lunes, 10 de diciembre de 2018

Roma: El universo mágico de Cuarón y la magia sentimental del buen cine


Lo que el cine necesita es belleza, la belleza del viento moviéndose entre las hojas de los árboles. -David W. Griffith.

La historia: Ciudad de México, año 1970. Cleo (Yalitza Aparicio) es una empleada doméstica que presta sus servicios a un matrimonio de clase media/alta con cuatro hijos en la colonia Roma de la capital azteca. Pero lo que parece una vida tranquila y feliz tanto para Cleo como para el resto de la familia, se ve alterada por un viaje del padre de familia que demora en exceso su regreso y por un acontecimiento amoroso que cambiará para siempre la vida de la joven muchacha mexicana.


La crítica: El ser humano no compra cosas, compra experiencias. El ser humano anhela ante todo sentir, y busca en las otras personas, en sus aficiones o en el arte, cosas o sensaciones que le hagan sentir, llorar, amar, rabiar, gozar, o si hablamos estrictamente en términos cinematográficos, deleitarse ante la potencia deslumbrante de una película, que como es el caso de Roma, desde la sencillez e incluso desde el minimalismo narrativo, consigue convertir una historia muy personal e íntima en una gran fábula universal sobre los valores humanos.

Tras obtener el León de Oro a la Mejor Película del Festival de Venecia 2018 llega de manera muy restringida a las salas de cine (Netflix tiene los derechos y la estrena el 14 de diciembre), la nueva producción de Alfonso Cuarón (Y tu mamá también, Gravity) que se convierte en una carta de amor a su infancia, a la mujer en general y al cine clásico en particular, al optar por un preciosista y poético blanco y negro que deslumbra tanto o más que cualquier película rodada en color.

El filme está cocinado a fuego lento y nos habla de una manera cadenciosa de la familia utilizando el prisma óptico de la niñez para enfocar de manera indirecta como veíamos a nuestros padres, y de que manera nos veían ellos a nosotros. Pero sobre todo, el filme nos habla de la pérdida de la inocencia en los distintos ámbitos del transcurrir vital y como con esto, el descreimiento se va apoderando de los distintos personajes que se mueven entre la ofuscación, la incredulidad, las distintas frustraciones vividas o las ilusiones que un nuevo comienzo siempre pudiera tener. Es por todo ello, -y aunque la película está situada en un momento muy concreto de la historia de México-, que la narración se siente completamente universal y trasladable en modo de fábula neorrealista al resto de la población mundial desde cualquier contexto temporal en el que nos situemos. Es decir, Roma nace ya siendo un clásico del cine que podrá ser vista de dentro de 50 años con los mismos efectos sentimentales que en la actualidad.


Toda la historia la vemos a través de los ojos de la joven Cleo interpretada más que notablemente por Yalitza Aparicio que es de origen mixteco y que apabulla en su debut en la interpretación. Su personaje es la fuente y el origen de la película y de la propia vida de Alfonso Cuarón que refleja en ella, como fue su niñez y el papel que desempeñó su niñera. Estas segundas madres que hoy en día siguen cumpliendo una función impagable y que posibilitan paradójicamente la independencia de la mujer profesional (mientras ellas se ven relegadas), son utilizadas narrativamente por el cineasta para hablarnos de la emigración de las poblaciones rurales hacia las grandes urbes como modo de ganarse la vida. Un fenómeno que lógicamente no se dio solo en el México en los años 70; de hecho el éxodo rural hacia las grandes ciudades fue de alguna manera similar en Italia o en España, cuando decenas de miles de mujeres salían desde Galicia, Andalucía o ambas Castillas, a "servir" en las casas más acomodadas de Madrid o Barcelona. Es por eso quizás, y por las coincidencias que encontramos también en la agitación política y en los desarrollos urbanísticos desmesurados de aquella época, por lo que Roma está conectando con la crítica europea y lo va a hacer con el público en general, pues hablamos de situaciones universales que engarzan también con los movimientos migratorios que se siguen desarrollando a lo largo y ancho del planeta. En segundo plano aparece en el reparto una estupenda Marina de Tavira (La zona), que representa a la mujer "blanca", burguesa y profesional que tiene que lidiar con su papel de madre de cuatro niños, esposa y colocar además en este cuadro sus aspiraciones en el desarrollo personal. Y además de la abuela y los niños notablemente interpretados con carácter general, hay dos personajes masculinos que son devastadores para la propia condición del hombre. En ambos, se representa la figura del padre ausente. Por un lado está el propio padre de familia (Diego Cortina) y por otro lado, el joven "enamorado" de Cleo (Jorge Antonio Guerrero). Ellos representan en cierta forma y desde distintas clases sociales, la misma posición. Es decir, la huida cuando son incapaces de asumir sus responsabilidades o las consecuencias de sus actos.


La parte técnica de la película se funde con el arte de una manera muy especial. Alfonso Cuarón además de la dirección y el guión, asume las funciones en la dirección de fotografía y solo hay que ver las imágenes para recrearnos en un sobresaliente trabajo filmado en blanco y negro. Otro aspecto a destacar es la impresionante mezcla de sonido en Dolby 7.1, haciendo de esta experiencia en la sala de cine algo que un servidor jamás había presenciado en pantalla. Es de tal magnitud la vanguardia en el uso del sonido, que por momentos no sabes si los campanilleos sonoros son de la propia sala de cine o si son ruidos provenientes de la calle. Pero el verdadero festival de la película se produce en los maravillosos encuadres de cámara, en la propia y magistral cadencia en los movimientos de las mismas o en unos inmensos planos secuencia apoyados en unos travellings de auténtico ensueño para los más cinéfilos. Y por si faltara algo para rematar la obra, nos encontramos ante una dirección de arte comandada por Eugenio Caballero que no solo nos lleva a los años 70 de la Ciudad de México, sino que la película parece rodada en los propios años setenta del siglo pasado. Un detalle cinematográfico inolvidable es la secuencia que transcurre en el Cine-Teatro Metropólitan que además nos da la clave del desarrollo de la propia historia del largometraje.


Roma es en definitiva el sueño del cine hecho realidad y un clásico ya imperecedero en la historia de la cinematografía universal. Y lo meritorio de esta obra es que consigue ser grande desde una historia pequeña, sencilla, armónica, sin estridencias y buscando en las raíces del cine independiente -se podría hablar casi de cine de arte y ensayo- la pureza narrativa que convierte a una película en lo que un día fue denominado Séptimo Arte. En lo personal, esta mágica filmación supone para mí lo que busco en la cinematografía, es decir, un vehículo sentimental en el que podemos ver reflejados nuestros deseos, nuestras carencias, nuestros anhelos, nuestras vivencias o nuestros sueños reflejados en esa pantalla de cine que atesora nuestra propia biografía en forma de películas.



Nota/calificación: Fuera de categoría, sencillamente una obra de arte.

Nacionalidad: México.
Dirección y guión: Alfonso Cuarón.
Reparto: Yalitza Aparicio, Marina de
Tavira, Diego Cortina, Jorge Guerrero.
Fotografía: Alfonso Cuarón.
Duración: 135 minutos.
Estreno México: 21/11/2018.
Estreno España: 5/12/2018.
Estreno Netflix: 14/12/2018.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Kursk: El submarino que conmocionó al mundo


Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia.
- Francis Scott Fitzgerald.

La historia: El día 12 de agosto del año 2000, el submarino nuclear ruso Kursk conmocionó al mundo cuando sufrió una explosión durante unas maniobras militares en el mar de Barents y naufragó con sus 118 tripulantes a bordo. 23 de estos marineros sobrevivieron a la deflagración pero quedaron atrapados en una cámara estanca a la espera de ser rescatados. La película refleja y recrea lo que pudo suceder en aquellos terribles momentos cuando el oxígeno empezaba a escasear y las autoridades rusas se negaban a recibir ayuda internacional.


La crítica: El cineasta danés cofundador del movimiento cinematográfico Dogma-95, Thomas Vinterberg (Celebración), se ha embarcado y nunca mejor dicho, en una coproducción europea entre Francia, Bélgica y Luxemburgo para dar luz a los hechos acaecidos a cuenta del trágico suceso con el submarino Kursk y que tristemente volvimos a recordar con el submarino argentino ARA San Juan hace poco más de un año. En el caso de la película reseñada hoy, el guión se ha adaptado del libro del periodista Robert Moore, A time to die: The Untold Story of the Couse Tragedy y que aporta un trabajo minucioso en base a los registros documentales que aparecieron sobre los hechos y que lógicamente son recreados artísticamente en la cinta.

