien común de una sociedad que se corrompe por momentos.


En conclusión, La strada supone en mi forma de entender el cine, una conmovedora filmación sobre el comportamiento humano con la que Federico Fellini a través de unas criaturas mágicas salidas de su propio universo sentimental, nos conmina a ser mejores personas utilizando la cinematografía en forma de fábula universal.

P.D. Federico Fellini ganó con La strada el Festival de Venecia en el año 1954 en la categoría de mejor director y fue la primera película de la historia que obtuvo el Premio Oscar de la Academia en la categoría de mejor película de habla no inglesa.

viernes, 2 de noviembre de 2018

El árbol de la sangre: Mi verdad más grande


Ofrecer amistad al que pide amor es como dar pan al que muere de sed. -Ovidio.

La historia: Rebeca (Úrsula Corberó) y Marc (Álvaro Cervantes) son una pareja de enamorados que deciden pasar unos días en un caserío familiar del País Vasco buscando el aislamiento y la intimidad más absoluta para recomponer su pasado. Para ello, deciden poner en común los recuerdos de ambas familias, trazando un árbol genealógico que los llevará al punto exacto en el cual se conocieron. Además, se proponen un reto de sinceridad extrema, en el que tendrán que redactar juntos la historia de su romance y desvelarse el uno al otro, todos los secretos que pudieran guardarse tanto en el ámbito de la pareja como en el oscuro pasado familiar.

Úrsula Corberó y Álvaro Cervantes

La crítica: La poderosa imagen superior en la que vemos a dos jóvenes uniendo sus manos a través de la corteza de un poderoso árbol, es la poética metáfora con la que Julio Medem (Los amantes del círculo polar), abre esta complejísima historia de más de diez personajes entrelazados a través de un guión original que en sí mismo es ya una obra literaria de máximo alcance.

¿Qué trata de decirnos Julio Medem en esta hiperbólica historia de amores y desamores, encuentros y desencuentros, huidas y venidas? Pues en primer lugar que está de regreso y espero que esta vez sea ya para dirigir y escribir películas de manera continuada ya que desde 2010 solo había dirigido incomprensiblemente dos películas y se encontraba aislado del panorama audiovisual nacional e internacional.

El árbol de la sangre es una película que paradójicamente se podría disfrutar más en un segundo visionado, que en la primera proyección, y esto es debido a la complejidad del puzzle sentimental ofrecido por el cineasta. Pero en cualquier caso, la obra presenciada es mayúscula en sentimientos y dolorosa como un cuchillo cuando poco a poco va penetrando en la memoria vital del espectador, generando con ello, una fuerte empatía con la pareja protagonista que en definitiva representan la pasión y el dolor cuando el primer amor aparece en la vida de las personas.

Otra de la muchas preguntas que lanza al aire Medem, es si la sinceridad absoluta fortalece o por el contrario destruye las relaciones humanas ya sean en el lado amoroso o en el ámbito familiar. ¿Realmente somos responsables de los aciertos o de los errores de nuestros antepasados? ¿Son los impulsos sexuales de alguna manera controlables en el comportamiento humano vistos desde el punto de vista puramente biológico? ¿Son los celos una muestra de amor o solo un tormento para aquellos que los sufren o los padecen? Estas son algunos de los interrogantes que nos ofrece el cineasta y que responde de manera muy personal a través de los personajes representados en la historia.


Úrsula Corberó (La casa de papel) es una actriz en plena evolución y que consigue a través de Julio Medem dar el salto de calidad que le hacía falta en la gran pantalla sin el sometimiento mediático o las prisas que conllevan las interpretaciones en las series televisivas. Aquí luce perfecta en el personaje de Rebeca que fue una niña sometida a un trasplante de órganos cuando era un bebé y este hecho se convertirá en el verdadero árbol de la sangre por la que transcurre toda su experiencia vital y la de su familia. Rebeca conoce poco después de cumplir los 18 años a Marc e inician una relación compleja hasta que siete años después deciden hacer una apuesta de sinceridad en unos días que cambiarán sus vidas para siempre.

Marc es interpretado correctamente por Álvaro Cervantes en una historia con un parecido razonable a la que le otorgó cierta popularidad y llamada El sexo de los ángeles en la que también se hablaba sobre las relaciones de pareja en sus comienzos. En este caso, su personaje no es llevado a la fuerza por Rebeca al caserío vasco, sino que es más bien él y en una idea de su madre (¡ay las suegras!), el que decide e impulsa esta manera un tanto tóxica pero liberadora de conocer a fondo a su pareja que al parecer guarda extraños y misteriosos secretos ocultos.

Nawja Nimri de la que hablábamos la semana pasada a raíz de su mágica interpretación en Quién te cantará vuelve a demostrar que está en su mejor momento profesional interpretando a "La Maca" que es el personaje que hace de la madre de Rebeca. Y es que nos encontramos ante una madre que afronta el reto más difícil de su vida, tras sufrir una enfermedad mental después de haber dado a luz a su bebé. Incluso por momentos, tiene que ser ingresada en centros psiquiátricos y con ello dejar en manos de su nueva pareja, el cuidado de su niña.

Este padre, que sin ser biológico, es un ejemplo en cuidado de madre y niña, es interpretado por Daniel Grao (Julieta) y simboliza la maternidad/paternidad por encima de sexos hasta que la presión le puede y comienza a coquetear con el mundo de las drogas como forma de evasión ante la combinación de conflictos personales.

En el caso del personaje del joven enamorado (Marc), su relación paterno/materna se establece principalmente con su madre que es la ideóloga de que la joven pareja pongan por escrito sus puntos en acuerdo y en desacuerdo pasa así avanzar o no en la relación. Este papel es interpretado por Maria Molins (Cien años de perdón).

Por último, y quizás el personaje y el actor más interesante de toda la película junto a Nawja Nimri, es el otorgado por Medem para el actor argentino Joaquín Furriel (El faro de las orcas), que da vida a Olmo que es un hombre con un oscuro pasado, pero que aparece como constante en la vida de de los demás personajes con idilios, conflictos o pasajes tortuosos y que tendrá la llave para desvelar si el futuro amoroso de Rebeca y Marc tiene futuro o debe darse por concluido.

Me dejo algunos actores secundarios pero de relevancia, ante un reparto coral que nos lleva a los 14 personajes que deben ser ya descubiertos y disfrutados en la sala de cine. Pero en una primera conclusión, cabe decir que todo este entrelazado de historias nos lleva a la idea general de que sin conocer quien somos, ni de donde venimos, difícilmente sabremos hacia donde encaminar nuestros pasos.


