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La historia: En Prentisstown, Todd ha crecido creyendo que la "Masilla" fue la responsable de liberar un germen que asesinó a todas las mujeres y contagió con el "ruido" al resto de los hombres...
Aunque en este apartado de "La historia" no suelo transcribir la sinopsis oficial de la película, hoy he querido colocar la apertura de la distribuidora para comprobar si alguien sabe donde está Prentisstown o me puede explicar qué es la Masilla. Lo del "ruido" ya lo explicaré luego.
La historia real es la siguiente:
2257 d.C. Nos presentan un planeta llamado "Nuevo Mundo" al que han huido algunos habitantes de La Tierra pero en el que las mujeres no han sobrevivido. Allí vive Todd Hewitt (Tom Holland) con su perro. De repente, se encuentra a una rubia (Daisy Ridley) que ha aterrizado misteriosamente en su planeta. El resto es fácil de imaginar: muchos hombres corriendo detrás de la rubia, el muchacho se dedica a protegerla y el pobre perro corre que te corre por todo el planeta persiguiendo a los tortolitos.
La crítica: El perro se muere. Lo digo para acabar con el sufrimiento lo antes posible. Con eso, un interprete menos que analizar. Descanse en paz el pobre chucho y a ver si consigo explicar alguna cosa.
Basada en el libro de Patrick Ness, El cuchillo en la mano, nos hallamos ante una de las películas más estúpidas que he visto en los últimos años. La cosa es que en este planeta todos pueden escuchar los pensamientos de los demás. A esto se le denomina "el ruido". Además, este ruido se puede ver a través de las exhalaciones que emiten las personas al respirar.
El cineasta le pone colores al ruido como si el espectador tuviera algún tipo de retraso mental y no supiera identificar lo que son solo pensamientos y lo que es el lenguaje oral. Aún así, el galimatías es tremendo. De esta manera nos encontramos en un poblado primitivo lleno de hombres hablando mucho y a su vez emitiendo pensamientos en voz alta. Si la cosa ya estaba jodida, para colmo, llega una terrícola rubia en una nave y como es de suponer se lía la de Dios.
La rubia lo flipa en colores y sale de allí como alma que lleva el diablo. No hay más. El resto del bodrio se resume en lo siguiente: una rubia corriendo durante toda la película acompañada de un muchacho que se recorre todo el planeta para intentar que ésta le de un beso. De follar, ni hablamos.
Al pobre perro le asfixian de tanto correr. Algunos lugareños mueren exhaustos de tanta carrera y los que quedan vivos se vuelven por donde habían venido. Total, que tras este maratón cinematográfico el cineasta tiene la brillante idea de dejar el final abierto con los jóvenes a punto de besarse. Desde luego que la rubia es dura de cojones y el chaval un plasta de marca mayor. Habrá que esperar a la segunda parte para ver si se besan, a la tercera para ver si hacen el amor y a la cuarta para ver si nace un bebé mutante que sustituya al pobre chucho. Por mi parte, no tengo nada más que añadir.
Nota: 1/10 (el uno por el papel del perro)
P.D. Este engendro cinematográfico ha necesitado seis guionistas que merecerían la misma suerte que el chucho o al menos unos años de cárcel.


