lunes, 10 de diciembre de 2018

Roma: El universo mágico de Cuarón y la magia sentimental del buen cine


Lo que el cine necesita es belleza, la belleza del viento moviéndose entre las hojas de los árboles. -David W. Griffith.

La historia: Ciudad de México, año 1970. Cleo (Yalitza Aparicio) es una empleada doméstica que presta sus servicios a un matrimonio de clase media/alta con cuatro hijos en la colonia Roma de la capital azteca. Pero lo que parece una vida tranquila y feliz tanto para Cleo como para el resto de la familia se ve alterada por un viaje del padre de familia que demora en exceso su regreso. Además, un acontecimiento amoroso vivido por la muchacha cambiará su vida para siempre.


La crítica: El ser humano no compra cosas, compra experiencias. El ser humano anhela ante todo sentir y busca en las otras personas, en sus aficiones o en el arte cosas o sensaciones que le hagan sentir, llorar, amar, rabiar, gozar, o si hablamos estrictamente en términos cinematográficos, deleitarse ante la potencia deslumbrante de una película, que como es el caso de Roma, desde la sencillez consigue convertir una historia muy personal e íntima en una gran fábula universal sobre los valores humanos.

Tras obtener el León de Oro a la Mejor Película del Festival de Venecia 2018 llega de manera muy restringida a las salas de cine (Netflix tiene los derechos y la estrena el 14 de diciembre) la nueva producción de Alfonso Cuarón. Roma se convierte en una carta de amor a su infancia, a la mujer en general y al cine clásico en particular. El preciosista blanco y negro utilizado deslumbra tanto o más que los brillantes colores del cien convencional de nuestra época. 

El filme está cocinado a fuego lento y nos habla de una manera cadenciosa de la familia utilizando el prisma óptico de la niñez para enfocar de manera indirecta como veíamos a nuestros padres, y de que manera nos veían ellos a nosotros. Pero sobre todo el filme nos habla de la pérdida de la inocencia en los distintos ámbitos del transcurrir vital. En Roma el descreimiento se va apoderando de los distintos personajes que se mueven entre la ofuscación, la incredulidad, las distintas frustraciones vividas o las ilusiones que un nuevo comienzo siempre pudiera tener. Es por todo ello, -y aunque la película está situada en un momento muy concreto de la historia de México-, que la narración se siente completamente universal. En cierto modo hablamos de un cuento neorrealista. Es decir, Roma nace ya siendo un clásico del cine que podrá ser vista de dentro de 50 años con los mismos efectos sentimentales que en la actualidad.


Toda la historia la vemos a través de los ojos de la joven Cleo interpretada más que notablemente por Yalitza Aparicio que es de origen mixteco y que apabulla en su debut en la interpretación. Su personaje es la fuente y el origen de la película y de la propia vida de Alfonso Cuarón. Con ella, el cineasta mexicano refleja como fue su niñez y el papel que desempeñó su niñera. Estas segundas madres que hoy en día siguen cumpliendo una función impagable y que posibilitan paradójicamente la independencia de la mujer profesional (mientras ellas se ven relegadas), son utilizadas narrativamente por el cineasta para hablarnos de la emigración de las poblaciones rurales hacia las grandes urbes como modo de ganarse la vida.

Un fenómeno que lógicamente no se dio solo en el México en los años 70. De hecho, el éxodo rural hacia las grandes ciudades fue de alguna manera similar en Italia o en España cuando decenas de miles de mujeres salían desde Galicia, Andalucía o ambas Castillas a "servir" en las casas más acomodadas de Madrid o Barcelona. Es por eso quizás, y por las coincidencias que encontramos también en la agitación política y en los desarrollos urbanísticos desmesurados de aquella época, por lo que Roma está conectando con la crítica europea y lo va a hacer con el público en general. Hablamos de situaciones universales que engarzan también con los movimientos migratorios que se siguen desarrollando a lo largo y ancho del planeta.

En segundo plano aparece en el reparto una estupenda Marina de Tavira (La zona). Este personaje representa a la mujer "blanca", burguesa y profesional que tiene que lidiar con su papel de madre de cuatro niños, esposa y colocar además en este cuadro sus aspiraciones en el desarrollo personal. Y además de la abuela y los niños notablemente interpretados con carácter general, hay dos personajes masculinos que son devastadores para la propia condición del hombre. En ambos se representa la figura del padre ausente. Por un lado está el propio padre de familia (Fernando Grediega) y por otro lado, el joven "enamorado" de Cleo (Jorge Antonio Guerrero). Ellos representan en cierta forma y desde distintas clases sociales, la misma posición. Es decir, la huida cuando son incapaces de asumir sus responsabilidades o las consecuencias de sus actos.


La parte técnica de la película se funde con el arte de una manera muy especial. Alfonso Cuarón además de la dirección y el guión, asume las funciones en la dirección de fotografía y solo hay que ver las imágenes para recrearnos en un sobresaliente trabajo filmado en blanco y negro. Otro aspecto a destacar es la impresionante mezcla de sonido en Dolby 7.1. Esta experiencia sonora vivida en la sala de cine es algo que un servidor jamás había presenciado en pantalla. Es de tal magnitud la vanguardia en el uso del sonido, que por momentos no sabes si los campanilleos sonoros son de la propia sala de cine o si son ruidos provenientes de la calle. Pero el verdadero festival de la película se produce en los maravillosos encuadres de cámara, en la propia y magistral cadencia en los movimientos de las mismas o en unos inmensos planos secuencia apoyados en unos travellings de auténtico ensueño para los más cinéfilos. Y por si faltara algo para rematar la obra, nos encontramos ante una dirección de arte comandada por Eugenio Caballero que no solo nos lleva a los años 70 de la Ciudad de México, sino que la película parece rodada en los propios años setenta del siglo pasado. Un detalle cinematográfico inolvidable es la secuencia que transcurre en el Cine-Teatro Metropólitan que además nos da la clave del desarrollo de la propia historia del largometraje.


Roma es en definitiva el sueño del cine hecho realidad y un clásico ya imperecedero en la historia de la cinematografía universal. Y lo meritorio de esta obra es que consigue ser grande desde una historia pequeña, sencilla, armónica, sin estridencias y buscando en las raíces del cine independiente -se podría hablar casi de cine de arte y ensayo- la pureza narrativa que convierte a una película en lo que un día fue denominado Séptimo Arte. En lo personal, esta mágica filmación supone para mí lo que busco en la cinematografía.Es decir, un vehículo sentimental en el que podemos ver reflejados nuestros deseos, nuestras carencias, nuestros anhelos, nuestras vivencias o nuestros sueños reflejados en esa pantalla de cine que atesora nuestra propia biografía en forma de películas.



Nota/calificación: Fuera de categoría, sencillamente una obra de arte.

Nacionalidad: México.

Dirección y guión: Alfonso Cuarón.

Reparto: Yalitza Aparicio, Marina de
Tavira, Jorge Guerrero, F. Grediaga.

Fotografía: Alfonso Cuarón.

Duración: 135 minutos.

Estreno México: 21/11/2018.

Estreno España: 5/12/2018.

Estreno Netflix: 14/12/2018.