martes, 9 de julio de 2024

Películas curiosas: "Impacto" de Arthur Lubin


Impacto dirigida por Arthur Lubin es una película clásica estrenada en el año 1949 y enmarcada en el ámbito del cine negro americano. La cinta podría haber sido publicada en la sección de ¡Qué maravilloso es el cine!, pero guarda entre sus entrañas una curiosidad o peculiaridad que la inscribe en mi serie de películas curiosas de la historia del cine.

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Walter (Brian Donlevy) es un exitoso empresario que vive en un idilio permanente junto a su joven esposa Irene (Helen Walker). Pero como dice el refrán: "No es oro todo lo que reluce". El industrial desconoce que su mujer tiene un amante y que juntos han ideado un siniestro plan para matarle. Al ser consciente de estos hechos tras un incidente, decide esconderse un tiempo en un alejado pueblo. Allí, prepara la venganza a la vez que asume el duelo por el engaño al que ha sido sometido. En el pequeño municipio al que ha ido a parar, conoce a una joven llamada Marsha (Ella Raines). Ésta, le ayudará a recomponer su vida y a preparar su vuelta a la ciudad en la que volverá a encontrase con su todavía esposa. 


Impacto es una de esas películas que podría ser mencionada como ejemplo de tener un buen argumento. Es decir, un buen guion. Pero como decía en la presentación, la película es bastante curiosa porque fue una de las primeras que incluyó sin tapujos la publicidad encubierta en el cine. La Coca-Cola sale dos veces mencionada y la imagen de la marca se ve reflejada con claridad en dos escenas.

Otras marcas comerciales que se ven en pantalla son las furgonetas Bekins, gasolina, aceite y neumáticos Mobil, la cerveza Pabst Ribbon, los relojes Gruen y las joyas de Magnin & Co. Estas son presentadas en las escenas iniciales y están perfectamente integradas en la trama. A lo largo de la cinta, la esposa de Walter sigue usando varias joyas de Laykin et Cie.

Otra curiosidad de la cinta es que aparece en el cine una de las primeras mujeres que se dedicaban a la mecánica de coches en un taller. De hecho, en la actualidad sigue siendo una rareza que una mujer trabaje de mecánico. Suelen estar, si están, en la recepción de los talleres. Esto no pretende ser ni un alegato, ni una defensa, ni un ataque. Es una realidad sin más que añadir por mi parte.


Respecto a la propia temática de la película y debido a sus características voy a contar muy poco. Hablamos de un cine de intriga y suspense que debe ser disfrutado en su totalidad para quien aún no haya visto la producción. Los narrativa se circunscribe al clásico cine negro con continuos giros de guión de principio a fin de la propuesta.

El reparto está alejado del glamour de las estrellas de cine de Hollywood. Casi podríamos hablar de cine B por su presupuesto. Brian Donlevy interpreta de manera potente al empresario engañado. Su personaje representa la frustración, el dolor y el duelo por haber perdido el amor de la mujer a la que tanto amó.

Por su parte, Helen Walker no acaba de convencer en su interpretación como villana mayor del reino. Su personaje es la crueldad personificada. Es manipuladora, fría y calculadora. Por el contrario, el personaje de Marsha es su perfecta antítesis. La joven que cura las heridas del industrial engañado es todo bondad. Se encarga de este papel la bella actriz americana Ella Raines que impresiona por sus enormes ojos azules que resaltan incluso en el blanco y negro de la filmación.


En conclusión, Impacto es una pequeña joya del cine clásico que aporta numerosas curiosidades para la historia de la cinematografía. Una película que también nos invita a investigar en el comportamiento del alma humana o sencillamente un filme que sirve para hacernos disfrutar del maravilloso mundo del cine.


Título original: Impact

Duración: 111 minutos

Género: Cine negro, Drama

País: Estados Unidos

Dirección: Arthur Lubin

Guion: Dorothy Davenport, Jay Dratler
(Historia: Jay Dratler)

Música: Michel Michelet

Fotografía: Ernest Laszlo

Reparto: Brian Donlevy, Ella Raines,
Charles Coburn, Helen Walker,
Anna May Wong, Robert Warwick,
Clarence Kolb, Art Baker

domingo, 6 de diciembre de 2020

¡Qué maravilloso es el cine! Rebecca

"Anoche soñé que volvía a Manderley. Me encontraba ante la verja pero no podía entrar, porque el camino estaba cerrado. Entonces, como todos los que sueñan, me encontré poseída de un poder sobrenatural y, sobrepasé como un espíritu la barrera que se alzaba ante mí". _ Prólogo de Rebecca.