La película está desarrollada narrativamente de manera inteligente para que el espectador empatice rápidamente con los protagonistas. En los primeros momentos, se presentan a los marineros y a sus familias e hijos, antes de embarcar en las maniobras militares que dieron pie a los escalofriantes sucesos. Así mismo cabe recordar que el K 141 Kursk era el orgullo y el estandarte de la Flota del Norte de la marina Rusa. Para que se hagan una idea del poderío del submarino ruso, su envergadura superaba a dos aviones "Jumbos" 747, su longitud era muy superior a un campo de fútbol y su altura equivalía a un edificio de 4 pisos de altura.

Pero a pesar de la grandeza y la ostentación que desprendía el gran submarino, la tesis que sostiene el cineasta Thomas Vinterberg (aunque él tira balones fuera en las entrevistas), es que la tragedia del Kursk pudo haberse evitado sino hubieran ocurrido una serie de errores concatenados. El primer error consistió en que no se hizo caso a los tripulantes de la sala de torpedos que avisaron a sus mandos militares de que el armamento que portaba en su interior se estaba degradando y lo mejor era realizar la prueba militar cuanto antes y desprenderse de dichos torpedos que por su temperatura estaban a punto de explotar. Pero sobre todo, la cinta y el libro, denuncian con fuerza a las autoridades militares rusas en la negligencia a la hora de pedir ayuda internacional en las tareas de rescate de los 23 marineros que sobrevivieron a la explosión. Es aquí cuando comprobamos la decadencia de las fuerzas militares rusas tanto en su flota como en su mantenimiento. Lo más curioso es que la única cápsula submarina en condiciones óptimas que tenían para acceder al Kursk, se la habían vendido a los estadounidenses para que los turistas con más posibilidades económicas pidieran bajar a las profundidades marinas para observar al mítico Titanic hundido. El resto de los equipos estaban muy desgastados y la narrativa argumental exprime con eficacia las sucesivas intentonas sumando cada vez más tensión cinematográfica. Aun con todo este despropósito, repito, se negaban a pedir ayuda por orgullo patrio y para evitar la humillación nacional. En definitiva "todo por la patria" pero muy poquito por los hombres que luchaban por esa patria que en su día fue un imperio. La moraleja de toda la historia pasa por los contactos privados que se hicieron con la Royal Navy británica y que mantienen en vilo al espectador con la esperanza de que finalmente pueda salir alguien con vida.


En el reparto cabe destacar al importante actor belga Matthias Schoenaert al que vimos este año junto a Jeniffer Lawrence en la estupenda Gorrión rojo. Con él se trata de recrear el heroísmo de estos marineros y su personaje se cree que fue el que se hizo responsable de dar fuerza y fe a todos los marineros supervivientes. La parte más cálida de la película transcurre a través de su esposa en la pantalla, interpretada formidablemente por la actriz francesa Léa Seydoux (Midnight in París), que lucha sin descanso contra los burócratas rusos para saber que ha pasado con su marido y el resto de los tripulantes embarcados en el submarino. Por último, habría que destacar a un buen Colin Firth (Un océano entre nosotros), que interpreta al Comodoro británico David Russell que hizo todo lo que estuvo en su mano para ofrecer la ayuda naval británica que la Armada rusa desechó.

En la parte técnica el cineasta nos regala un excelente plano secuencia dentro del submarino, cuando dos de sus marineros buscan en las cámaras inundadas del mismo, cartuchos de oxígeno para poder sobrevivir durante unos días más a la espera de ser rescatados. Por el contrario y en el debe de la producción, se siente impostado y hasta de algún modo ridículo, que la historia se haya rodado en lengua inglesa cuando es evidente que los personajes interpretados eran rusos y por tanto hablaban su idioma natal. Es por lo tanto muy incomodo oírlos hablar en inglés; así que ya puestos y sin que sirva de precedente, mi recomendación sería ver la película doblada ya que no se ha optado por realizarla con actores rusos.


En conclusión, Kursk, es un documento histórico de alto calado y que funciona relativamente bien como película. Y es que a pesar de ser una historia conocida por buena parte del público, su narrativa es ágil y contiene las dosis necesarias de suspense como para tener enganchado y en vilo al espectador durante todo el metraje de la película que se va a las dos horas sin miradas al reloj.

Nota: 7/10.

Nacionalidad: Francia, Bélgica.
Director: Thomas Vinterberg.
Guión: Robert Rodat.
Reparto: Matthias Schoenaert,
Léa Seydoux, Colin Firth.
Música: Alexandre Desplat.
Fotografía: Anthony Dod.
Duración: 117 minutos.
Estreno Francia: 7/11/2018.
Estreno España: 5 de diciembre 2018.



viernes, 30 de noviembre de 2018

El amor menos pensado: Ricardo Darín, el amor y la comedia existencialista


Lo que es fascinante acerca del matrimonio es por qué alguien quiere casarse.
-Alain de Botton.

La crítica: Marcos (Ricardo Darín) y Ana (Mercedes Morán), conforman un matrimonio ideal hasta que las dudas entran en la vida de pareja cuando el hijo de ambos abandona el hogar familiar de Buenos Aires, para irse a cursar sus estudios universitarios a España. Es entonces cuando deciden replantearse sus vidas, separarse y comenzar una nueva vida de solteros buscando encontrar en otros brazos una nueva ilusión a la que aferrarse. ¿Será tan ideal como lo habían imaginado? ¿Se echarán de menos? ¿Estaban realmente enamorados?


La crítica: Así como la portada de un libro pueda ejercer como gancho para que los posibles lectores se interesen en al menos leer la contraportada; el cartel o el póster de una película es lo primero que va a ver el espectador y ahí puede estar una de las claves para que se decidan a ver o no una película en la sala de cine. En el caso de la película reseñada hoy y aunque pueda atraer a cierto sector de público, creo que el diseño del mismo puede resultar engañoso y perjudicial en lo puramente cinéfilo. Y es que se podría entender que nos hallamos ante una comedia insustancial, cuando muy por el contrario, nos encontramos ante una comedia bastante profunda y con el existencialismo como base narrativa. De hecho, la película compitió en la sección oficial del Festival de San Sebastián lo que no es poca cosa para empezar su trayectoria, y el posterior desembarque en las salas de cine. No me quiero extender mucho más sobre este asunto y probablemente dedique una publicación en exclusiva a hablar sobre los carteles de cine aunque sea de una manera irónica.

El amor menos pensado supone una más que interesante ópera prima del ya veterano guionista y productor argentino Juan Vera al que conocimos en Cine y críticas marcianas gracias a sus trabajos en tareas de producción de las comedias Me casé con un boludo y El fútbol o yo. En esta ocasión, cambia al protagonista masculino y pasa de Adrián Suar a Ricardo Darín que vendría a ser como si en vez de conducir un Seat Ibiza pasará a conducir un Rolls-Royce. Cabe decir que Darín e incluso su hijo Chino Darín, se han implicado al máximo en la película llegando incluso a reservarse un lugar en las tareas de producción del largometraje.

La historia comienza la conversación con el espectador hablándole sobre el "síndrome del nido vació", que viene a ser como una sensación de desesperanza, soledad y nostalgia cuando un hijo, o todos los hijos, abandonan el hogar familiar para independizarse y dejan a algunos padres descolocados, perplejos o desmotivados ante el cambio de rutinas. Otros muchos padres por el contrario, lo celebran intensamente por quitarse de encima a unos adolescentes de entre 30 y 40 años que juegan a ser youtubers, instagramers, o Twitter-adictos como sino hubiera un mañana; pero eso sería ya otra película y no de la que estamos hablando hoy.

La fuente principal del posterior desarrollo narrativo es una pregunta que quizás nadie debería hacerse en un matrimonio con más de 25 años de duración y en el que ambos miembros parecen felices en un principio. Y es que preguntar en relaciones tan extensas algo así como: ¿estás enamorado/a todavía de mí?, puede llevar a un bucle infinito de preguntas y respuestas que disuelvan la relación o como es el caso de los protagonistas de la historia, también a una crisis existencial que lejos de ser una broma, es un problema muy serio para cualquier persona que la haya padecido.

