La historia: Corre el verano de 1891 cuando el joven Armand recibe el encargo de su padre de entregar una carta del fallecido pintor Vincent Van Gogh que iba dirigida a su hermano Theo Van Gogh. Después de viajar hasta París, constata que el hermano del pintor también ha fallecido y decide buscar al médico que trató a Van Gogh para ver a quién puede entregar la misiva que nunca llegó a su destino. Es a partir del encuentro con el entorno del pintor holandés, cuando Armand comienza a conocer como fueron los últimos años de su vida y por qué decidió arrebatársela. El ahora celebérrimo pintor solo vendió un cuadro en vida. Pero, ¿fue esa la causa de su suicidio? o su misterioso final, ¿tuvo otra motivación?
La crítica: Si juzgáramos a esta película solamente por hacer arte en movimiento y ser la primera de la historia en estar pintada completamente al óleo, sin duda, la calificación como obra maestra sería la adecuada. Pero el cine es algo más que una experiencia visual por deslumbrante que esta pueda parecer. La cinematografía, como la literatura en su caso, se deben regir principalmente por contar una buena historia y además hacerlo de una manera que entretenga, seduzca y emocione al espectador. Es ahí y el en fondo, que no en la forma de esta filmación, donde podemos encontrar reparos a lo que es una obra de arte perfecta, pero una película imperfecta. Por ello, el homenaje a Van Gogh es más de museo que de filmoteca.
Cine de animación para adultos que nos llega desde Polonia con la cineasta debutante Dorota Kobiela que codirige junto a Hugh Welchman esta coproducción en la que también ha intervenido el Reino Unido y cientos de pintores de distintas nacionalidades. Ellos, han dado forma y color a los 140 cuadros del pintor holandés en que está inspirada la filmación. Y es que hay que reconocer que el trabajo ha sido titánico y han empleado siete años de su vida en llevar a cabo este singular proyecto. A modo de ejemplo, cabe decir que se han llegado a emplear hasta 10 días en pintar un solo segundo de la película y digo pintar, porque aunque la película esta realizada con actores reales, estos son solo maniquíes corporales. De manera posterior han sido dibujados y pintados en cada uno de los 65.000 fotogramas que cubre la producción.
Y atención porque cada fotograma exhibido y animado es un cuadro pintado a mano y al óleo con unas nada despreciables medidas de 103 centímetros por 60 centímetros. Cuadrar todo esto en el montaje final es de un mérito incalculable y más teniendo en cuenta, que la cineasta polaca experta en cortometrajes pensó el proyecto para que fuera uno de ellos. Quizás y viniendo del corto, le ha podido pesar en la parte puramente cinéfila, el alargamiento de la cinta hasta un largometraje convencional. Entonces, opta por usar el reiterativo recurso del flashback con pinturas en blanco y negro, saliéndose así del marco narrativo propuesto. Y es que en estas vueltas al pasado reciente ya no aparecen los cuadros del pintor, sino que son animaciones simuladas de lo que pudo pudo ser el tercio final de la vida del pintor holandés. Y en mi opinión, uno de los errores de la historia en sí es que está centrada solo en la parte final y más tortuosa de la vida de Vincent Van Gogh. Es decir, se centra más en la causa de su muerte que en el conjunto de su vida y obra.
Pintura y cine: En esta ocasión no podemos evaluar con certeza el trabajo actoraL. Como he comentado, aunque la película ha sido rodada con actores reales (sobre croma), estos han sido pintados posteriormente haciendo imposible ver el desempeño de los actores en acción real. Por lo tanto y antes de las ultimas conclusiones, me gustaría matizar algunas películas que se han rodado con la pintura como protagonista principal. En referencia a Van Gogh e incluso me atrevería a decir que la película más relevante en cuanto a pintura y cine, fue la que realizó el cineasta estadounidense Vicente Minelli en 1956, titulada 'El loco del pelo rojo' con una portentosa actuación de Kirk Douglas encarnando al pintor holandés. Otras películas dedicadas al artista fueron: Vincent and Theo de Robert Altman en 1990, Los sueños de Akira Kurosowa tambien en 1990 y finalmente destacaría la francesa Van Gogh de 1991 y dirigida por Maurice Pialat.
Con respecto a los últimos años y según mis preferencias, lo mejor que se ha realizado en cuanto a pintura y cine pasarían por La joven de la perla del año 2003, dirigida por Peter Webber e interpretada por una mágica Scarlett Johanson. Esta cinta fue dedicada al pintor también holandés Vermeer de Delft. También recordaría, Los fantasmas de Goya dedicada al pintor español y dirigida en 2006 por Milos Forman, pero sobre todo por las portentosas actuaciones de Javier Bardem y Natalie Portman. No me gustaría dejar en el tintero, la dedicada a la pintora mexicana Frida Khalo y a su marido Diego Rivera en el año 2002, de Julie Taymor, y que probablemente supuso la mejor interpretación en la carrera de Salma Hayeck.
Conclusión final: En definitiva, lo más importante, curioso y destacable de Loving Vincent es la forma de estar rodada en movimiento y que marca un hito en la historia de la cinematografía dedicada a la pintura. Además, el trabajo y el amor puesto en la obra merece todo el reconocimiento a nivel artístico y técnico. Pero si hablamos de cine y de películas, que es lo que realmente es este Loving Vincent, la historia narrada es manifiestamente mejorable. Quiero decir con ello que si la película hubiera estado realizada de manera convencional no aportaría casi nada nuevo a la vida y obra del pintor holandés. La cinta se centra en una parte muy parcial de su vida e incluso limitándose a sembrar dudas o desconcierto en lo que fue su trágico final. Incluso se teoriza si fue un homicidio o un suicidio lo que acabó con su vida. En cualquier caso, la parte positiva y artística prevalece en esta ocasión sobre la propia historia en sí. Y desde luego, pienso que esta filmación debería ocupar una sala especial en cualquier pinacoteca mundial o en alguna retrospectiva dedicada al genio holandés.
Un hombre singular, tímido, loco, amable, y obsesivo que pintó su primer cuadro cuando tenía 28 años. Desde entonces, pintó con sensibilidad, ternura y sobre todo creyendo profundamente en su obra. En resumen, un artista que a pesar de la incomprensión general del momento quiso por encima de todo dar importancia a lo que hacía y creyó en ello a pesar de solo vender un cuadro en vida. Si hoy viera reflejados sus cuadros en el cine, la frase con la que se abre esta reseña se vería cumplida: "Sueño con pintar, y luego pinto mis sueños". Hoy sus sueños y su pintura ya son obra inmortal también en el cine.
Nota: 7/10.
Nacionalidad: Polonia, Reino Unido.
Dirección y guión: Dorota Kobiela,
Hugh Welchman.
Música: Clint Mansell.
Fotografía animada: Tristan Olivier.
Duración: 95 minutos.
Estreno EE UU: 22/09/2017.
Estreno Polonia: 6/10/2017.
Estreno España: 12/01/2017.



