Modelo 77, la nueva película de Alberto Rodríguez protagonizada por Miguel Herrán y Javier Gutiérrez, se ha estrenado en cines españoles el día 23 de septiembre. La cinta española ha obtenido muy buena recepción en su paso por el reciente Festival de San Sebastián en la que participó en la Sección Oficial pero fuera de concurso.
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La historia: Barcelona 1977. Manuel (Miguel Herrán), un joven contable, es encarcelado por desfalco en la cárcel Modelo. Se enfrenta a una posible pena de prisión de entre seis y ocho años. Su compañero de celda, Pino (Javier Gutiérrez), se une a un grupo de presos comunes para reclamar una amnistía. A partir de ahí se inicia un conflicto por la libertad que hará tambalear al sistema penitenciario español.
La crítica: Para poder explicar con autoridad una película es importante situarla de manera adecuada en su contexto temporal, social, cultural y geográfico de la época retratada. Tras caer la dictadura franquista en la España de 1977 se aprobó un real decreto-ley mediante que aprobaba el derecho a huelga. El 1 de abril, España derogó el artículo 2 de la Ley de Prensa e Imprenta por el que se puso fin a la censura, las sanciones y los secuestros de los periódicos españoles. Mientras tanto, el 14 de mayo, Juan de Borbón renunció a los derechos dinásticos de la Corona de España en favor de su hijo, Juan Carlos I. Ese mismo año también se aprobaría la ley de la Amnistía y se celebrarían las primeras elecciones tras la dictadura.
Modelo 77 refleja con crudeza como los avances sociales que se vivían en España no se veían trasladados al sistema penitenciario que vivía una realidad paralela como si el franquismo siguiera existiendo y los presos eran tratados como alimañas. Se amnistió a los presos políticos pero el resto de presos, los autodenominados sociales, seguían en las cárceles sometidos a unas condiciones de vida durísimas, de insalubridad y regidos por un sistema penitenciario donde los derechos humanos brillaban por su ausencia. Hablamos de gente encarcelada por delitos miserables, robos menores o leyes obsoletas. Alberto Rodríguez refleja de manera notable lo que estaba sucediendo en las cárceles españolas y a su vez nos regala una gran historia basada en las protestas en forma de motines y automutilaciones que se produjeron en la cárcel.
La cinta es poderosa, conecta de inmediato con el espectador y consigue un excelente ritmo narrativo en sus dos horas de duración que transcurren en un suspiro. Modelo 77 es un filme de personajes dentro de un espacio cerrado, de personajes que tienen que creer y hacer un largo viaje interior para conocerse y para conseguir unos objetivos muy complejos. Presos de toda índole trabajarán en un proyecto común, de manera desesperada y sin pensar en las consecuencias. El proyecto era democratizar la prisión creando la asociación COPEL que coordinó las exigencias de los derechos humanos de los presos. Hay una secuencia rodada de manera coral impresionante. Se retrata como en la Modelo de Barcelona 200 personas se cortaron las venas a la vez para llamar la atención sobre su situación. En Carabanchel, otros presos pasaron días enteros subidos a los tejados protestando y pidiendo justicia. Casi todas las cárceles del país terminaron rebelándose contra el sistema e incluso hubo motines coordinados entre distintas prisiones. En la imagen inferior observamos el motín de la Modelo reflejado en el filme y a los presos encaramados a su tejado.
Como comentaba antes, la película se sustenta en sus personajes, en las historias que les suceden y cómo las enfrentan. Para ello se cuenta con un plantel de actores que repasaremos a través de sus personajes.