En el desenlace de la propuesta, Vera trata de dar respuestas a todas las preguntas planteadas y lo hace de una manera firme, personal y optimista que desde luego y en lo que se refiere a la mirada del espectador, deja unas sensaciones positivas que es casi lo mejor que se puede decir de una película incluso por encima de su calidad cinematográfica. Por lo tanto, vamos a salir del cine con una sonrisa en la cara y mucho mejor de lo que habíamos entrado dos horas antes de comenzar la proyección. Es entonces, cuando podemos hablar de un cine de evasión que además conlleva una serie de planteamientos muy inteligentes y bastante apegados a la realidad de la sociedad actual con referencias a las redes sociales o al mundo "single".


En pantalla aparecen algunos personajes secundarios correspondientes a amigos comunes de la pareja, u otros en roles de nuevos romances post-separación que conllevan pura diversión narrativa. Pero sin duda todo el peso del reparto está sostenido sobre los principales protagonistas del conflicto. Creo que poco puedo añadir sobre Ricardo Darín, pues se encuentra en un momento mágico y probablemente pueda considerarse ya el actor más internacional de la historia de Argentina. Por otro lado, nos encontramos con una gran Mercedes Morán (Luna de Avellaneda), que si bien es una actriz de reconocido prestigio en el país del tango, no es tan popular fuera de sus fronteras. Aunque esta apreciación puede cambiar en este año 2018 con este trabajo y con su envolvente papel en la excelente película El Ángel (reseña de Paula Vázquez Prieto), de la que por cierto yo no hice la crítica al ser vetado ridículamente por la distribuidora como si este pequeño espacio marciano tuviera alguna influencia positiva o negativa en el infinito mundo de la crítica de cine.

Respecto a los personajes interpretados y a sus significantes, guardan muchísimas características comunes que nos hablan del desgaste en la pareja, de las nuevas formas de relacionarnos virtualmente o del desarrollo de las habilidades sociales.

En conclusión, El amor menos pensado, me ha parecido una propuesta sorprendente, fresca e incluso necesaria por tratar desde la sutileza y el buen gusto algo tan complicado como son las relaciones de pareja. En el debe de la producción volvemos a lo de siempre, y más cuando se trata de un director debutante. Esto no es otra cosa que el no querer tirar de "tijeras" en el montaje y llevarnos con ello a unos excesivos 129 minutos que juegan en contra del ritmo de la propia historia. Aun así, y en un género tan complejo como es la comedia, el resultado es más que positivo.

Nota: 7/10.

Nacionalidad: Argentina.
Dirección y guión: Juan Vera.
Reparto: Ricardo Darín, Mercedes Morán,
Claudia Fontán, Luis Rubio, Andrés Gil.
Música: Iván Wyszogrod.
Fotografía: Rodrigo Pulpeiro.
Duración: 129 minutos.
Estreno Argentina: 2/08/2018.
Estreno España: 30/11/2018.

viernes, 23 de noviembre de 2018

The Guilty: El thriller que ha puesto en pie al público del Festival de Sundance


Echarle la culpa de tus errores a tu naturaleza no cambia la naturaleza de tus errores. Tomas Harris.

La historia: Durante el turno de noche y en la centralita de emergencias donde desarrolla su labor el agente de policía Asger Holm (Jacob Cedergren), recibe una llamada de una mujer aterrada que dice haber sido secuestrada por un hombre y que se encuentra a bordo de una furgoneta blanca. A raíz de este suceso, Asger tiene que movilizar, coordinar y pedir ayuda a todas las patrullas policiales de la zona, tranquilizar a la mujer retenida y lidiar con asuntos personales en una lucha contra el tiempo en la que cada segundo será decisivo para resolver la complicada situación.


La crítica: ¿Es posible hacer una película con prácticamente solo un personaje en pantalla, desarrollada en un solo espacio interior de unos 30 metros cuadrados y qué esta puede ser vibrante e incluso impactante por momentos? Pues con la cinta danesa reseñada hoy, no queda duda de que además de posible, es una idea relativamente vanguardista, barata y que vuelve a poner al cine independiente como referencia de lo mejor que se está haciendo en la cinematografía europea y mundial.

Avalada por el Premio del Público del Sundance Festival de este 2018 y por las tres nominaciones a los European Film Awards, Dinamarca ha seleccionado a la estupenda ópera prima del joven cineasta Gustav Moller para luchar en la larga carrera de los Oscars de la Academia en la categoría de mejor filme en habla no inglesa. Y creo que por la buena acogida que está teniendo, es seria candidata a estar al menos entre las cinco nominadas finales. Pero por encima de premios, que al final no son más que la consecuencia de una producción bien realizada (al menos en este caso), lo importante en The Guilty es que cumple con los principales mandamientos del cine que yo suelo resumir en uno solo: entretener sin entontecer. O dicho de otra manera; servir un producto que sea un buen espectáculo cinematográfico y que a la vez nos haga pensar o reflexionar sobre lo vivido en la sala de cine.

Volviendo un poco a la historia reflejada en la cinta, nos encontramos o me encuentro, ante una crítica muy complicada de realizar pues cualquier dato que se revele más allá de la sinopsis redactada corre el peligro de reventar toda la argumentación y la trama desarrollada para aquel que aún no la haya visto la producción. Por lo tanto, lo mejor es buscar los significantes de la película y que trata de decirnos o expresarnos el guión y el desarrollo fílmico realizado por el director.

The Guilty nos habla de la soledad y del sentimiento de culpa reflejada en su personaje principal interpretado con rigor y seriedad por Jacob Cedergren (Submarino), y a su vez estos sentimientos de culpa y soledad mencionados anteriormente, se ven reflejados de una manera circunstancial en la mujer que le está llamando pidiendo ayuda y que es interpretada por Jessica Dinnage (The Man) aunque solo podemos escuchar su voz pues nunca llega a aparecer en pantalla.

La trama siempre va in crescendo y la angustia se incorpora al sentimiento del espectador transmitida por la desesperación del agente de policía que prácticamente solo con dos teléfonos y un ordenador tiene la misión de salvar una vida y además averiguar si todo lo que le está contando la mujer al otro lado de la linea telefónica, es cierto o puede estar cayendo en algún tipo de incoherencia.


Otra cosa que llama bastante la atención es que la película se desarrolla en tiempo real. Es decir, en los muy acertados 85 minutos de metraje (con esta idea de rodaje en espacios cerrados y un solo personaje en pantalla, extender la duración a más de 90 minutos hubiera sido un suicidio cinematográfico), nos encontramos como los acontecimientos se van sucediendo en esa hora y media crítica para todos los personajes. Por ello, no hay cortes temporales, flashbacks, o cualquier recurso cinematográfico que nos saque de la fuerte tensión en la que como espectadores nos vemos involucrados. En cierta manera, The Guilty, nos recuerda a la película 'Última llamada' de Joel Schumaker de 2002 y en la que Collin Farrel se veía atrapado en un teléfono público de la ciudad de Nueva York y era amenazado por un francotirador si se movía del punto exacto en el que se hallaba.

En conclusión, The Guilty, es ya uno de los thrillers más impactantes de este 2018.  El filme juega a través del rostro del agente de policía Asger Holm, a sembrar la duda, la angustia o el pánico en el espectador. O como he escrito en otras ocasiones, se trata de una historia en la que el espectador lo pasa realmente bien, pasándolo terriblemente mal. Es decir, puro suspense psicológico. En contra de la producción, cabría advertir que la cinta podría causar algún tipo de sensación claustrofóbica al carecer de localizaciones exteriores, sumadas a la fuerte tensión emocional de la propia argumentación. Pero en definitiva, su inteligente corta duración, su valentía y un cierto mensaje redentorista final, hacen de The Guilty, un muy notable debut de Gustav Moller en la dirección que le podría hacer volar del Sundance Festival a la alfombra roja de los Oscars, si finalmente Dinamarca está entre las finalistas.

Nota: 8/10.