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Rebecca es tan delicada como trágica. Hablamos de una historia en la que subyacen ángulos ocultos del alma humana. Estos, a su vez, conviven con la inocencia del ser que aún no ha sufrido el dolor. Pero sobre todo, Rebecca es Manderley. La mansión, que parece tener vida propia, es el nido de amor a modo de castillo-palacio que construye la historia de manera virtuosamente circular. Durante el filme, observamos como los espacios escenográficos no solo ocupan parte de la trama, sino que son los que construyen la propia narrativa desde el principio de la historia.

En la fase inicial de Rebecca vemos a un hombre avanzando hacia el suicidio desde un acantilado. Éste, es salvado por un ángel en forma femenina. Los espacios hablan por sí mismos dando paso a una historia de amor con un inocente comienzo y un incierto final. El mito de Rebecca nace desde la literatura y confluye en el cine para alumbrar una de las películas más importantes de la historia del séptimo arte. El maestro Hitchcock siembra las lineas maestras de su legado para el cine.  

La película está basada en la novela homónima de Daphne du Maurier publicada en 1938. Tan solo dos años después se estrenaba en Estados Unidos la adaptación cinematográfica que fue galardonada con el Oscar a la mejor película. La historia narra el romance del aristócrata inglés Maxim de Winter con una humilde joven a la que conoce en un viaje a Montecarlo. El espectador nunca conoce el nombre de pila de la que será la segunda señora de Winter. Pronto, la nueva esposa se da cuenta de que no puede borrar en su marido el recuerdo de su difunta mujer. Todo cuanto hace hubiera sido mejorado por Rebecca e incluso el ama de llaves del nuevo hogar siente hacia la joven una abierta antipatía. Poco a poco, irá descubriendo los oscuros secretos que se ciernen sobre Manderley y el porqué del comportamiento errático de su marido. La sombra de Rebecca se percibe en cada rincón de la morada. 

En Rebecca hay tantas películas en una sola que no se la podría adscribir a un solo género. De salida, Hitchcock se muestra romántico y sentimental. El cineasta utiliza una sencilla presentación de personajes que repetiría un año después en Sospecha. Además, nos hallamos ante su película más femenina impregnado por los aromas de Daphne du Maurier. Sin embargo, la cinta evoluciona poco a poco hacia un cine más negro, más gótico e incluso más siniestro. La música de Franz Waxman también evoluciona de su alegría inicial hacia un lado más oscuro que es utilizado para impregnar de suspense el mítico filme del maestro británico. La buena fotografía de George Barnes también fue premiada con el Oscar. 

La ganadora del Oscar por Las tres caras de Eva, Joan Fontaine, realiza un papel majestuoso interpretando de manera precisa a la nueva señora de Winters. La sombra de Rebecca es tan alargada que no dispone de nombre propio en un hecho muy llamativo. Su personaje se emparenta con una nueva Alicia entrando en el reino de Manderley.

Las flores abundan en la mansión. Incluso en los vestidos con los que el personaje evoluciona de chica provinciana a dama de palacio. Por otro lado, e interpretando al señor de Winter, nos encontramos a un no menos majestuoso Laurence Olivier. Un personaje atormentado que encuentra en su nueva mujer una motivación por la que vivir. Y como no, mencionar a la siniestra señora Danvers interpretada por una tremenda Judith Anderson. Hablamos de un ama de llaves obsesionada con la anterior propietaria de la morada. Quizás enamorada de Rebecca, Hitchcock le quiso dar un componente lésbico que el código Hays eliminó atribuyendo al mago del suspense una perversidad moral inapropiada. Danvers, parece excitarse cuando admira la ropa interior de Rebecca o cuando se pasa por su rostro un abrigo de piel ante la mirada atónita de la nueva esposa. Ésta, aparece cada vez más aturdida ante el complejo mundo de la morada. Los fantasmas, reales o imaginados, llenan Manderley.

Y precisamente este castillo-palacio, como escribía al inicio, es el personaje más importante de la acción. Si para Orson Welles, Xanadú fue su medio escenográfico de referencia, para Hitchcock lo sería Manderley. Dos mansiones que marcaron ambas carreras de por vida. Casi podríamos hablar de un libro de estilo para su manera de entender el cine. Manderley es una mansión de soledad, donde la protagonista se siente abandonada, sola y empequeñecida ante los grandes espacios que configuran la construcción. La muerte de la morada, purificada tras el incendio, representa la entrada en un mundo nuevo. Con ello, observamos un monumento a la narrativa circular. Hitchcock, con ese final, declara formalmente su amor al cine que nace de la literatura universal. 

Rebecca es en conclusión mucho más que una buena película. Hablamos de una obra donde cada elemento cinematográfico ocupa la posición adecuada. El filme está marcado por una mirada al Romanticismo pero también a la pura tragedia griega. El tormento aparece como símbolo mitológico de la visión femenina que supo interpretar como nadie Joan Fontaine. Ella, la joven sin nombre, es representada como la virgen que a su vez se purifica con el fuego de Manderley. El inicio de Rebecca es también el epílogo del filme y con ello se completa el círculo de una obra cumbre para la historia del cine. 