El árbol de la sangre es un cuento moderno envuelto de forma muy poética en las potentes imágenes que nos regala Julio Medem. En conclusión, es una película muy profunda y algo confusa, que va creciendo poco a poco de manera inversa a como lo hacen las raíces de un árbol. El cineasta vasco fija siempre el foco de atención en los conflictos pasionales, sentimentales o éticos que han acompañado su filmografía. Nos encontramos también ante una filmación muy dolorosa con frases desgarradoras, que si bien sacadas de contexto pueden parecer excesivas en lo melodramáticas, en el colocón emocional en el que nos envuelve el director causan el efecto narrativo deseado. Quizás las más llamativas de las que recuerde sean las tres siguientes:

_Me mata pensar hasta donde pudiste ser capaz de engañarme.

_He sabido tu verdad y he dejado de quererte.

_¿Recuerdas mi verdad más grande?

En definitiva, la filmación no deja de ser una historia de amor trágico que enlaza de alguna manera y con muy buen gusto narrativo con el Romeo y Julieta de William Shakespeare, pero con la diferencia de que Julio Medem ofrece a sus amantes una salida para que reconstruyendo el pasado puedan conquistar el futuro.

Nota: 8/10.

Nacionalidad: España.
Dirección y guión: Julio Medem.
Reparto: Úrsula Corberó, Álvaro Cervantes,
Najwa Nimri, Daniel Grao, Joaquín Furriel.
Música: Lucas Vidal.
Fotografía: Kiko de la Rica.
Duración: 130 minutos.
Estreno España: 31/10/2018.

martes, 30 de octubre de 2018

El fotógrafo de Mauthausen: 7532 españoles en el centro del infierno nazi


Creo que empezamos a olvidar y, como europeos y sobretodo como seres humanos, no nos lo podemos permitir. -Mar Targarona.

La historia: El 5 de mayo del año 1945, la 11ª División Acorazada de los Estados Unidos entraba en el campo de concentración de Mauthausen en Austria, siendo recibidos con alborozo entre los presos que no habían sido exterminados y con unas pintorescas pancartas hechas con sábanas en las que había escritas unas palabras de bienvenida en español. De hecho, aquel lugar en el que se cometieron crímenes a destajo fue conocido como "el campo de los españoles" y en él, Francisco Boix (Mario Casas), desempeñó un papel crucial como fotógrafo retratando y escondiendo los negativos que sirvieron posteriormente para denunciar lo allí sucedido y encausar a algunos de los responsables de aquellos crímenes contra la humanidad.


La crítica: La cineasta catalana Mar Targarona (Secuestro) ha conseguido con gran eficacia narrativa aportar luz a la historia del preso republicano español Francisco Boix, que aprovechó sus conocimientos en fotografía para conseguir un puesto en el laboratorio fotográfico de Mautaushen-Gusen en una historia que si bien había sido llevada al cómic o al documental, nunca había llegado a ser ficcionada a través de la gran pantalla de cine y además lo hace desde una visión relativamente novedosa.

Cuando los nazis preguntaron a su aliado, el dictador Francisco Franco, sobre que sugerencias proponía para los presos españoles encerrados en los campos de exterminio, el genocida del Caudillo, respondió que esas personas no eran españolas y junto a su cuñado Serrano Suñer, acordaron con las fuerzas alemanas un pacto no escrito para que los españoles allí encarcelados formaran parte de la solución final y fueran exterminados junto a los demás ciudadanos europeos que habitaban dichos campos. De hecho, los españoles fueron marcados con un triangulo azul que significaba: apátridas. A esto, los propios miembros del ejercito alemán añadieron una S de spanien, reconociéndoles al menos un estatus o país de procedencia para clasificarlos como presos políticos y no como judíos. Es decir, hasta los propios psicópatas de los nazis, tuvieron más "sensibilidad" con los españoles, que los propios gobernantes ibéricos si es que a esa banda de franquistas infectos se les puede calificar como gobernantes. Lo más curioso es que aún hoy en 2018 se siguen escuchando voces en España con el dicho de: "con Franco se vivía mejor". Claro se vivía mejor si no te habían matado antes. Como no quiero caer en ningún tipo de maniqueísmo, esto mismo valdría para los rusos que dicen que con Stalin se vivía mejor, o para lo futuros fanáticos que dirán que con Castro o con Chavez se vivía de puta madre. Sin duda, el fanatismo político del hombre nos determina a repetir una y otra vez la historia y ese es el fondo del mensaje que El fotógrafo de Mauthausen trata de transmitir, como en su día lo hizo Spielberg con La lista de Schindler.

Volviendo a la película en sí, lo que trata de reflejar la cineasta es la importancia de los fotógrafos y de sus fotografías para constatar de manera gráfica los acontecimientos históricos desde que tenemos este medio a nuestra disposición. Supongo que a todos nos habrá llamado la atención en algún momento de nuestra vida, cuando hemos visto a algún reportero de guerra o algún fotógrafo "civil", trabajar en medio de un conflicto bélico o tras un atentado terrorista, y dedicarse a tomar fotografías en vez de soltar la cámara y atender a los heridos. Bueno ahí puede surgir un conflicto ético, pero seguramente estos fotógrafos sacrifiquen su conciencia personal, para retratar a modo de denuncia la barbarie en la que el ser humano ha incurrido a lo largo de la historia. Por eso y quizás sin el sacrificio de hombres como Francisco Boix, hoy no hubiéramos conocido gráficamente lo que se hizo en Mauthausen. ¿Y que se hizo allí? Pues estas angelicales criaturas alemanas se dedicaban a las nobles tareas de practicar tareas de exterminio con cámaras de gas fijas, o en camiones móviles, fusilar o ametrallar a los presos, matarlos de hambre en celdas de castigo sin proporcionarles alimentos ni agua hasta su fallecimiento, flagelaros con latigazos hasta su muerte, darles duchas de agua helada en invierno con las consecuencias imaginadas, practicarlos el sangrado o el desangrado hasta la muerte para mandar su sangre a los frentes del este, hacer experimentos médicos con los presos y utilizarlos de esclavos en la famosa "escalera de la muerte de Mauthausen", que con sus 186 pavorosos escalones, era sinónimo de muerte cuando los reos tenían que subir piedras de granito de unos 25 kilogramos como si fueran animales de carga hasta que caían extenuados. En dichas escaleras, y en mitad de la noche, algunos presos eran "suicidados" arrojándolos desde arriba como se muestra en una secuencia de la película. Cabe decir que muy buena de la arquitectura totalitaria nazi proviene de este yacimiento de granito austriaco.