Dirección: Gustav Moller.
Guión: Emil Nygaard.
Reparto: Jacob Cedergren,
Jessica Dinnage, Johan Olsen.
Fotografía: Jaspers Panning.
Duración: 85 minutos.
Estreno Dinamarca: 14/06/2018.
Estreno EE UU: 19/10/2018.
Estreno España: 23 de noviembre de 2018.




viernes, 16 de noviembre de 2018

Mi obra maestra: La comedia inteligente


Si yo pinto a mi perro exactamente como es, naturalmente tendré dos perros, pero no una obra de arte. -Goehte.

La historia: Renzo (Luis Brandoni) es un pintor que tuvo un enorme éxito en la década de los 80 del siglo pasado. Ahora, y en pleno siglo XXI,  no vende un solo cuadro y vive aislado en su desvencijada casa en la ciudad de Buenos Aires. Es entonces, cuando Arturo (Guillermo Francella), que es su galerista, le consigue una oportunidad de oro para volver a resurgir de sus cenizas pintando un cuadro por encargo para un gran empresario. Pero el huraño carácter del veterano artista lo complicará todo y lo que en principio debía ser una obra maestra en forma de lienzo, da lugar a numerosos enredos en los que se verán involucrados su joven novia, su discípulo (Raúl Arévalo), e incluso sus animales que conviven revueltos en el hogar de Renzo.


La crítica: Una vez más el cineasta argentino Gastón Duprat, apoyado en esta ocasión desde la producción por su inseparable Mariano Cohn, ha vuelto a lograr una excelente película como ya lo hiciera en las fabulosas El ciudadano ilustre o en Todo sobre el asado y que fueron reseñadas con puntualidad en Cine y críticas marcianas.

En Mi obra maestra nos encontramos con una comedia dramática o mejor dicho con una tragicomedia que es un término que se acerca más a la perspicaz y sarcástica mirada que nos ofrece un guión original sobresaliente firmado por Andrés Duprat. Este nos regala sonrisas sin descanso, carcajadas en ocasiones y sobre todo un inmenso divertimento a través de unos cuidadosos diálogos que convierten a la producción en cine con mayúsculas y consolidan al cine argentino como vanguardia en Hispanoamérica. ¡Existe el cine fuera de Hollywood y esto lo demuestra!

La película está divida en tres capítulos o actos dramáticos que sin ser presentados como tales hacen las veces de presentación, desarrollo y desenlace de una manera perfectamente sincronizada. En el primer acto vemos como es la vida del artista en la actualidad, y entrevemos como lo fue en su pasado. En el segundo acto vemos las consecuencias de su irresponsabilidad que le llevan casi a la indigencia. Y en el desenlace, nos encontramos ante una sorpresa narrativa de tan alto calado que lo mejor es no desvelar absolutamente nada para quien no haya visto la propuesta la pueda disfrutar en toda su intensidad y de una manera virginal en la sala de cine.

Lo que si podemos comentar es que la historia esta fundamentada sobre dos pilares. En primer lugar vamos a ver una poderosa y eficaz crítica hacia el mundo del arte contemporáneo y las burbujas económicas que se alcanzan con obras pictóricas (abstractas o no) que solo parecen entender unos pocos iluminados en el mundo de la pintura. Y el otro pilar sobre el que se asienta la producción es una conversación y reflexión sobre la amistad, ya sea esta desinteresada o por motivos mercantiles. Para ello demos una pinceladas sobre los protagonistas de la historia.


Luis Brandoni (No sos vos, soy yo) nos regala una de las mejores interpretaciones de lo que va de año de 2018 con un personaje loco, divertido, a veces frustrado y a veces genial, que siempre despide una inmensa ternura al agarrarse a un pasado que jamás volverá pero del que él se siente muy orgulloso. Hablamos del idealismo reflejado en un personaje que se nutre de los mundos de Berlanga, Fellini o incluso con algunos rasgos salvajemente tarantinianos. Pero si Brandoni está tremendo en su personaje, no le anda a la zaga el genial Guillermo Francella (Corazón de león), que le da una estupenda réplica como su representante y galerista en un personaje donde se fusionan mensajes en torno a la amistad/paternidad, la ambición, el engaño pero siempre con la lealtad como premisa más importante. Destacar también al actor español Raúl Arevalo (El aviso), en un papel secundario pero que tendrá todas las claves de la resolución del conflicto planteado en un tramo final apoteósico.

Hay que destacar en la producción la magnífica fotografía del maestro Rodrigo Pulpeiro y las excelentes localizaciones llevadas a cabo por el equipo de arte comandado por Cristina Nigro. En el prólogo de la filmación nos sitúan en la cosmopolita Buenos Aires, sus calles y sus gentes. En el posterior desarrollo cabe destacar una visita a Río de Janeiro y a su vanguardista Museo de Arte Contemporáneo. Y en la etapa final de la cinta, nos transportan a la provincia argentina de Jujuy donde la belleza agreste, hipnótica y multicolor del paisaje suponen un verdadero plus siendo este retrato contenido y nunca continente.


Mi obra maestra es en mi opinión la mejor película hispanoamericana del 2018 y en sí misma lleva escrita la definición de lo que es la verdadera comedia inteligente. Aunque mi función no consiste en recomendar películas, sino en emitir mi humilde juicio crítico, en esta ocasión voy a hacer una excepción y estoy en condiciones de garantizar que la entrada a la sala de cine o el adquirir la película en las plataformas habituales, será una inversión muy rentable en términos cinematográficos. En definitiva, Gastón Duprat, Mariano Cohn y el libreto de Andrés Duprat, nos regalan un largometraje perfectamente sincronizado, exacto y circular en su cierre final.

Nota: 9/10.

P.D. La crítica se ha publicado de manera simultanea, en portada y como noticia destacada en el siguiente enlace del diario Noroeste Madrid.

Nacionalidad: Argentina.
Dirección: Gastón Duprat.
Guión: Andrés Duprat.
Reparto: Luis Brandoni,
Guillermo Francella, María Soldi.
Raúl Arévalo, Andrea Frigerio.
Música: Emilio y Alejandro Kauderer.
Fotografía: Rodrigo Pulpeiro.
Duración: 100 minutos.
Estreno Argentina: 16/08/2018.
Estreno España: 16/11/2018.





lunes, 12 de noviembre de 2018

10 curiosidades sobre Walt Disney y su Mickey Mouse en el 90 cumpleaños del ratón que le dio la celebridad


Espero que no perdamos de vista una cosa: todo comenzó con un ratón.
-Walt Disney.

El día 18 de noviembre se cumple el 90 aniversario del debut cinematográfico de Mickey Mouse con su 'Steamboat Willie' en el Colony Theatre de Nueva York, y por ello, Cine y críticas marcianas se suma a la conmemoración con un decálogo elaborado gracias a la documentación de Elena Trujillo del departamento de prensa de Walt Disney Company Spain. ¡Muchas felicidades abuelo Mickey Mouse!



1. 'Steamboat Willie' era una animación de trazos muy sencilla pero sin embargo en ese 1928 fue la primera animación que combinó el sonido y la música.

2. El primer personaje licenciado de Walt Disney fue Mickey Mouse en el año 1929 tan solo un año después de su debut. Apareció en una libreta y sus seguidores se empezaron a multiplicar por todo el mundo. En ese mismo año se lanzó la revista Topolino en Italia y el crecimiento fue ya imparable a ambos lados del Atlántico.

3. En el año 1932, el mítico Walt Disney recibió un Premio especial de la Academia de Hollywood por la creación de su famoso y humilde ratón Mickey Mouse. En total, el mago de la animación obtuvo en su carrera 26 Premios Oscars de los cuales 4 fueron honoríficos, y 12 de ellos por cortometrajes de animación.

Vitrina con los Oscars de Walt Disney

4. Ya en los años 50 del siglo pasado se estreno en televisión The Mickey Mouse Club, que era un programa de variedades para niños que se emitía cinco días a la semana con Mickey como maestro de ceremonias y donde se emitían los cortometrajes creados por Walt Disney en las décadas pasadas.

5. En el año 1955 aparecieron los conocidos sombreros con orejitas de Mickey que aún hoy siguen causando furor entre los más pequeños de la casa.

6. En los años 60, Mickey se convirtió en inspiración para la comunidad artística y creativa. Y es que artistas como Andy Warhol, John Fawcet y Roy Lichestein incluyeron al ratón en sus obras y pasaron por los museos más reconocidos del mundo quedando sus obras para la posteridad.

7. En 1978, Mickey Mouse fue el primer personaje animado en recibir su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.