Manuel es interpretado por un gran Miguel Herrán. Su personaje es el hijo de una humilde familia de emigrantes andaluces. Es inteligente, obstinado, generoso, contestatario y soberbio. Tiene alma de obrero y gustos de burgués. Un advenedizo. Un desclasado carismático. Sus aspiraciones en la vida son muy altas. Él no es como los que le rodean; ese es el concepto que tiene de sí mismo. Pronto deja su barrio para buscarse la vida en la ciudad. Sabe relacionarse con la gente; es perspicaz. Educado. Con el tiempo consigue un trabajo como administrativo en una importante empresa y una buena posición social. Ha alcanzado su sueño. Y se olvida de sus orígenes. De quién es, de dónde viene. Intentando mantener su nueva vida, roba dinero de la caja de su empresa. En ningún caso piensa que vayan a cogerlo. Es más listo que nadie. O eso piensa. Pero ocurre. Cuando el país celebra el fin de una larga dictadura y Manuel acaricia el sueño de la democracia, lo encarcelan. Sin fecha de juicio y con una condena muy larga para los hechos que se le imputan, observaremos de manera hipnótica como se las apaña en las entrañas de la prisión.
Pino, interpretado con la solvencia habitual de Javier Gutiérrez es seco, poco hablador, lapidario y honesto. Es el compañero de celda de Manuel. Un preso taleguero y de largo historial carcelario. Un lobo estepario. Solitario. Escéptico y descreído. Lleva más tiempo entre rejas que fuera. Ha pasado por el reformatorio y por muchas cárceles del país. Se ha forjado la leyenda de hombre duro y violento, la única forma de sobrevivir en un lugar donde impera la ley de la selva. Hace años que vive de espaldas al mundo, a la cárcel y a los presos. Aislado de todo. En su burbuja. No cree en nada. En nadie. Su futuro no existe. Colecciona camisas de tipo fantasía y alquila novelas de ciencia ficción que se sabe de memoria, un negocio que le sirve como tapadera para vender hachís en la cárcel con la connivencia silenciosa de los funcionarios. Pero la presencia de Manuel le hará cambiar en una acertada evolución de su personaje que acaba conectando con el espectador.
En el resto del reparto destacan Jesús Carroza y Fernando Tejero que representan a dos veteranos presos que trafican, trapichean y se mueven por la prisión como Pedro por su casa. Una cárcel muy bien recreada en los aspectos técnicos aunque la oscura fotografía resta puntos al conjunto de artes adicionales como son vestuario, maquillaje o dirección artística. Para dar algo de calidez al filme se introduce a un personaje femenino que va a ver a Manuel de manera regular con el que iniciará un romance a través de cartas y visitas. Interpretada de manera correcta por Catalina Sopelana nos hallamos ante un personaje dulce, inteligente y sensible. A veces cándida e ingenua, como la joven que es, representa la luz, la esperanza o el deseo sexual. Una mirada libre de prejuicios. Lucía es moderna y está cargada de futuro. En construcción. Como el país.
Modelo 77 me ha parecido un drama carcelario de primer nivel. Los reclusos de la época pese a no conseguir todos sus objetivos, sí lograron que la visión de lo que debía ser una prisión cambiara. Las diferentes reformas de las leyes han evolucionado de tal forma que ha cambiado el concepto de cárcel como centro de reclusión y castigo permanente a centro de reeducación con el objetivo de la reinserción social. Un cambio de paradigma que nos hace mejores como sociedad y que sin los hechos que acaecieron en la historia narrada hubieran sido imposibles o al menos muy diferentes. La suma de todos los elementos expuestos en la crítica: buenas interpretaciones, buena narrativa, buen reflejo del contexto social y la propia premisa hacen que la cinta sea una experiencia muy potente. Se muestra la cárcel como reflejo de un país y como el espejo de una sociedad que no podía mirar para otro lado en la defensa de los derechos humanos de todos sus ciudadanos.
Nota: 9/10.
Nacionalidad: España
Dirección: Alberto Rodríguez
Guion: Alberto Rodríguez
Música: Julio de la Rosa
Fotografía: Alex Catalán
Duración: 120 minutos
Reparto: Miguel Herrán,
Javier Gutiérrez, Jesús Carroza,
Fernando Tejero, Catalina Sopelana,
Xavi Sáez, Alfonso Lara, Javier Lago


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