El peso de la producción está soportado casi en su totalidad por el mejor Mario Casas (Toro), que yo haya visto en el cine y que por fin deja sus tics juveniles para convertirse en un verdadero actor. Lo más loable en esta transición actoral es un buen trabajo, muy buen trabajo en la dicción que siempre es lo que más le hemos criticado. De hecho, muy acertadamente y para apreciar su buena evolución en este aspecto, la directora le permite abrir la producción narrando en off el principio de la historia en un hecho insospechado en sus comienzos. Cabe destacar además que ha recibido clases de alemán para interpretar al personaje y ha perdido quince kilos para aportar la credibilidad necesaria. Así que al Cesar lo que es del Cesar, y a Mario lo que es de Mario. El resto del reparto es monocorde, destacando eso sí a Alain Hernandez en su papel del preso Balbuena o a Macarena Gómez que interpreta brevemente a Dolores que es una muchacha española obligada a ejercer la prostitución. Pero, ¿existía la prostitución en Mauthausen? Pues efectivamente, así es. En el colmo del despropósito nazi-machismo, se instaló un prostíbulo con esclavas sexuales para que algunos presos de "confianza" tuvieran un "premio", y para que estas mujeres fueran multivioladas por las tropas alemanas aunque esto se omite en la película.


En la parte técnica de la producción cabe destacar la buena fotografía digital de Aitor Mantxola que tiñe la película de grises pero que deja ver lo que sucede en todo momento. Otro aspecto muy destacable es la dirección de arte y vestuario, ya que cabe recordar que en el campo de concentración había además de los oficiales y soldados, presos que ejercían de fotógrafos, peluqueros, albañiles, sastres o administrativos y hubo que buscar materiales y ropa acorde con el contexto histórico narrado. Y como no, destacar la música del compositor canario Diego Navarro que firma unos pasajes extraordinarios. Ademas la producción se ha llevado hasta Budapest para aprovechar lo que quedaba de la recreación que se hizo del campo en la película 'El niño del pijama de rayas'. En cambio, en el debe de la película cabría poner alguna pega a cierta teatralización en su conjunto y a la utilización del melodrama de manera innecesaria aunque comprensible en el contexto narrado.

En conclusión, El fotógrafo de Mauthausen, es una buena propuesta que actúa como testigo directo de la vida y obra de Francisco Boix que consiguió gracias a su ingenio, a su fortaleza mental y a sus ideales, realizar más de mil fotografías en el centro del infierno nazi en el que perecieron 4.816 presos españoles de los 7532 que fueron trasladados hasta Mauthausen. Con parte de ese material gráfico, Boix pudo demostrar, documentar y testificar en los Juicios de Núremberg y con ello ayudar a condenar a parte de la jerarquía nazi al mando del campo de exterminio austriaco.

Nota: 7/10.

Nacionalidad: España.
Dirección: Mar Targarona.
Reparto: Mario Casas, Alain Hernandez,
Macarena Gómez, Richard Van Weyden.
Guión: Alfred Pérez-Fargas, Roger Danès.
Música: Diego Navarro.
Fotografía: Aitor Manxola.
Duración: 110 minutos.
Estreno España: 26/10/2018.






viernes, 26 de octubre de 2018

Quién te cantará: La arquitectura de construir una buena historia


Después de alcanzado el éxito, todos olvidan las cualidades con que lo alcanzaron.
-André Maurois.

La historia: Tras perder a su madre, la exitosa cantante Lila Cassen (Najwa Nimri), decide tomarse un tiempo fuera de los escenarios que se va extendiendo hasta una retirada que va camino de los diez años. Pero justo cuando decide reaparecer en el mundo de la canción, tiene un accidente en la playa que le hace perder la memoria y con ello la forma que tenía de interpretar sus canciones. Es entonces cuando Blanca (Carme Elías), que es su representante, encuentra a una cantante no profesional especialista en interpretar las canciones de Lila Cassen y le pide ayuda para que la artista recupere su memoria, su voz y su vida artística.


La crítica: El cine cobra su verdadero sentido como arte escénico cuando la arquitectura de construir una historia se hace desde la sencillez, pero a la vez buscando en la complejidad de las relaciones humanas. Con ello se aporta una visión humanista, unos trazos vitales o una manera de composición cinematográfica, que puedan definir a unos personajes con los que nos podamos identificar o al menos comprender. Por eso, cuando buscamos en el cine algo más que un entretenimiento, a los cinéfilos nos es suficiente con la sinceridad de un cineasta contando una historia que más sencilla o más compleja, sea eso, una historia con algo que decir y que deje un poso en nuestros recuerdos, incluso por encima de nuestros propios gustos personales.

Quién te cantará es la tercera película dirigida por el cineasta español Carlos Vermut que alcanzó el reconocimiento nacional e internacional cuando ganó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián con su anterior película Magical Girl. En esta ocasión, nos lleva de una manera muy profunda a indagar en el universo femenino a través de las vidas entrelazadas de cuatro mujeres que cruzan sus caminos en un momento muy complicado para todas ellas. Todo en la película se rige por un universo muy almodovariano que en esta ocasión es más que acertado, ya que funciona como una inspiración y no como una copia. De hecho, el propio Pedro Almodóvar quedó prendado con la anterior película del director y no dudó en elogiarlo como uno de los cineastas más prometedores y originales del nuevo cine independiente español. La suma de Alberto Iglesias como compositor de la banda sonora, que también es asiduo de la cinematografía del maestro manchego, completan el mapa sentimental de una manera de hacer cine que no puede, ni debe dejar indiferente a nadie. Eso no quiere decir que sea un tipo de cine sencillo, frugal o recreativo, ya que como escribía anteriormente, aquí la construcción de la historia está cocinada a fuego lento, y son muchos los matices a tener en cuenta a la hora de presenciar una proyección algo incomoda pero de una profundidad narrativa hipnótica en su mirada.

Todo en la historia es una conversación sobre la identidad de las personas y como los acontecimientos vitales marcan de una manera muy acusada dicha identidad y la forma de relacionarnos con nuestro entorno. Mensajes en torno a la fama, a la admiración, al fracaso, a la maternidad, o incluso a la violencia juvenil, son retratados a través de unos personajes de los que nunca dejamos de aprender a veces por sus errores y las menos veces por sus aciertos. Todo este mensaje que se va descifrando en la película, pasa por un extraordinario elenco actoral femenino de los que voy a dar unas pinceladas para poder comprender porque el cineasta nos habla de sus miedos, dudas, sueños e ilusiones a través de las actrices elegidas con gran acierto.