8. Mickey volvió al cine en el año 2013 con el cortometraje Get a Horse, que acompañaba al estreno de Frozen: el reino de hielo, y ese mismo año supuso su vuelta a Disney Channel con una nueva serie de cortos y un look renovado.

9. En el año 2014, el artista británico Damien Hirst creó una obra de arte inspirada en Mickey como parte de su colección Spot, que fue objeto de una subasta benéfica de Christie's en Londres. Hasta la fecha de hoy, Mickey ha inspirado también al mundo de la moda y grandes marcas de todo el mundo lo han llevado a sus prendas. Algunos ejemplos son: Marc Jacobs, Dolce & Gabanna, Tommy Hilfiger, Zara, Pandora, Bershka, Mango o Desigual.

10. En lo personal, el mayor éxito de Mickey Mouse, ha sido que tras 90 años de vida en común, su novia Minnie Mouse aún no le haya dejado y siga con él al menos hasta que cumplan 100 años de noviazgo. Creo que es hora de ir pensando en formalizar esa relación :-). Y si en lo personal, a Mickey & Minnie les va fenomenal, en lo profesional y a la hora de hablar de cine en largo, el mayor éxito al ratón hollywodiense, le llegó en la película Fantasía que aún hoy en día sigue considerándose una obra de arte por crítica y público. ¡Muchas felicidades Mickey!



Si alguien quiere dejar algún comentario, me gustaría lanzar una pregunta al aire, ¿cuál o cuáles son vuestras películas de animación preferidas? Algunos ejemplos podrían ser Pinocho, Dumbo, La Cenicienta, Bambi, Blancanieves, Toy Story, Inside Out, Up, Shrek o El rey león, pero como sabéis hay un gran catálogo para elegir y no tienen porqué ser de Disney. Gracias como siempre por vuestra atención. 


miércoles, 7 de noviembre de 2018

¡Qué maravilloso es el cine! La strada de Federico Fellini


Un buen comienzo y un buen final, hacen una buena película, siempre y cuando estén cerca uno del otro. -Federico Fellini.

La frase que encabeza esta retro reseña dedicada al genio italiano converge y se fusiona a la perfección con mi manera de entender la cinematografía. Sin duda una buena presentación en el cine o incluso en la vida de la personas, asientan las bases para que una relación personal o cinematográfica tenga éxito. Pero si importante en el cine es el punto de partida, la clave de toda producción pasa por un final que sea concluyente, coherente y que resuma de alguna manera la tesis argumental de la propuesta presentada siempre que hablemos de cine que transcienda más allá del mero espectáculo. En ningún caso hablamos de que un final tenga que ser trágico, cómico, abierto o cerrado. Eso queda ya lógicamente en la libre expresión artística del cineasta de turno. Pero lo que si debe contener la finalización de una obra es la cercanía o algún punto de encuentro con lo que se nos presentó al comienzo de la narración. Y a eso es lo que se refiere el maestro italiano cuando dijo y aplicó en sus películas eso de que el comienzo y el final de las películas tienen que estar el uno cerca del otro. Cuando además, en un filme se consigue un final circular volviendo incluso al punto de partida o se reúnen a todos los personajes de alguna manera en la secuencias finales, es cuando el cine luce en toda su intensidad.


La strada (la calle, el camino) es un cuento universal que recoge de alguna manera la base sobre la que se asienta la peculiar cinematografía de Federico Fellini y una manera perfecta para introducirse en sus películas para quien aún no las conozca.

La historia nos cuenta la vida de Zampanó (Anthony Quinn) que es un artista ambulante sin escrúpulos que se gana la vida con pequeños espectáculos circenses por los pueblos y ciudades de la empobrecida Italia de los años cincuenta del siglo pasado. Pero para ello necesita a una compañera que sirva de animadora y para pasar el sombrero recogiendo las propinas que pueda obtener de dichas representaciones artísticas. Con tal motivo, decide comprar a la joven muchacha Gelsomina (Giuletta Masina) sobornando y pagando a su madre que sumida en la miseria acepta el trato para poder mantener al resto de su familia. Gelsomina que padece algún tipo de retraso mental, emprende el viaje con Zampanó y poco a poco comienza a encariñarse de él, a la vez que encuentra su vocación como artista cómica en un mundo totalmente nuevo y atractivo para ella.

En cierta manera en La strada podemos encontrar reminiscencias con el cuento de hadas francés La bella y la bestia pero cambiando enfoques, perspectivas e invirtiendo los términos de muchos de aquellos personajes. Zampanó es en esta ocasión una verdadera bestia humana pero lejos de poseer lujosos castillos, su centro de poder se asienta en un triste carromato que arrastra con una motocicleta tan desgastada como su propia vida. En contraposición, Gelsomina se podría asemejar a "La bella" por su inocencia, dulzura y buen corazón. Pero aquí es donde Fellini introduciría la mayor variante si admitiéramos la tesis o al menos el parecido razonable (invertido) con el cuento de Gabrielle de Villenueve. Y es que lejos de acentuar los valores morales de nuestra protagonista femenina adornándola de la belleza clásica de la mujer italiana, Fellini introduce a esta bella de corazón en el rostro de una actriz que desde luego era de todo menos bella. Desde luego, la apuesta es extraña en el cine y en la propia narrativa de las películas que suelen asociar las virtudes morales a la belleza femenina. Si además, el personaje de Gelsomina es interpretado por Giulletta Masina que era la propia esposa del cineasta italiano, y que es llamada en el guión entre otras cosas "cara de alcachofa", no cabe duda que la elección no es casual, introduciendo en la cinematografía generalista un nuevo arquetipo más bien utilizado en personajes masculinos, como es el de la chica poco agraciada pero de excelente corazón.


Cabe recordar que la película está realizada en el año 1954 cuando la posguerra en Italia aún causaba estragos entre la población y la pobreza se hallaba extendida en buena parte de las capas sociales del país transalpino. Aunque se podría enmarcar dentro del Neorrelismo cinematográfico italiano, en mi opinión, Fellini apuesta en La strada por romper de alguna manera con este movimiento y marcar un punto de inflexión o una transición entre este tipo de cine más social para pasar a lo que él quería expresar artísticamente a través del celuloide. Y es que el Neorrelismo venía marcado por un cine de estilo casi documental en el que se buscaba principalmente remarcar la grave situación económica italiana como se podía observar en El ladrón de bicicletas de Vitorio De Sica del año 1948 y en la que el hambre, la miseria y el desempleo eran los únicos hechos a denunciar por encima del estilo conceptual de cada artista. Es entonces cuando Fellini sin dejar de remarcar la trágica situación que azotaba más si cabe al medio rural italiano, decide apostar por volver a introducir elementos artísticos y en el caso de La estrada, hasta poéticos, para además de volver al cine como hecho artístico, introducir ya sin concesiones sus personajes tan especiales, estrambóticos, patéticos, dulces en ocasiones, amargos en otras, que lo llevaron a crear un estilo tan personal y característico.


El mundo de Fellini ya era una realidad y sus influencias llegan hasta nuestros días de manos de numerosos directores. La strada nace con vocación de ser una especie de memorándum del universo del cineasta con situaciones y personajes surrealistas, conversaciones en torno a la religión, exabruptos circenses y el propio circo como medio de expresión de sus gustos más personales. La música era otro punto de apoyo importante para conseguir transmitir las emociones presentadas en pantalla y con los compases del gran Nino Rota la tensión sinfónica estaba asegurada. De hecho el tema central de la película reseñada hoy engarza de alguna manera con el tema central de la película El Padrino que supuso para el compositor italiano la máxima celebridad entre los compositores de música de cine.

Respecto al reparto y completando la gran actuación de Giulletta Masina con su icónica Gelsomina, nos encontramos quizás con el mejor momento de Anthony Quinn representando con acierto a la bestia humana de Zampanó que más que un hombre es un animal sin escrúpulos. Este personaje sirve como contrapunto a la inocencia que Fellini buscar representar en la joven y desgraciada muchacha. Con estas dos almas contrapuestas y que como dos polos que se atraen, el director italiano busca transitar un camino de autodestrucción en un bucle de amor, odio, necesidad y ofuscación en la que la frustración/felicidad van apareciendo según las necesidades narrativas de la propuesta. Pero hay un tercer personaje en la película que sirve de nexo de unión para poder comprender estos mundos tan distintos. Se trata de "El loco" interpretado sabiamente por Richard Basehart y que es otro artista ambulante que se cruza en la vida de la pareja protagonista. Y es que probablemente una de las secuencias más importante de la película se produce en una conversación en la que "El loco" hace ver a Gelsomina que todo hombre o mujer tiene un propósito en la vida. Fellini utiliza en este caso una metáfora en forma de algo tan sencillo como una piedra, para transmitir a través del humanismo, la importancia de cada individuo como bien común de una sociedad que se corrompe por momentos.


