Te quiero. Te quiero desde el primer momento en que te vi. Te quise incluso antes de verte por primera vez. - George Eastman (Montgomery Clift), en A Place in the Sun (1951).
El 17 de diciembre de 1925 el escritor estadounidense Theodore Dreiser publicaba la novela Una tragedia americana, basada en los truculentos hechos acaecidos en el verano de 1906 en un centro vacacional del estado de Nueva York. El libro está considerado por la revista Time como una de las 100 mejores novelas escritas en inglés desde aquel entonces. Después, vendrían diversas adaptaciones tanto teatrales como cinematográficas, hasta que en el año 1951 el cineasta George Stevens (Gigante, El diario de Ana Frank) y Paramount Pictures se unieron para llevarla al cine en uno de los mejores melodramas de la década de los 50 del siglo pasado.
La producción fue galardonada con seis Oscars de la Academia que fueron para el director, guión, fotografía, música, montaje y vestuario.
La historia nos cuenta la vida de George Eastman (Montgomery Clift), que es un joven desempleado y de orígenes muy humildes que entra en contacto con su tío Charles Eastman (Herbert Heyes). Este es un poderoso empresario que la da la oportunidad de trabajar en su fábrica principal. Una vez que consigue adaptarse a su nueva vida, George, comienza un romance con su humilde compañera de trabajo Alice (Shelly Winters), a la que deja embarazada de un hijo no deseado. Pero en el transcurso de esta complicada situación, el joven conoce a una deslumbrante muchacha de la alta sociedad estadounidense llamada Ángela Vickens (Elizabeth Taylor). Queda completamente enamorado. A partir de ese momento, tendrá que enfrentarse al dilema moral de elegir entre su primer amor u ocupar un lugar en el sol junto a la chica de sus sueños.
La estructura de la filmación está divida en tres actos que coinciden de una manera bastante lógica con la clásica presentación de personajes, el posterior nudo dramático de la historia y un desenlace bien justificado por un buen libreto. Aunque esto parezca una obviedad, en el cine de actualidad las estructuras narrativas en demasiadas ocasiones han dejado de existir o caen en picado de mitad de producción en adelante. Es por eso que George Stevens da una lección de cinematografía clásica de un manera sencilla y eficaz.
La cinta se podría encuadrar en el buen melodrama americano que se aparta del mero producto lacrimógeno para apoyarse en el cine negro tradicional que acentúa la atmósfera opresiva conseguida en la filmación. Todo ello es amplificado, que no opacado, por una excelente música de Frantz Waxman al servicio de la narrativa.
La producción cuenta con secuencias para el recuerdo como la que vemos en la imagen superior y en la que fácilmente comprobamos el porqué del Oscar al mejor diseño de vestuario. De hecho, este vestido usado por la estrella estadounidense, causó furor en la población femenina americana haciéndose miles de réplicas que se agotaban en minutos. El fin de la Segunda Guerra Mundial también predisponía a la sociedad americana (Hollywood incluido), a evadirse con las estrellas de cine y a buscar su reflejo en la moda, las revistas o en las mismas películas.
En esta mítica secuencia, encontramos al personaje de George Eastman jugando al billar en solitario mientras es admirado por la joven Ángela Vickens. De alguna manera, Woody Allen rindió tributo a esta escena en su Match point tratando de emular la misma tensión sexual que implicaba el encuentro de Scarlett Johansson y Jonathan Rhys-Meyers. Si en Un lugar en el sol era la mesa de billar la que se interponía entre sus protoganistas, en Match Point se lograba el mismo efecto narrativo a través de una mesa de ping-pong. De hecho, la cinta del año 2005 del director de Manhattan bebe de la misma fuente que Un lugar en el sol, y se centra en el ascenso en la posición social del protagonista masculino.
Montgomery Clift se acercaba en el momento del rodaje a la treintena y se encontraba en un momento muy dulce en su profesión. Era un actor con gran atractivo, y que transmitía con su triste mirada, una humanidad que le llevó a gozar de los mejores papeles que la industria de Hollywood le brindó hasta su temprana muerte a los 45 años. El primer plano de su rostro en la secuencia final de la película reseñada hoy, demuestra que hay expresiones que son innatas y que no se pueden aprender en ninguna escuela de cine.
Sin embargo, a Elizabeth Taylor este papel le llegó cuando contaba con solo 17 años y era una actriz en formación. Pero lejos de amilanarse ante la estrella masculina, la presencia de la bellísima actriz cobró fuerza gracias a la dirección de George Stevens. Él fue el que la otorgó la confianza suficiente para que en su primer papel importante brillara con luz propia. Por otro lado y para completar el reparto, nos encontramos con una excelente actuación de Shelly Winters que consiguió con una nominación al Oscar que sus compañeros no lograron.
A Place in the Sun es principalmente la representación de un contraste entre dos mundos opuestos y representados en la escala social que ocupa cada personaje.
En el fondo de la historia apreciamos la clásica lucha de clases entre las élites empresariales y el mundo obrero que lógicamente también existía en los Estados Unidos. Pero la película también nos habla del amor y en este caso en dos tiempos o en dos romances paralelos. La historia es cadenciosa en su presentación con besos en el cine, besos en el coche o besos en el porche de dos humildes almas perdidas que se encuentran casi sin querer.
Un romance clásico que es interrumpido cuando nuestro protagonista masculino es cegado por el sol en una evolución del personaje realmente sorprendente y que busca la reflexión en torno al egoísmo, la irresponsabilidad o la redención. De alguna manera, la historia gira en torno al sentido de la propiedad que algunas personas ejercen sobre otras.
En otros momentos y de manera más solapada, la historia introduce un tema tan complejo como es el aborto que casi 70 años después sigue generando debate en un bucle aún sin resolver. Es por ello y por alguna cosa más, que dejo ya en manos de quien no hay visionado este clásico las valoraciones y dilemas morales que se plantean en la narrativa expuesta.
Solo añadir una pequeña reflexión final puesta en los labios de Elizabeth Taylor que pronuncia una frase mítica en la historia del cine: "Hemos pasado la mayor parte de nuestro tiempo diciéndonos adiós". Y así, de una manera circular, es como volvemos a la cita inicial en la que Montgomery Clift decía: "Te quiero. Te quiero desde el primer momento en que te vi. Te quise incluso antes de verte por primera vez".