Najwa Nimri es una actriz excepcional que combina sus trabajos audiovisuales con su faceta como cantante profesional. Relegada estos últimos años incomprensiblemente del cine, la podemos recordar por sus interpretaciones en las películas El método o En los amantes del circulo polar. Actualmente ha estado trabajando en la serie Vis a vis de Antena 3, pero con todo el respeto para los aficionados a la serie, Najwa (nombre árabe), está muy por encima de estas cosas. Tras cinco años sin trabajar en el cine (en parte se funden persona y personaje interpretado en Quién te cantará), este 2018 reaparece con dos películas que se estrenan muy seguidas. La próxima será en breve a las ordenes de Julio Medem y hablaremos también de ella. Pero volviendo al personaje de Lila Cassen en la película hoy reseñada, cabe decir que es la base sobre la que se asienta toda la producción y sobre el que giran los demás personajes de forma concéntrica. Hablamos de un personaje con unos matices muy ricos, pues tras sufrir una fuerte amnesia no comprende la fama alcanzada, y según va recuperando la memoria, inicia un proceso de auto-descubrimiento personal que el cineasta aprovecha para hablarnos de la pérdida a través de los recuerdos de una artista que le debe todo a su madre.

El vacío que deja en su vida la pérdida de su madre, nos lleva al personaje de su representante artística que ocupa ese papel maternal cuidando de la artista como si de su propia hija se tratara. Este papel es interpretado con una categoría única y una dicción impecable, por la veterana actriz ganadora del Goya en 2008 Carme Elías y que diez años después debería alcanzar al menos una nueva nominación por su exquisita interpretación. Una verdadera dama en escena.

El otro papel clave de la cinta es para Violeta (Eva Llorach de Magical Girl), que vive aislada en su universo particular trabajando en un Karaoke y dando rienda suelta en dicho local a su pasión por la canción. Aunque más que una vocación, sus interpretaciones musicales siempre están inspiradas en su admiración incondicional por Lila Cassen a la que imita a la perfección. La gran sorpresa de su vida llega cuando la representante de la artista se pone en contacto con ella para que conviva con su admirada cantante y le enseñe de nuevo a ser quien era y a interpretar sus canciones como lo hacía antes del accidente que la dejó en estado de amnesia.

Y para concluir con el reparto, nos encontramos con el personaje de Marta que es la joven hija de Violeta y que representa la violencia juvenil, además de introducirnos el tema del chantaje emocional de los hijos que conviven en familias desestructuradas. En este caso, Marta, la tiene tomada con su madre a la que tiene amenazada y dominada por completo. Aunque este tema es secundario en la película, acaba tomando forma de tragedia griega y sustentando la base de la resolución de la propuesta presentada. El personaje de Marta es interpretado con acierto y fuerza por la ganadora de dos Premios Goya, Natalia de Molina, a la que tuve la fortuna de entrevistar hace un par de años por otro papel bastante complejo y controvertido (Entrevista a Natalia de Molina).


La parte técnica de la película se funde de manera muy especial con la forma poética que tiene Carlos Vermut de impregnar sus filmaciones. En la película el mar ejerce como sujeto narrativo tanto en la secuencia inicial, como con breves e intermitentes apariciones en forma de amaneceres o puestas de sol marítimas en la parte central de la historia y cerrando el círculo de manera virtuosa en la escena final con el mar tomando forma redentorista y expiatoria. Otro aspecto a destacar es la utilización de los espacios tanto interiores en la mansión de la artista, como exteriores en las playas de Rota en Cádiz, que siempre están al servicio de narrar algo importante en la historia. Mención especial por lo tanto a Laia Ateca que es la directora de arte de la producción y a la fotografía de Eduardo Grau.


Quién te cantará es una película compleja, profunda y difícil que asombra con su belleza fílmica y aturde por momentos por la densidad de sus texturas narrativas. Nos encontramos también ante una filmación muy femenina en la que el hombre no aparece en este complejo universo, dando a entender con ello, que la figura masculina ya no es el único eje sobre el que se vertebra la vida, los sentimientos o los sueños de la mujer. Con ello, Carlos Vermut, nos inquiere con su alegato sentimental a acabar con un patriarcado que marcó y marca aún la pauta en sociedades cerradas que impiden las libertades individuales. Pero por encima de mensajes, o significados ocultos, nos encontramos ante algo tan complejo y a la vez tan sencillo, como es la arquitectura de construir una buena historia.

Nota: 8/10.

Nacionalidad: España.
Dirección y guión: Carlos Vermut.
Reparto: Najwa Nimri, Carme Elías,
Eva Llorach, Natalia de Molina.
Música: Alberto Iglesias.
Fotografía: Edu Grau.
Duración: 124 minutos.
Estreno España: 26 de octubre de 2018.



viernes, 19 de octubre de 2018

El arte del cortometraje en el cine: Kismet Diner


Lo bueno, si breve, dos veces bueno. -Baltasar Gracián.

Llevo queriendo escribir sobre el arte del cortometraje en el cine desde los inicios de Cine y críticas marcianas y supongo que por la vorágine del cine de estreno, siempre he pospuesto una entrada-homenaje a esta rica manera de tejer y bordar historias de cine en formato pequeño. Y es que grandes cineastas se han formado y forjado en este mundo del cine en corto que el crítico cinematográfico Pablo del Moral calificaría como Cápsulas de cine. Quizás la novedad más relevante en cuanto a esta forma de expresión es que están comenzando a salir de los festivales de cine para proyectarse de manera individual en las salas de cine, al menos en parte de España.


En esta ocasión, no me voy a extender mucho más y me voy a aplicar a mí mismo lo que hoy vengo a comentar. Es decir, prefiero que dediquen su tiempo en esta ocasión a ver cine en vez de a leer sobre cine. Kismet Diner es un cortometraje de corte romántico en el que cine, música y una breve pero intensa narración, hacen que en los espacios pequeños también se pueda decir eso de:
¡Qué maravilloso es el cine!

La filmación del año 2013 es dirigida por el cineasta Mark Nunnelly, y está interpretada por Matt Kyle e Ilinca Roe a la que vemos en la imagen superior, y que nos regala una interpretación tan dulce como su mirada.