En conclusión, La strada supone en mi forma de entender el cine, una conmovedora filmación sobre el comportamiento humano con la que Federico Fellini a través de unas criaturas mágicas salidas de su propio universo sentimental, nos conmina a ser mejores personas utilizando la cinematografía en forma de fábula universal.

P.D. Federico Fellini ganó con La strada el Festival de Venecia en el año 1954 en la categoría de mejor director y fue la primera película de la historia que obtuvo el Premio Oscar de la Academia en la categoría de mejor película de habla no inglesa.

viernes, 2 de noviembre de 2018

El árbol de la sangre: Mi verdad más grande


Ofrecer amistad al que pide amor es como dar pan al que muere de sed. -Ovidio.

La historia: Rebeca (Úrsula Corberó) y Marc (Álvaro Cervantes) son una pareja de enamorados que deciden pasar unos días en un caserío familiar del País Vasco buscando el aislamiento y la intimidad más absoluta para recomponer su pasado. Para ello, deciden poner en común los recuerdos de ambas familias, trazando un árbol genealógico que los llevará al punto exacto en el cual se conocieron. Además, se proponen un reto de sinceridad extrema, en el que tendrán que redactar juntos la historia de su romance y desvelarse el uno al otro, todos los secretos que pudieran guardarse tanto en el ámbito de la pareja como en el oscuro pasado familiar.

Úrsula Corberó y Álvaro Cervantes

La crítica: La poderosa imagen superior en la que vemos a dos jóvenes uniendo sus manos a través de la corteza de un poderoso árbol, es la poética metáfora con la que Julio Medem (Los amantes del círculo polar), abre esta complejísima historia de más de diez personajes entrelazados a través de un guión original que en sí mismo es ya una obra literaria de máximo alcance.

¿Qué trata de decirnos Julio Medem en esta hiperbólica historia de amores y desamores, encuentros y desencuentros, huidas y venidas? Pues en primer lugar que está de regreso y espero que esta vez sea ya para dirigir y escribir películas de manera continuada ya que desde 2010 solo había dirigido incomprensiblemente dos películas y se encontraba aislado del panorama audiovisual nacional e internacional.

El árbol de la sangre es una película que paradójicamente se podría disfrutar más en un segundo visionado, que en la primera proyección, y esto es debido a la complejidad del puzzle sentimental ofrecido por el cineasta. Pero en cualquier caso, la obra presenciada es mayúscula en sentimientos y dolorosa como un cuchillo cuando poco a poco va penetrando en la memoria vital del espectador, generando con ello, una fuerte empatía con la pareja protagonista que en definitiva representan la pasión y el dolor cuando el primer amor aparece en la vida de las personas.

Otra de la muchas preguntas que lanza al aire Medem, es si la sinceridad absoluta fortalece o por el contrario destruye las relaciones humanas ya sean en el lado amoroso o en el ámbito familiar. ¿Realmente somos responsables de los aciertos o de los errores de nuestros antepasados? ¿Son los impulsos sexuales de alguna manera controlables en el comportamiento humano vistos desde el punto de vista puramente biológico? ¿Son los celos una muestra de amor o solo un tormento para aquellos que los sufren o los padecen? Estas son algunos de los interrogantes que nos ofrece el cineasta y que responde de manera muy personal a través de los personajes representados en la historia.


Úrsula Corberó (La casa de papel) es una actriz en plena evolución y que consigue a través de Julio Medem dar el salto de calidad que le hacía falta en la gran pantalla sin el sometimiento mediático o las prisas que conllevan las interpretaciones en las series televisivas. Aquí luce perfecta en el personaje de Rebeca que fue una niña sometida a un trasplante de órganos cuando era un bebé y este hecho se convertirá en el verdadero árbol de la sangre por la que transcurre toda su experiencia vital y la de su familia. Rebeca conoce poco después de cumplir los 18 años a Marc e inician una relación compleja hasta que siete años después deciden hacer una apuesta de sinceridad en unos días que cambiarán sus vidas para siempre.

Marc es interpretado correctamente por Álvaro Cervantes en una historia con un parecido razonable a la que le otorgó cierta popularidad y llamada El sexo de los ángeles en la que también se hablaba sobre las relaciones de pareja en sus comienzos. En este caso, su personaje no es llevado a la fuerza por Rebeca al caserío vasco, sino que es más bien él y en una idea de su madre (¡ay las suegras!), el que decide e impulsa esta manera un tanto tóxica pero liberadora de conocer a fondo a su pareja que al parecer guarda extraños y misteriosos secretos ocultos.

Nawja Nimri de la que hablábamos la semana pasada a raíz de su mágica interpretación en Quién te cantará vuelve a demostrar que está en su mejor momento profesional interpretando a "La Maca" que es el personaje que hace de la madre de Rebeca. Y es que nos encontramos ante una madre que afronta el reto más difícil de su vida, tras sufrir una enfermedad mental después de haber dado a luz a su bebé. Incluso por momentos, tiene que ser ingresada en centros psiquiátricos y con ello dejar en manos de su nueva pareja, el cuidado de su niña.

Este padre, que sin ser biológico, es un ejemplo en cuidado de madre y niña, es interpretado por Daniel Grao (Julieta) y simboliza la maternidad/paternidad por encima de sexos hasta que la presión le puede y comienza a coquetear con el mundo de las drogas como forma de evasión ante la combinación de conflictos personales.

En el caso del personaje del joven enamorado (Marc), su relación paterno/materna se establece principalmente con su madre que es la ideóloga de que la joven pareja pongan por escrito sus puntos en acuerdo y en desacuerdo pasa así avanzar o no en la relación. Este papel es interpretado por Maria Molins (Cien años de perdón).

Por último, y quizás el personaje y el actor más interesante de toda la película junto a Nawja Nimri, es el otorgado por Medem para el actor argentino Joaquín Furriel (El faro de las orcas), que da vida a Olmo que es un hombre con un oscuro pasado, pero que aparece como constante en la vida de de los demás personajes con idilios, conflictos o pasajes tortuosos y que tendrá la llave para desvelar si el futuro amoroso de Rebeca y Marc tiene futuro o debe darse por concluido.

Me dejo algunos actores secundarios pero de relevancia, ante un reparto coral que nos lleva a los 14 personajes que deben ser ya descubiertos y disfrutados en la sala de cine. Pero en una primera conclusión, cabe decir que todo este entrelazado de historias nos lleva a la idea general de que sin conocer quien somos, ni de donde venimos, difícilmente sabremos hacia donde encaminar nuestros pasos.


El árbol de la sangre es un cuento moderno envuelto de forma muy poética en las potentes imágenes que nos regala Julio Medem. En conclusión, es una película muy profunda y algo confusa, que va creciendo poco a poco de manera inversa a como lo hacen las raíces de un árbol. El cineasta vasco fija siempre el foco de atención en los conflictos pasionales, sentimentales o éticos que han acompañado su filmografía. Nos encontramos también ante una filmación muy dolorosa con frases desgarradoras, que si bien sacadas de contexto pueden parecer excesivas en lo melodramáticas, en el colocón emocional en el que nos envuelve el director causan el efecto narrativo deseado. Quizás las más llamativas de las que recuerde sean las tres siguientes:

_Me mata pensar hasta donde pudiste ser capaz de engañarme.

_He sabido tu verdad y he dejado de quererte.

_¿Recuerdas mi verdad más grande?

En definitiva, la filmación no deja de ser una historia de amor trágico que enlaza de alguna manera y con muy buen gusto narrativo con el Romeo y Julieta de William Shakespeare, pero con la diferencia de que Julio Medem ofrece a sus amantes una salida para que reconstruyendo el pasado puedan conquistar el futuro.

Nota: 8/10.

