domingo, 18 de diciembre de 2016

El Faro de las Orcas


La historia: Beto (Joaquín Furriel) es el guardafauna de la reserva marina de la Península Valdés en la Patagonia argentina. Allí ha forjado su vida como un meticuloso observador de la vida y costumbres de las orcas. Un día llega hasta el remoto lugar una mujer (Maribel Verdú), acompañada de su hijo Tristán que padece autismo. Su objetivo es acercar al niño a la naturaleza y al contacto con los animales para tratar de ayudarle con su trastorno. Para ello, se presenta en casa del naturalista para tratar de que este les ayude en el loable empeño. 

La crítica: La película está inspirada en la historia real de Roberto Bubas. Él fue uno de los especialistas en el estudio de las orcas más importantes del planeta. También escribió el libro 'Agustín corazón abierto', que es un relato basado en su experiencia vital como conservacionista. Gerardo Olivares (Entrelobos), director español especializado en el cine naturalista, hace un retrato preciosista de esta aventura marina. No obstante, la cinta llega a ser por momentos tan dulce que parece irreal, siendo paradójicamente una historia verdadera y de gran calado emocional.

En reseñas anteriores comentábamos la importancia de la presentación de un largometraje. De hecho 'El Faro de las Orcas' consigue una excelente entrada con los paisajes patagónicos y una buena música que predispone al espectador a favor de la propuesta presentada. Esto no asegura que la cinta vaya a ser buena de por sí pues hay grandes presentaciones que después se convirtieron en películas mediocres.

En cualquier caso, este es un buen ejemplo a seguir por cualquier cineasta. El filme cuenta con un logrado cuidado técnico que cumple con los requisitos mínimos de salida que cualquier película debe tener. Y no estoy hablando de preciosismo visual como es el caso. Se puede presentar perfectamente una película con imágenes oscuras e incluso estéticamente amargas pero con fuerza narrativa y visual para implicar al receptor del argumento de lo que va a suceder en pantalla.


Como comentaba anteriormente, el film es realmente bonito pero esto no implica que necesariamente sea bueno. Son dos conceptos distintos y quizás fáciles de confundir. Si la película hubiera sido un documental sería sobresaliente en su mirada. El problema surge cuando se trata de una película ficcionada sin apenas mordiente. Esto le resta algunos puntos en su fuerza expresiva. En todo caso, un dulce almíbar no amargará a nadie.

El autismo, su difusión y sus posibles soluciones son las temáticas tratadas en la historia. Para ello, vemos como la madre de Tristán, acompañada de Beto, hacen todo lo posible por ayudar al niño a contactar con la naturaleza salvaje y el mundo animal. Desde luego el mensaje es extraordinario y digno de encomio. Pero en el aspecto estrictamente artístico las situaciones no acaban de conseguir la conectividad emocional necesaria. Quizás el determinismo poético del director le lleve a restar crudeza a la historia. Se mezcla el incipiente romance de los protagonistas con el problema médico del niño. Esto resta fuerza a la historia. 

Lo realmente destacable de la producción es descubrir un territorio tan bello como es la Patagonia y sus costas. Además, lo haremos acompañados de unos extraordinarios mamíferos marinos como son las orcas. Su capacidad para empatizar con el ser humano entroncan esta especie con los afamados y queridos delfines que surcan nuestros océanos.

La fotografía de la cinta es sobresaliente sin ningún pero. Se encarga de ella Óscar Duran al que ya vimos este año fotografiando Un verano en Brooklyn. En está ocasión, se decanta por unos tonos pastel de una enorme plasticidad. Un privilegio visual a la altura de lo más grandes. La excelente banda sonora del compositor francés Pascal Gaigne, interpretada por la orquesta filarmónica de Bratislava, es otro de los puntos fuertes de la producción. Técnicamente la cinta es impecable.


El reparto está encabezado por el atractivo actor argentino Joaquín Furriel (Cien años de perdón) dejando algunas dudas en su interpretación. Maribel Verdú (La punta del iceberg), que en mí opinión es la mejor actriz española de la actualidad, nos deja una actuación muy profesional pero algo desangelada por la falta de química en pantalla con su compañero de reparto. El niño es interpretado con excelencia por el debutante Joaquín Rapallini Olivella. Sin duda, los infantes por su naturalidad son unos excelentes actores con carácter general.

Recapitulando ya, nos encontramos ante una interesante propuesta que a pesar de su tendencia a quedarse más en un marco estético que en un buen marco narrativo, se deja ver sobre todo para acariciarnos la mirada con la belleza patagónica. El faro donde habita el guardafauna Beto no alumbra con la suficiente intensidad para deslumbrarnos con la historia. Sin embargo, parece demasiado injusto que no haya recibido más calor por parte de los académicos en las recientes nominaciones a los Premios Goya.

Nota: 7/10.

Nacionalidad: España, Argentina.

Director: Gerardo Olivares.

Reparto: Joaquín Furriel, Maribel Verdú, 
Joaquín Rapallini Olivella, Ana Celentano.

Guión: Gerardo Olivares, Lucia Puenzo.  

Fotografía: Óscar Duran.

Música: Pascal Gaigne. 

Duración: 110 minutos.

Estreno España: 16 de diciembre de 2016.     
                                          
Estreno Argentina: febrero de 2017.