Por último, decir que dependiendo de la acogida de esta entrada en Cine y críticas marcianas, (la mejor medida para ello es medir el número de visitas recibidas), puede que ocasionalmente se repita la experiencia en una nueva sección llamada: El arte del cortometraje en el cine.

En cualquier caso, el cortometraje siempre será bienvenido aquí o en cualquier otro espacio dedicado al séptimo arte.  



martes, 16 de octubre de 2018

Ola de crímenes: Apaga y vámonos


Si los seres humanos tuviésemos dos cerebros, seguro que haríamos el doble de tonterías. -Woody Allen.

La historia: Leyre (Maribel Verdú) es una madre de clase burguesa que se dedica al cuidado de su estrambótico hijo adolescente tras divorciarse de su marido Cosme (Luis Tosar). En una visita a la residencia familiar para retirar algunas de sus pertenencias, Cosme inicia una acalorada discusión familiar, hasta que el joven en un ataque de rabia, clava unas tijeras a su padre y acaba con su vida. Es ahora cuando madre, hijo, abuela, criada, y amigos, deciden preparar una coartada surrealista en lo que solo será el comienzo de una oleada de crímenes en la ciudad de Bilbao.


La crítica: No sabemos hasta que punto Mediaset España, Telecinco Cinema y demás satélites a su alrededor, se hallan en una operación orquestada para hacer que su división de cine desaparezca. Lo que está claro es que con este tipo de cine la apuesta a medio plazo será un éxito asegurado. Y es que después de presenciar este espectáculo tan nefasto como es Ola de crímenes, a ver quien es el guapo que defiende el buen cine español que también existe y que gracias a producciones como esta cuestionan muy seriamente esta afirmación. ¿Pero quién ha engañado en Telecinco a una cineasta de tan alto nivel como es Gracia Querejeta para que haya firmado la obra más pésima de su carrera? La verdad es que la pregunta es retórica, ya que cada uno es libre de autoengañarse como crea conveniente. De lo que estoy convencido es que dentro de un tiempo, la propia cineasta española tendrá el impulso de borrar esta película de su filmografía y de su memoria como si de un mal sueño se hubiera tratado. En mi caso desde luego ha sido una pesadilla comprobar como una cineasta que en el año 1999 me hizo enamorarme una vez más del cine con su bellísima obra 'Cuando vuelvas a mi lado' haya llegado a perpetrar una obra tan chabacana como la reseñada hoy.

Ola de crímenes es básicamente una sucesión de supuestos sketches de cine cómico negro, que si bien mantienen un buen ritmo narrativo, no solo no consiguen arrancar ninguna carcajada, sino lo que es más grave tampoco sacan ni media sonrisa ante la mayúscula tontería presenciada. Todo es un conjunto de clichés que retratan a policías desnortados, adolescentes salidos y bobos, abogadas corruptas y vacías, sacerdotes desesperados o taxistas metidos a actores, para ir justificando la trama inicial que ya parte del típico crimen que lleva a otro crimen, en algo visto ya un millón de veces en el cine, sin aportar más que unas bonitas vistas panorámicas de la ciudad de Bilbao que es lo único que se deja ver en la filmación. Lo demás es para tirar del socorrido "apaga y vámonos" que es lo que voy a hacer yo. Fin.

Nota: 1/10.

Nacionalidad: España.
Dirección: Gracia Querejeta.
Reparto: Maribel Verdú, Luis Tosar,
Antonio Resines, Paula Echevarría,
Raul Arévalo, Juana Acosta.
Guión: Luis Marías.
Fotografía: Ángel Amorós.
Música: Federico Jusid.
Duración: 97 minutos.
Estreno España: 5/10/2018.



viernes, 12 de octubre de 2018

First Man: Tras su brillante La La Land, Damien Chazelle nos proporciona un tremendo somnífero lunar


Las teorías conspirativas le gustan mucho a la gente, son muy atractivas, pero a mí no me afectan. Sé que alguien volverá a la Luna y traerá mi cámara de vuelta.
-Neil Armstrong.

La historia: Biopic que se centra por un lado en la carrera profesional de Neil Armstrong (Ryan Gosling) y por otro lado, retrata sus recuerdos más íntimos junto a su esposa Janet Armstrong (Clare Foy) entre los años 1961 y 1969 que supusieron un hito en la carrera espacial con la llegada del primer hombre a la Luna.


La crítica: Cuando Neil Armstrong visitó Chile en el año 2000 declaró de forma irónica que el clima lunar era bueno. Se refería a que por el día se llegaban a los 130 grados de temperatura, mientras que a medianoche se alcanzaban los 110 grados de temperatura en negativo. Ello proporcionaba un promedio muy "agradable". En mi caso y al concluir la proyección de First Man podría decir que me quedé a 0 grados, es decir, ni frío, ni calor, sino todo lo contrario. O dicho de otra manera, 133 interminables minutos de lucha contra el sueño en el tremendo somnífero lunar que nos tenía preparado un irreconocible y circunspecto Damien Chazelle.

Buscar perdonarse entre ciertos sectores, la magia creada en el musical de los musicales como fue su anterior película La La Land, pudiera estar en la génesis de llevar a cabo una producción que no aporta prácticamente nada nuevo a la historia de la cinematografía espacial y que discurre con una narrativa plana, sin ningún tipo de emocionalidad y lo que es peor, resultando profundamente aburrida en la inmensidad de lugares comunes en los que cae una y otra vez.

Basada en la novela First Man: the life of Neil A. Armstrong del profesor de historia de la Universidad de Alabama James R. Hansen, y bajo un libreto adaptado por Nicole Perlman y Josh Singer, es la primera vez que Damien Chazelle no escribe su propia película y lo paga con creces al centrar su objetivo en una historia creada por otros y en la que adopta una mirada semidocumental de los acontecimientos históricos narrados. El problema es que de esta manera pervierte el verdadero lenguaje del cine documental, que no tiene que ver con ficcionar una realidad, sino con investigar en como sucedieron determinados hechos históricos y su contextualización cultural sea en un momento pasado o para disparar ideas o reflexiones en forma de preguntas en conversación directa con el espectador.

First Man es una película que tarda ni más ni menos que una hora y media en arrancar con unos prolegómenos interminables divagando en torno a las relaciones personales y familiares del astronauta que intentan aportar calidez a la historia o difundir una visión familiar del héroe. Sin embargo, con esta premisa reiterativa, Chazelle solo contagia pesimismo en lo que debería haber sido un camino para ilusionar y motivar al espectador. Solo en el último tercio de la filmación consigue algo de distinción cinéfila y es ahí donde encontramos la narrativa adecuada si es que hasta ese momento hemos conseguido llegar despiertos.