Nacionalidad: España.
Dirección y guión: Julio Medem.
Reparto: Úrsula Corberó, Álvaro Cervantes,
Najwa Nimri, Daniel Grao, Joaquín Furriel.
Música: Lucas Vidal.
Fotografía: Kiko de la Rica.
Duración: 130 minutos.
Estreno España: 31/10/2018.

martes, 30 de octubre de 2018

El fotógrafo de Mauthausen: 7532 españoles en el centro del infierno nazi


Creo que empezamos a olvidar y, como europeos y sobretodo como seres humanos, no nos lo podemos permitir. -Mar Targarona.

La historia: El 5 de mayo del año 1945, la 11ª División Acorazada de los Estados Unidos entraba en el campo de concentración de Mauthausen en Austria, siendo recibidos con alborozo entre los presos que no habían sido exterminados y con unas pintorescas pancartas hechas con sábanas en las que había escritas unas palabras de bienvenida en español. De hecho, aquel lugar en el que se cometieron crímenes a destajo fue conocido como "el campo de los españoles" y en él, Francisco Boix (Mario Casas), desempeñó un papel crucial como fotógrafo retratando y escondiendo los negativos que sirvieron posteriormente para denunciar lo allí sucedido y encausar a algunos de los responsables de aquellos crímenes contra la humanidad.


La crítica: La cineasta catalana Mar Targarona (Secuestro) ha conseguido con gran eficacia narrativa aportar luz a la historia del preso republicano español Francisco Boix, que aprovechó sus conocimientos en fotografía para conseguir un puesto en el laboratorio fotográfico de Mautaushen-Gusen en una historia que si bien había sido llevada al cómic o al documental, nunca había llegado a ser ficcionada a través de la gran pantalla de cine y además lo hace desde una visión relativamente novedosa.

Cuando los nazis preguntaron a su aliado, el dictador Francisco Franco, sobre que sugerencias proponía para los presos españoles encerrados en los campos de exterminio, el genocida del Caudillo, respondió que esas personas no eran españolas y junto a su cuñado Serrano Suñer, acordaron con las fuerzas alemanas un pacto no escrito para que los españoles allí encarcelados formaran parte de la solución final y fueran exterminados junto a los demás ciudadanos europeos que habitaban dichos campos. De hecho, los españoles fueron marcados con un triangulo azul que significaba: apátridas. A esto, los propios miembros del ejercito alemán añadieron una S de spanien, reconociéndoles al menos un estatus o país de procedencia para clasificarlos como presos políticos y no como judíos. Es decir, hasta los propios psicópatas de los nazis, tuvieron más "sensibilidad" con los españoles, que los propios gobernantes ibéricos si es que a esa banda de franquistas infectos se les puede calificar como gobernantes. Lo más curioso es que aún hoy en 2018 se siguen escuchando voces en España con el dicho de: "con Franco se vivía mejor". Claro se vivía mejor si no te habían matado antes. Como no quiero caer en ningún tipo de maniqueísmo, esto mismo valdría para los rusos que dicen que con Stalin se vivía mejor, o para lo futuros fanáticos que dirán que con Castro o con Chavez se vivía de puta madre. Sin duda, el fanatismo político del hombre nos determina a repetir una y otra vez la historia y ese es el fondo del mensaje que El fotógrafo de Mauthausen trata de transmitir, como en su día lo hizo Spielberg con La lista de Schindler.

Volviendo a la película en sí, lo que trata de reflejar la cineasta es la importancia de los fotógrafos y de sus fotografías para constatar de manera gráfica los acontecimientos históricos desde que tenemos este medio a nuestra disposición. Supongo que a todos nos habrá llamado la atención en algún momento de nuestra vida, cuando hemos visto a algún reportero de guerra o algún fotógrafo "civil", trabajar en medio de un conflicto bélico o tras un atentado terrorista, y dedicarse a tomar fotografías en vez de soltar la cámara y atender a los heridos. Bueno ahí puede surgir un conflicto ético, pero seguramente estos fotógrafos sacrifiquen su conciencia personal, para retratar a modo de denuncia la barbarie en la que el ser humano ha incurrido a lo largo de la historia. Por eso y quizás sin el sacrificio de hombres como Francisco Boix, hoy no hubiéramos conocido gráficamente lo que se hizo en Mauthausen. ¿Y que se hizo allí? Pues estas angelicales criaturas alemanas se dedicaban a las nobles tareas de practicar tareas de exterminio con cámaras de gas fijas, o en camiones móviles, fusilar o ametrallar a los presos, matarlos de hambre en celdas de castigo sin proporcionarles alimentos ni agua hasta su fallecimiento, flagelaros con latigazos hasta su muerte, darles duchas de agua helada en invierno con las consecuencias imaginadas, practicarlos el sangrado o el desangrado hasta la muerte para mandar su sangre a los frentes del este, hacer experimentos médicos con los presos y utilizarlos de esclavos en la famosa "escalera de la muerte de Mauthausen", que con sus 186 pavorosos escalones, era sinónimo de muerte cuando los reos tenían que subir piedras de granito de unos 25 kilogramos como si fueran animales de carga hasta que caían extenuados. En dichas escaleras, y en mitad de la noche, algunos presos eran "suicidados" arrojándolos desde arriba como se muestra en una secuencia de la película. Cabe decir que muy buena de la arquitectura totalitaria nazi proviene de este yacimiento de granito austriaco.


El peso de la producción está soportado casi en su totalidad por el mejor Mario Casas (Toro), que yo haya visto en el cine y que por fin deja sus tics juveniles para convertirse en un verdadero actor. Lo más loable en esta transición actoral es un buen trabajo, muy buen trabajo en la dicción que siempre es lo que más le hemos criticado. De hecho, muy acertadamente y para apreciar su buena evolución en este aspecto, la directora le permite abrir la producción narrando en off el principio de la historia en un hecho insospechado en sus comienzos. Cabe destacar además que ha recibido clases de alemán para interpretar al personaje y ha perdido quince kilos para aportar la credibilidad necesaria. Así que al Cesar lo que es del Cesar, y a Mario lo que es de Mario. El resto del reparto es monocorde, destacando eso sí a Alain Hernandez en su papel del preso Balbuena o a Macarena Gómez que interpreta brevemente a Dolores que es una muchacha española obligada a ejercer la prostitución. Pero, ¿existía la prostitución en Mauthausen? Pues efectivamente, así es. En el colmo del despropósito nazi-machismo, se instaló un prostíbulo con esclavas sexuales para que algunos presos de "confianza" tuvieran un "premio", y para que estas mujeres fueran multivioladas por las tropas alemanas aunque esto se omite en la película.


En la parte técnica de la producción cabe destacar la buena fotografía digital de Aitor Mantxola que tiñe la película de grises pero que deja ver lo que sucede en todo momento. Otro aspecto muy destacable es la dirección de arte y vestuario, ya que cabe recordar que en el campo de concentración había además de los oficiales y soldados, presos que ejercían de fotógrafos, peluqueros, albañiles, sastres o administrativos y hubo que buscar materiales y ropa acorde con el contexto histórico narrado. Y como no, destacar la música del compositor canario Diego Navarro que firma unos pasajes extraordinarios. Ademas la producción se ha llevado hasta Budapest para aprovechar lo que quedaba de la recreación que se hizo del campo en la película 'El niño del pijama de rayas'. En cambio, en el debe de la película cabría poner alguna pega a cierta teatralización en su conjunto y a la utilización del melodrama de manera innecesaria aunque comprensible en el contexto narrado.

En conclusión, El fotógrafo de Mauthausen, es una buena propuesta que actúa como testigo directo de la vida y obra de Francisco Boix que consiguió gracias a su ingenio, a su fortaleza mental y a sus ideales, realizar más de mil fotografías en el centro del infierno nazi en el que perecieron 4.816 presos españoles de los 7532 que fueron trasladados hasta Mauthausen. Con parte de ese material gráfico, Boix pudo demostrar, documentar y testificar en los Juicios de Núremberg y con ello ayudar a condenar a parte de la jerarquía nazi al mando del campo de exterminio austriaco.

Nota: 7/10.

