Aunque lloré, sufrí, dudé, renegué, fui inmensamente feliz en estos cien días.
-José Díaz.
La historia: El naturalista español José Díaz se propuso pasar aislado y en soledad cien días que abarcaron desde el 12 de septiembre del año 2015 hasta el 19 de diciembre del mismo año. Para ello, eligió una cabaña aislada en el Parque Natural de Redes en la región de Asturias en España. El reto consistía en hacerlo sin electricidad, móvil, ordenador, reloj y siendo autosuficiente en cuestiones alimentarias sin recurrir a la caza. Cien días de soledad, por lo tanto, recoge en forma de película documental esta experiencia que fue grabada y documentada por el propio naturalista.
La crítica: Desde que Cine y críticas marcianas comenzó su andadura, el cine documental siempre tuvo y tendrá un lugar especial para una cinematografía, que bajo mi punto de vista, conserva la mayor pureza de lo que llega a las salas o a los festivales de cine. Ello no significa que todo lo que se haga sea excelente, pero siempre merecerá la pena reseñar, lo que en este caso ha conseguido estrenarse en salas comerciales, aunque haya sido en un circuito de cine minoritarios en España. En todo caso, espero que pronto 100 días de soledad pueda estar a disposición en las plataformas legales habituales.
La película está producida por José María Morales que es un gran amante de la naturaleza como ya demostró en su anterior proyecto Cantábrico (Los dominios de oso pardo). En aquella cinta tuvimos la oportunidad de conocer a su narrador Luis Ignacio González en una entrevista muy especial. En el caso de la cinta reseñada hoy, José Díaz es el hombre orquesta de la producción haciendo las labores de narrador, director de fotografía, guionista, y codirector junto a Gerardo Olivares.
Pero si en Cantábrico, la naturaleza en sí misma era la que ejercía como sujeto narrador, en está ocasión es el hombre y su relación con el entorno natural el que ocupa el leitmotiv de la historia. Rodada de manera más intimista y en un tono a su vez exuberante en lo natural, cabe destacar que existe en la proyección un cierto aire minimalista en lo personal que repercute en cierta desconexión emocional con su protagonista. Podríamos concluir que como "actor" José Díaz no se ganaría el sueldo, pero como documentalista ha nacido con un don para tal labor.
Quizás el momento más emotivo de la película no llegue con el reto en sí mismo y en su lucha contra los elementos naturales como la nieve, el viento o el frío, sino cuando nuestro protagonista comienza a sentir el precio de la incomunicación con su mujer y sus hijos. Precisamente es en este contexto cuando llega el mensaje que más interés me ha generado la propuesta. En un momento dado, es cuando el propio José en un monólogo directo consigo mismo y con el espectador, hace ver que el alejamiento temporal con la pareja es necesario y casi aconsejable, para revitalizar e impulsar el amor. Es decir: alejarse para volver a amar.
La historia también nos habla de un profundo viaje de lo urbano a lo rural con todas las consecuencias que ello implica. Es decir, el hombre y la naturaleza convergiendo sin móviles, redes sociales, nevera o televisión. ¿Es posible la vida sin Facebook? Bueno posible es claro, pero la paradoja es que sin las redes sociales la difusión de este proyecto sería casi imposible. Por lo tanto, supongo que es en la medida y no en su uso, donde el equilibrio debe encontrar su razón de ser. En lo personal, no voy a denostar las nuevas tecnologías. Creo además que en este caso y aplicándolas en la conservación del entorno natural son una herramienta perfecta de divulgación.
De hecho, José para llevar a cabo la filmación ha empleado entre otras: una cámara Sony 4K de última tecnología digital, varias cámaras go-pro (incluso sub-acuaticas), un drón con una cámara instalada para las espectaculares tomas aéreas, y dos cámaras de fotos para comprimir secuencias de larga duración. Eso sí, para poder transportar todo este material tan pesado, el cineasta contó con el gran apoyo del caballo Atila que se convierte en coprotagonista de la filmación.
Cabe señalar que José Díaz contó para está aventura en soledad con los siguientes recursos para alimentarse : 6 gallinas y un gallo, un invernadero y una huerta para obtener verduras y patatas cultivadas por él mismo, colmenas para obtener miel, y la recolección de frutos del bosque como zarzamoras, arándanos, nueces o avellanas. Lo curioso y esto entraría en el debe de la producción es que al protagonista no se le ve en ningún momento preparando o cocinando estos alimentos; solo una vez se le tirando de una lata de comida de las pocas que llevó hasta la cabaña.
Otra de las cosas que me genera alguna duda es por qué elegir 100 días para este reto y no 30 o 200. Desde luego el esfuerzo para sobrevivir 100 días así es enorme y muy meritorio, pero aunque pueda resultar duro escribirlo o pensarlo, lo realmente bonito hubiera sido llevar a cabo este reto durante un año completo para poder disfrutar de las cuatro estaciones del año y de los cambios que se producen en la naturaleza. He de suponer que un invierno en esas condiciones hubieran sido casi insuperable, pero quizás con apoyo externo se hubiera completado un ciclo anual maravilloso en los países que contamos con las cuatro estaciones del año.
Recapitulando, 100 días de soledad es una propuesta muy interesante, pero que no enamora a la salida de los cines. Al menos, como reto técnico. Lo que si enamora son las imágenes captadas de la naturaleza en plena ebullición. También los sonidos del bosque, los animales que pueblan el lugar y sobre todo los maravillosos colores del otoño en el Parque Natural de Redes. Es por ello, que la película es un bonito marco estético y una buena puerta de entrada para todo aquel que no conozca Asturias o conociéndola, decida emprender este viaje visual de lo urbano a lo rural.
Nota: 7/10.
Nacionalidad: España.
Dirección, guión, narración y
fotografía: José Diáz.
Codirector: Gerardo Olivares.
Música: Pablo Díaz Fanjul.
Duración: 93 minutos.
Estreno España: 16/03/2018.