El reparto está encabezado lógicamente por el omnipresente Ryan Gosling que realiza una gran interpretación de Neil Armstrong mimetizándose en gestos, miradas y en la forma de expresarse que recuerda con veracidad ese carácter introspectivo que el comandante Armstrong tenía de puertas para adentro. Le da buena replica en pantalla, la actriz británica Clare Foy (serie The Crown) que aporta cierta calidez a la historia y representa con acierto los miedos e incertidumbres por los que pasaba aquella madre de familia tras los muchos sucesos trágicos que ocurrieron en la preparación de la conquista del sueño espacial. El resto del reparto es tan gris como la propia producción sin poder resaltar a nadie en especial del elenco coral.

Lo mejor de la producción llega en la parte técnica con la transición que hace Damien Chazelle entre los dos tiempos narrativos representados en pantalla. Si en el eterno preámbulo utiliza correctamente los 35 milímetros clásicos de grabación para situarnos en el contexto histórico de manera adecuada, es en el espacio exterior y en el alunizaje, cuando pasa la filmación a los 16 milímetros en Imax, siendo ahí, cuando la película si gana en grandeza con el añadido de un muy bien conseguido silencio sepulcral sin música de fondo, en el momento de mayor clímax de la cinta con la llegada del hombre a la Luna en un sueño para la humanidad.

En conclusión, First Man es una apuesta correcta, aséptica y formal pero narrativamente plomiza  y que queda muy por debajo de otras películas en torno a nuestro satélite como fueron Apolo 13, Space Cowboys o la reciente Figuras ocultas que con un hecho mucho menor en la carrera espacial como fue colocar a Scott Glenn en órbita, si consiguió la emoción de la que carece la fallida apuesta de Damien Chazelle que ha pasado de brillar con la ciudad de las estrellas a estrellarse en un alunizaje forzado en una historia manida y conocida ya por todos.

Nota: 4/10.

Nacionalidad: Estados Unidos.
Dirección: Damien Chazelle.
Reparto: Ryan Gosling, Claire Foy,
Jason Clarke, Kyle Chandler.
Guión: Nicole Perlman, Josh Singer.
Música: Justin Hurtwiz.
Fotografía: Linus Sandgren.
Duración: 133 minutos.
Estreno mundial: 11 y 12/10/2018.



martes, 9 de octubre de 2018

Ha nacido una estrella: Magistral debut de Bradley Cooper en la dirección a pesar de ser ya el tercer remake del clásico de 1937


El éxito consiste en tener lo que se desea. La felicidad en disfrutar lo que se obtiene.
-Henry Ford.

La historia: El cantante de rock estadounidense Jack Maine (Bradley Cooper), no pasa por su mejor momento personal a causa de su adicción al alcohol, aunque su carrera artística le sigue proporcionado una posición destacada en el panorama musical. Tras un exitoso concierto, decide entrar en un club nocturno a tomar una copa y allí conoce casualmente a Ally (Lady Gaga) que es una joven inquieta que combina su trabajo en un restaurante con pequeñas actuaciones musicales en dicho local. Tras quedar prendado con la voz de la joven, Jack la invita a su proximo concierto y le propone que interprete una canción junto a él. Es a raíz de esta interpretación, cuando surge la semilla de un romance en lo sentimental, mientras que en lo profesional supone el nacimiento de una nueva estrella musical. 


La crítica: Para situarnos en la génesis de este proyecto que supone la ópera prima de Bradley Cooper en la dirección cinematográfica, tenemos que viajar hasta el año 1937 y recordar a la primigenia Ha nacido una estrella de William A. Welman que fue producida por David O. Selnick y que contaba con la música compuesta por el maestro Max Steiner. La citada producción era una feliz propuesta que narraba una historia de cine dentro del cine y las aspiraciones de una joven muchacha interpretada por Janet Gaynor, que contaba con un parecido razonable tanto físicamente como en las aspiraciones artísticas de la Mia que interpretaba Emma Stone en La La Land. En definitiva, era la historia de una joven con el sueño de convertirse en una estrella de cine en los años en los que el séptimo arte tomaba forma en Hollywood a la vez que la industria cinematográfica despegaba ya en un camino sin retorno. Pero lo más curioso es que la película de 1937 ya bebía claramente de la producción Hollywood al desnudo de 1932 dirigida por George Cukor. Para rizar el rizo, el propio Cukor realizó en el año 1954 un remake en formato musical protagonizado por Judy Garland que también fue un rotundo éxito. Posteriormente llegaría un segundo remake de Ha nacido una estrella en el año 1976 e interpretado con acierto por Barbra Streisand y Kris Kristofferson. Pues bien, en un ataque de originalidad, Bradley Cooper ha decido iniciar su carrera cinematográfica como cineasta con el tercer remake del clásico de 1937. Aunque realmente la cinta reseñada hoy es un remake de la producción de 1976 en la que se sustituía la trama cinematográfica de cine dentro del cine, situando a los personajes en el mundo de la música a través dos estrellas del rock. Ahora bien, una vez puestos en antecedentes, y dejando claro que no soy partidario de los remakes, vamos a tratar de analizar este A Star is born 2018 y sus valores cinematográficos, que paradójicamente son muy superiores a todas las versiones citadas anteriormente, logrando con ello, un magnífico melodrama musical que cuenta con todas las posibilidades de ser multinominada en la carrera de los Oscars, en lo que supone el pistoletazo de salida a los Premios de la Academia.

El comienzo de la película y a modo de presentación es apoteósico con una espectacular canción de rock interpretada de una manera más que sorprendente por el propio Bradley Cooper, para pasar a continuación y en contraste melódico, a una preciosista y maravillosa interpretación de 'La vie en rose' por Lady Gaga, que merece un parón en la reseña para comprobar la calidad vocal de la artista.


La cinta sigue los patrones clásicos de toda narración que se tome en serio a sí misma, con una división bien planificada en el libreto en tres tercios correspondientes a una presentación de situaciones y personajes, un desarrollo dramático y un desenlace coherente con la evolución de los personajes representados. Esto y aunque parezca una evidencia narrativa, no se cumple con eficacia en muchas películas que se saltan los procesos fílmicos, bien con finales abruptos y sin sentido o con presentaciones escandalosamente largas que no aportan nada más que descripciones interminables. Algo que también sucede en muchas novelas o ensayos literarios en los que el autor en cuestión, se niega a utilizar las elipsis narrativas y se lleva el texto a las mil páginas. En esta ocasión, el lenguaje cinematográfico que nos lleva a los 135 minutos utilizados en el metraje, es acertado y cada minuto está justificado tanto narrativamente como artísticamente. Y lo dice quien es fiel creyente en que las duraciones por encima de 90 a 100 minutos con carácter general solo consiguen restar ritmo a las producciones.