Nacionalidad: España.
Dirección: Mar Targarona.
Reparto: Mario Casas, Alain Hernandez,
Macarena Gómez, Richard Van Weyden.
Guión: Alfred Pérez-Fargas, Roger Danès.
Música: Diego Navarro.
Fotografía: Aitor Manxola.
Duración: 110 minutos.
Estreno España: 26/10/2018.






viernes, 26 de octubre de 2018

Quién te cantará: La arquitectura de construir una buena historia


Después de alcanzado el éxito, todos olvidan las cualidades con que lo alcanzaron.
-André Maurois.

La historia: Tras perder a su madre, la exitosa cantante Lila Cassen (Najwa Nimri), decide tomarse un tiempo fuera de los escenarios que se va extendiendo hasta una retirada que va camino de los diez años. Pero justo cuando decide reaparecer en el mundo de la canción, tiene un accidente en la playa que le hace perder la memoria y con ello la forma que tenía de interpretar sus canciones. Es entonces cuando Blanca (Carme Elías), que es su representante, encuentra a una cantante no profesional especialista en interpretar las canciones de Lila Cassen y le pide ayuda para que la artista recupere su memoria, su voz y su vida artística.


La crítica: El cine cobra su verdadero sentido como arte escénico cuando la arquitectura de construir una historia se hace desde la sencillez, pero a la vez buscando en la complejidad de las relaciones humanas. Con ello se aporta una visión humanista, unos trazos vitales o una manera de composición cinematográfica, que puedan definir a unos personajes con los que nos podamos identificar o al menos comprender. Por eso, cuando buscamos en el cine algo más que un entretenimiento, a los cinéfilos nos es suficiente con la sinceridad de un cineasta contando una historia que más sencilla o más compleja, sea eso, una historia con algo que decir y que deje un poso en nuestros recuerdos, incluso por encima de nuestros propios gustos personales.

Quién te cantará es la tercera película dirigida por el cineasta español Carlos Vermut que alcanzó el reconocimiento nacional e internacional cuando ganó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián con su anterior película Magical Girl. En esta ocasión, nos lleva de una manera muy profunda a indagar en el universo femenino a través de las vidas entrelazadas de cuatro mujeres que cruzan sus caminos en un momento muy complicado para todas ellas. Todo en la película se rige por un universo muy almodovariano que en esta ocasión es más que acertado, ya que funciona como una inspiración y no como una copia. De hecho, el propio Pedro Almodóvar quedó prendado con la anterior película del director y no dudó en elogiarlo como uno de los cineastas más prometedores y originales del nuevo cine independiente español. La suma de Alberto Iglesias como compositor de la banda sonora, que también es asiduo de la cinematografía del maestro manchego, completan el mapa sentimental de una manera de hacer cine que no puede, ni debe dejar indiferente a nadie. Eso no quiere decir que sea un tipo de cine sencillo, frugal o recreativo, ya que como escribía anteriormente, aquí la construcción de la historia está cocinada a fuego lento, y son muchos los matices a tener en cuenta a la hora de presenciar una proyección algo incomoda pero de una profundidad narrativa hipnótica en su mirada.

Todo en la historia es una conversación sobre la identidad de las personas y como los acontecimientos vitales marcan de una manera muy acusada dicha identidad y la forma de relacionarnos con nuestro entorno. Mensajes en torno a la fama, a la admiración, al fracaso, a la maternidad, o incluso a la violencia juvenil, son retratados a través de unos personajes de los que nunca dejamos de aprender a veces por sus errores y las menos veces por sus aciertos. Todo este mensaje que se va descifrando en la película, pasa por un extraordinario elenco actoral femenino de los que voy a dar unas pinceladas para poder comprender porque el cineasta nos habla de sus miedos, dudas, sueños e ilusiones a través de las actrices elegidas con gran acierto.


Najwa Nimri es una actriz excepcional que combina sus trabajos audiovisuales con su faceta como cantante profesional. Relegada estos últimos años incomprensiblemente del cine, la podemos recordar por sus interpretaciones en las películas El método o En los amantes del circulo polar. Actualmente ha estado trabajando en la serie Vis a vis de Antena 3, pero con todo el respeto para los aficionados a la serie, Najwa (nombre árabe), está muy por encima de estas cosas. Tras cinco años sin trabajar en el cine (en parte se funden persona y personaje interpretado en Quién te cantará), este 2018 reaparece con dos películas que se estrenan muy seguidas. La próxima será en breve a las ordenes de Julio Medem y hablaremos también de ella. Pero volviendo al personaje de Lila Cassen en la película hoy reseñada, cabe decir que es la base sobre la que se asienta toda la producción y sobre el que giran los demás personajes de forma concéntrica. Hablamos de un personaje con unos matices muy ricos, pues tras sufrir una fuerte amnesia no comprende la fama alcanzada, y según va recuperando la memoria, inicia un proceso de auto-descubrimiento personal que el cineasta aprovecha para hablarnos de la pérdida a través de los recuerdos de una artista que le debe todo a su madre.

El vacío que deja en su vida la pérdida de su madre, nos lleva al personaje de su representante artística que ocupa ese papel maternal cuidando de la artista como si de su propia hija se tratara. Este papel es interpretado con una categoría única y una dicción impecable, por la veterana actriz ganadora del Goya en 2008 Carme Elías y que diez años después debería alcanzar al menos una nueva nominación por su exquisita interpretación. Una verdadera dama en escena.

El otro papel clave de la cinta es para Violeta (Eva Llorach de Magical Girl), que vive aislada en su universo particular trabajando en un Karaoke y dando rienda suelta en dicho local a su pasión por la canción. Aunque más que una vocación, sus interpretaciones musicales siempre están inspiradas en su admiración incondicional por Lila Cassen a la que imita a la perfección. La gran sorpresa de su vida llega cuando la representante de la artista se pone en contacto con ella para que conviva con su admirada cantante y le enseñe de nuevo a ser quien era y a interpretar sus canciones como lo hacía antes del accidente que la dejó en estado de amnesia.

Y para concluir con el reparto, nos encontramos con el personaje de Marta que es la joven hija de Violeta y que representa la violencia juvenil, además de introducirnos el tema del chantaje emocional de los hijos que conviven en familias desestructuradas. En este caso, Marta, la tiene tomada con su madre a la que tiene amenazada y dominada por completo. Aunque este tema es secundario en la película, acaba tomando forma de tragedia griega y sustentando la base de la resolución de la propuesta presentada. El personaje de Marta es interpretado con acierto y fuerza por la ganadora de dos Premios Goya, Natalia de Molina, a la que tuve la fortuna de entrevistar hace un par de años por otro papel bastante complejo y controvertido (Entrevista a Natalia de Molina).


La parte técnica de la película se funde de manera muy especial con la forma poética que tiene Carlos Vermut de impregnar sus filmaciones. En la película el mar ejerce como sujeto narrativo tanto en la secuencia inicial, como con breves e intermitentes apariciones en forma de amaneceres o puestas de sol marítimas en la parte central de la historia y cerrando el círculo de manera virtuosa en la escena final con el mar tomando forma redentorista y expiatoria. Otro aspecto a destacar es la utilización de los espacios tanto interiores en la mansión de la artista, como exteriores en las playas de Rota en Cádiz, que siempre están al servicio de narrar algo importante en la historia. Mención especial por lo tanto a Laia Ateca que es la directora de arte de la producción y a la fotografía de Eduardo Grau.


Quién te cantará es una película compleja, profunda y difícil que asombra con su belleza fílmica y aturde por momentos por la densidad de sus texturas narrativas. Nos encontramos también ante una filmación muy femenina en la que el hombre no aparece en este complejo universo, dando a entender con ello, que la figura masculina ya no es el único eje sobre el que se vertebra la vida, los sentimientos o los sueños de la mujer. Con ello, Carlos Vermut, nos inquiere con su alegato sentimental a acabar con un patriarcado que marcó y marca aún la pauta en sociedades cerradas que impiden las libertades individuales. Pero por encima de mensajes, o significados ocultos, nos encontramos ante algo tan complejo y a la vez tan sencillo, como es la arquitectura de construir una buena historia.

Nota: 8/10.

Nacionalidad: España.
Dirección y guión: Carlos Vermut.
Reparto: Najwa Nimri, Carme Elías,
Eva Llorach, Natalia de Molina.
Música: Alberto Iglesias.
Fotografía: Edu Grau.
Duración: 124 minutos.
Estreno España: 26 de octubre de 2018.