Nacionalidad: Estados Unidos

Dirección: Alfred Hitchcock

Guion: Robert E. Sherwood,
Joan Harrison 

Música: Franz Waxman

Fotografía: George Barnes (B&W)

Duración: 130 minutos

Reparto: Laurence Olivier, Joan Fontaine,
George Sanders, Judith Anderson,
Nigel Bruce, Reginald Denny,
C. Aubrey Smith, Gladys Cooper


P.D. Esta crítica participa fuera de concurso en la XXIV Edición de El Tintero de Oro dirigido por David Rubio Sánchez. La parte central de este texto se publicará en la revista digital del mismo nombre junto a todos los relatos y reseñas participantes en el reto. 

viernes, 8 de noviembre de 2019

¡Qué maravilloso es el cine! Angel-A


Una rubia de piernas largas que fuma como una loca no es como te imaginas a un ángel. -André Moussah.

André (Jamel Debbouze) es un estafador de poca monta que acosado por las deudas decide suicidarse desde un puente sobre el río Sena en París. Ángela (Rie Rasmussen) es una espectacular rubia que coincide con André en el mismo puente para acabar también con su propia vida. Cuando ella salta sobre el río, es el hombre el que la socorre y le salva la vida. A partir de ese momento comienzan a recorrer juntos París y a desvelarse mutuamente las razones por las qué ambos se encontraban en el mismo sitio y a la misma hora con propósitos suicidas.


Y entonces con la posibilidad del suicidio como nuevo frente discursivo, aparece Clarence, el ángel que debe ganarse sus alas y todo el conflicto narrativo y existencial de la historia estalla a la vez...

Este extracto de la retro-reseña dedicada al mítico e icónico filme ¡Qué bello es vivir! del maestro Frank Capra, sirve como nexo de unión para comprender la génesis y el proyecto con el que el cineasta francés Luc Besson rindió un precioso tributo a una de las mejores películas de la historia del cine. Esta vez el ángel venía vestido de mujer, y la historia estaba enmarcada en el París del año 2005, fecha de estreno del filme.

Angel-A es un cuento urbano de carácter romántico apoyado en una magistral dirección de fotografía en blanco y negro. El encargado de llevarnos a recorrer el París de nuestros días con unas imágenes de ensueño, fue el maestro Thierry Arbogast que compuso auténticos lienzos en movimiento. La música de la compositora noruega Anja Garbarek completa un sueño de fotogramas para el recuerdo.

La historia tiene múltiples interpretaciones y a su vez una que es la más importante: el amor, y la amistad como revulsivo vital ante un mundo que por diversas circunstancias se hunde para André. Él es un hombre sin autoestima, con un físico que le acompleja y con diversos problemas de integración en la sociedad. Ella es un ángel caído del cielo que tiene como misión rescatarlo, sanarlo y volver a hacer de él un hombre con ilusiones por cumplir. ¿Pero qué sucede cuando te enamoras de un ángel?


Ángela es interpretada por la explosiva actriz danesa Rie Rasmussen que además es directora, escritora, modelo y fotógrafa. Lo que se dice un buen partido. Ella representa la belleza, la fragilidad y su personaje es diseñado por Luc Besson para enfrentar al espectador con la dicotomía de ver a a un ángel femenino que se prostituye para conseguir sus propósitos.

André es interpretado con una enorme expresividad por Jamel Debbouze. El actor galo no es modelo, ni fotógrafo, ni escritor. Él representa la fealdad y la corrupción. Pero también, la fragilidad. Su personaje es diseñado por Luc Besson para tratar de indagar en el interior del alma humana.

En cierta forma, Angel -A, es también una fábula universal que supone una actualización del cuento de hadas La bella y la bestia de Gabrielle de Villeneuve pero en una versión distópica y rupturista no vista antes. 


¿Si te doy mi vida sabrías que hacer con ella? 

Esta frase puesta en boca de Ángela resume la pasión puesta por Luc Besson en una película hipnótica, profundamente psicológica y muy emocionante en su conjunto. Y es que al final como ya se decía en Casablanca: "siempre nos quedará París"

Os dejo con una secuencia inolvidable


Nacionalidad: Francia. 

Año: 2005.

Duración: 90 minutos.

Dirección: Luc Besson.

Guion: Luc Besson.

Música: Anja Garbarek.

Fotografía: Thierry Arbogast.

Reparto: Jamel Debbouze,
Rie Rasmussen, Gilbert Melki,
Serge Riaboukine, Akim Chir.