Una vez puestos en antecedentes, y creo que ha quedado claro que sin ser partidario de los remakes, ni de las segundas partes -tampoco en la vida-, ni mucho menos de las duraciones excesivas en los metrajes de las obras cinematográficas, debo confesar que cuando escribo estas lineas, aún sigo emocionado ante la belleza de la filmación presenciada que me ha parecido una obra de arte de la cultura contemporánea y la máxima representación del buen cine musical (sin ser estrictamente un musical al uso) superando a algunos musicales del cine clásico que obtuvieron una sobrevaloración desmesurada. Todo lo expuesto anteriormente me lleva a entrar en contradicciones sistemáticas tanto personales como cinematográficas, considerando que la propia vida es pura contradicción en algunas ocasiones. De hecho, me voy a apoyar en una de las frases del escritor, antropólogo, crítico cinematográfico y amigo personal José Dueso, en la que decía que en la contradicción está la clave de casi todo en la vida. De hecho el bueno de José, me recomendó que nunca cambiara mi visión cinematográfica y mantuviera mi independencia en la crítica como única manera de diferenciar los textos hasta que llegaran a ser reconocidos sin la necesidad de ser firmados ya fuera en Cine y críticas marcianas, o en Noroeste Madrid.

El problema que surge entonces es que para presentar una visión relevante sobre 'Ha nacido una estrella', en una crítica cinematográfica al uso, no hay espacio suficiente para analizar el contexto histórico y cultural sobre el que se asientan las bases de la propuesta. De hecho, para realizar un análisis correcto y pormenorizado, lo adecuado sería escribir un ensayo cinematográfico de no menos de 300 páginas, para analizar las películas de 1932, 1937, 1954, 1976 y esta última de 2018 para contrastar las cinco propuestas presentadas y sus diversos contextos narrativos y socioculturales para poder explicar con datos objetivos porque la propuesta presentada por Bradley Cooper es la mejor con creces de todas ellas. Las tres bases sobre las que se asientan tal afirmación, son el lenguaje cinematográfico expresado, su profundidad narrativa y su belleza musical. Sin embargo, la parte positiva que nos ofrece el mundo digital e Internet en concreto, es poder combinar el lenguaje escrito, con el apoyo visual en vídeo. Esto me lleva a introducir un segundo parón en la reseña, para poder visualizar a través de las imágenes lo que estoy tratando de explicar y difundir. En esta ocasión, se trata del tema 'Shalow' que espero reciba el Oscar de la Academia y pueda ser interpretado en directo por los protagonistas en la noche en la que Bradley Cooper debe recibir su primera estatuilla dorada tras la tres nominaciones recibidas anteriormente y que quedaron sin premio. Disfruten ahora de 'Shalow' y esperen a la noche de los Oscars para confirmar este pronóstico.
  

Cabe decir que cuando me refiero al primer Oscar de Bradley Cooper, no me refiero al de la canción que acabamos de escuchar (que también lo merecería), sino a su portentosa actuación en la película (imprescindible verlo en versión original), que le coloca, sino lo estaba ya, como el mejor actor norteamericano de su generación. Su personaje es la representación perfecta de la autodestrucción humana y del sacrificio amoroso llevado hasta las últimas consecuencias y que solo comprenderemos en las secuencias finales de la proyección. Por otro lado, nos encontramos con un más que sorprendente debut cinematográfico de Stefani Germanotta (conocida artísticamente por Lady Gaga) que fuera de todos los cánones de belleza de Hollywood, interpreta más que correctamente a la joven Ally, recordando de alguna manera a la Janet Gaynor de 1937 o a la Emma Stone de 2017, pero resaltando sobremanera en sus sobrecogedoras interpretaciones musicales. Destaca especialmente en las canciones al piano que dejan unas sensaciones de encontrarnos con una artista en la máxima plenitud de su carrera musical como compositora. El resto del reparto luce bien en lineas generales, destacando al veterano actor californiano Sam Elliot que interpreta al hermano de Jack y que trata de poner orden en su descontrolada vida que le está llevando al precipicio.


En la parte técnica cabe destacar una magistral fotografía realizada por cinematógrafo neoyorkino Matthew Libatique que ya en Cisne negro demostró su estilismo visual y que en esta ocasión fija su referente visual en el maestro italiano Vittorio Storaro. De ese modo, tiñe de rojo la pantalla en longitud de onda caliente para contextualizar secuencias nocturnas, mientras que pasa a los cálidos dorados cuando pretende impregnar calidez al hogar familiar representado en pantalla. 

Hay que destacar tres secuencias en pantalla que actúan como impulsoras dramáticas de la presentación, nudo y desenlace mencionadas anteriormente. La primera de ellas se produce en el club nocturno en el que podemos encontrar rasgos del mejor cine de Fellini, así como reminiscencias a la película de culto mexicana Los caifanes en una especie de cabaret nocturno loco y surrealista. La segunda secuencia y haciendo una concesión al cine romántico, la encontramos en una petición improvisada de matrimonio de Jack a Elly, en la que se vale de la cuerda de una guitarra para crear un anillo de compromiso. Pero lo mejor, y como en toda obra artística que se precie, ocurre en la secuencia final que actúa como condensador y flujo de emociones. Allí nos encontramos con un pequeño flasback que será recordado ya para siempre en la historia del cine y que por sí mismo consigue convertir al tercer remake de Ha nacido una estrella en una película inolvidable. 

Nota: 9/10.

P.D. El titular de la crítica toma como referencia la película de 1937 como primera obra con el título de 'Ha nacido una estrella'. Por lo tanto, la película del año 1954 sería el primer remake con el mismo título, la de 1976 el segundo, y la de 2018 el tercero por el momento. Aunque como he resaltado en el texto, todo parte del film de 1932 'Hollywood al desnudo' por lo que actualmente existen cinco versiones basadas en la misma historia o premisa.

