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La historia: Cocó (Sofía Otero), de ocho años, no encaja en las expectativas de la sociedad y no entiende el porqué todos insisten en llamarle Aitor ya que no se reconoce en ese nombre ni en la mirada de los demás. Su madre Ane, aprovechará las vacaciones para viajar con sus tres hijos a la casa materna, donde reside su madre Lita y su tía Lourdes, ligada a la cría de abejas y la producción de miel. En este matriarcado se explorarán los sentimientos encontrados de la joven Cocó en un verano que cambiará su perspectiva del mundo.
La crítica: El primer largometraje dirigido por Estibaliz Urresola es un canto a la sensibilidad y se coloca de salida como la primera gran película española en seguir la senda del buen año 2022 para el cine nacional. De hecho, Urresola se posiciona como una de las favoritas para el Goya a la mejor dirección novel en los galardones del próximo año.
20.000 especies de abejas nos sumerge en un matriarcado rural vasco en el que sus mujeres pugnan por tener la razón sin importar edad, condición social o su posición dentro de la familia. La cinta narrada de manera sutil y cocinada a fuego lento, aborda sin tapujos la identidad de género en la niñez a través de la mirada de una niña que se pregunta quién es y el porqué su cuerpo no obedece a lo que siente su corazón.
La cineasta nos pregunta y se pregunta a lo largo del filme varias cuestiones: ¿desde cuándo sabemos quiénes somos? ¿qué relación guarda nuestra noción de identidad en relación al cuerpo? ¿es, la identidad propia, tan solo una vivencia íntima y personal o está afectada por la mirada externa? ¿hasta qué punto estamos dispuestos a llegar para imponer creencias desfasadas ante las realidades del corazón? ¿al suicidio de los menores? ¿a su amargor de por vida? Aceptar la libre identidad de género no es una cuestión ideológica, ni un capricho de nuestros pequeños. Es una cuestión de sensibilidad y empatía con el prójimo y con nosotros mismos.
La cinta española rezuma sensibilidad y pertenece a ese grupo de películas que surgen de la necesidad de ahondar e investigar sobre la niñez y sus conflictos. Un período en el que el mundo adulto parece violento, arcaico y no se encuentra en sintonía con las necesidades de los más jóvenes. Más si cabe, cuando la identidad de género se sitúa como epicentro en la vida de éstos últimos enmedio de la incertidumbre.
En la parte técnica destaca la apuesta por rodar en base al naturalismo. O sea rodar de la forma más natural posible, de forma que el espectador no tenga la sensación de ver un filme artificial, sino un retrato cotidiano de la vida normal de una familia. La cineasta juega con la luz natural, intentando que los espacios por los que pasa Cocó sean abiertos y en exteriores. Y, a nivel de cámara, destacan los primeros planos, combinados con encuadres más amplios donde se muestra el impacto del entorno.
Nota: 7'5/10.


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