Título original: A Star is Born.
Nacionalidad: Estados Unidos.
Dirección: Bradley Cooper.
Guión adaptado: Bradley Cooper,
Will Fetters, Eric Roth.
Reparto: Bradley Cooper,
Stefani Germanotta,Sam Elliot,
Rafi Gavron, Anthony Ramos.
Fotografía: Matthew Libatique.
Música y canciones: Lady Gaga,
Bradley Cooper, Luke Nelson.
Duración: 135 minutos.
Estreno EE UU: 28/09/2018.
Estreno España: 5/10/2018.
Estreno México: 12/10/2018.


viernes, 5 de octubre de 2018

Cold War: Un duro viaje emocional por la Europa de los años cincuenta


No podían estar juntos, pero se echaban terriblemente de menos en cuanto se separaban. -Pawel Pawlikowski.

La historia: Tras acabar la segunda guerra mundial, las autoridades polacas deciden crear un coro musical con las mejores voces del país para levantar la moral de la población, difundir el folclore nacional y glorificar el sistema comunista imperante en el país. En este contexto, Zula, que es una muchacha con desarraigo familiar y de carácter rebelde, se presenta al casting y es seleccionada para formar parte del elenco artístico. Un vez integrada en el grupo, se enamora de Wiktor que es el director artístico del coro y comienzan un romance en el que tendrán que salvar sus diferencias políticas y personales en un duro viaje emocional por la vieja Europa.


La crítica: Tras su rotundo éxito en el Festival Internacional de Cine de Cannes, hoy 5 de octubre se estrena en España la producción polaca Col War (Zimna wojna) del prestigioso cineasta Pawel Pawlikowski. En esta ocasión y como en su anterior película (Ida), vuelve a utilizar el blanco y negro como modelo de narración universal.

La cinta se desarrolla entre los años 1949 y 1964 en un recorrido bien desarrollado narrativamente mediante la utilización de intermitentes elipsis narrativas apoyadas en blackouts para presentar la narración mediante capítulos. Cabe destacar como Pawlikowski enfoca a modo de road-movie sentimental y geográfica, una propuesta con diversas localizaciones en Europa como pueden ser Varsovia, Berlín, París o la Split de la antigua Yugoslavia. De esta manera, el director nos sitúa en un contexto sociocultural e histórico de contrastes en el que podemos apreciar dos modelos de vida tan diferentes, como en su momento eran la Francia de la libertades en contraposición a la Polonia oprimida en tiempos de la atroz posguerra.

Así mismo, cabe destacar que la película es la apuesta más personal del director polaco, ya que decidió iniciar un proceso sentimental para tratar de reflejar en los protagonistas del romance, la propia vida de sus padres en el entorno de la opresiva atmósfera que se vivía en Varsovia de los años cincuenta del siglo pasado. Además, y de alguna manera, la tormentosa relación que vivieron sus progenitores a lo largo su vida en pareja, le sirve al cineasta para reflexionar en torno a las relaciones sentimentales tóxicas en las que las parejas se castigan sentimentalmente en un modo de relación tormentosa sin que dichas parejas puedan estar juntos pero tampoco separados. Pero lejos de utilizar el romanticismo narrativo, Pawlikowski quizás sin querer, peca de un excesivo academicismo aproximando su película más a un cine de arte y ensayo que a un cine más emocional que quizás hubiera convertido a la historia en algo mucho más asimilable para el conjunto de los espectadores. Aun así, y esto ya es cuestión de gustos personales, la filmación me parece que tanto narrativamente como en su expresión artística es de una enorme belleza íntima. También nos deja un mensaje político de gran calado, sobre como los regímenes autoritarios destrozan vidas y separan personas por el fanatismo de los propios actores políticos y de los ciudadanos que siguen estas consignas por miedo o por convencimiento personal. Ejemplos hay por doquier en la época actual.


En el reparto nos encontramos al atractivo actor polaco Tomasz Kot (Bikini Blue) en el papel de Wiktor, que representa con acierto y verosimilitud todas las contradicciones del ser humano que es lo marca el libreto para su personaje. Su pareja en el film es la también actriz polaca Joanna Kulig, a la que conocimos en la ya mencionada 'Ida', y que vuelve a dejar una excelente actuación llena de poderío y con unos matices interpretativos de alta escuela. Su personaje es una representación de la rebeldía, el patriotismo y la libertad que se encauzan en su pasión por la música y el arte en general. El resto del reparto son meros acompañantes para seguir la evolución de la pareja protagonista que son el eje sobre el que gira toda la historia.

A nivel técnico cabe destacar y en mi opinión esto es un debe en la filmación, el formato con el que ha sido grabada la historia y que se asemeja a una escala prácticamente cuadrada (4:3), ocupando apenas media pantalla de cine. Esto contrasta en como vemos habitualmente una proyección, que es un formato rectangular y ocupando la pantalla completa de la sala de cine. En principio, la única explicación que puedo encontrar a esta manera de rodar, podría ser debido a la necesidad de abaratar costes de producción al tratarse de cine independiente y sin grandes estudios comerciales que sustenten las necesidades económicas de la película. A pesar de ello, el virtuoso director de fotografía Lukasz Zal, al que ya vimos en su portentoso trabajo en Loving Vincent, consigue unas bellísimas tonalidades en blanco y negro, además de regalarnos excelentes travellings y algunas secuencias panorámicas de autentico lujo con medios tan ajustados para la filmación.

Cold war es en definitiva una obra compleja, preciosista en algunos de sus pasajes, pero demasiado seca y dura en lo emocional como para que pueda arrebatarnos al concluir la proyección. Quizás la película funciona mejor como una especie de ensayo cinematográfico sobre la etnografía y las esencias del folclore polaco, que como una clásica historia romántica que es lo que apunta tanto en el póster como en el trailer promocional que es tan bello que supera con creces a la misma producción. En cualquier caso, nos encontramos ante un cine de máxima pureza artística que por momentos y en su parte musical, se asemeja a un poema visual con recuerdos y sabores añejos a aquel cine clásico que nunca podremos olvidar.

Nota: 7/10.

Título original: Zimna wojna.
Nacionalidad: Polonia.
Dirección y guión: Pawel Pawlikowski.
Reparto: Tomasz Kot, Joanna Kulig.
Borys Szyc, Agata Kulesza.
Fotografía: Lukasz Zal.
Música y canciones: Marcin Masecki.
Duración: 89 minutos.
Estreno Polonia: 8/06/2018.
Estreno España: 5/10/2018.
Estreno Francia: 24/10/2018.
Estreno EE UU: 21/12/2018.
Estreno Hispanoamérica: Pendiente.