viernes, 26 de enero de 2018

Call Me by Your Name: un preciosista lienzo italiano sobre el primer amor


El amor, al no entender de geografía, no conoce fronteras. -Truman Capote.

La historia: Corre el verano de 1983 en la Lombardia italiana. Elio es un joven de 17 años que pasa sus vacaciones en la villa familiar, sin más preocupaciones que practicar su afición por el piano, leer y escuchar música. Sus primeros escarceos sexuales y amorosos llegan junto a una guapa joven francesa llamada Marzia. Pero todo cambia, cuando llega a la casa familiar, Oliver, un joven y apuesto posgraduado que viene a realizar su trabajo como becario del padre de Elio. Es entonces, cuando las dudas sobre su identidad sexual se van disipando al enamorarse del hombre recién llegado. Sin duda, Elio, Oliver y Marzia no olvidarán este largo y cálido verano.


La crítica: Basada en la exitosa novela homónima del año 2007, escrita por el egipcio de nacimiento y estadounidense de adopción, André Aciman, y adaptada con un excelente guión por el maestro James Ivory, llega a las carteleras un preciosista lienzo dirigido por un poético y lúcido Luca Guadagnino. El cineasta italiano se recrea en una obra casi perfecta, en la que retrata de una manera sutil y hábil, el nacimiento del primer amor, que se siente incluso por encima del mensaje totalizador que nos habla sobre la búsqueda de la identidad sexual, a través de las relaciones homosexuales, bisexuales o heterosexuales, mediante un triangulo amoroso descompensado por el encuentro del amor verdadero del joven protagonista.

Aunque la película tiene sello de autor propio y es la cuota del cine independiente europeo a la temporada de premios para justificar que no todo es cine comercial en el "Olimpo de los dioses", cabe decir que es un cine marcado claramente por las influencias de Jean Renoir, Érich Rohmer, o el mismísimo Bernardo Bertolucci. Y por supuesto, no lo expongo como crítica. El fijarse que no copiarse, de grandes maestros para escribir o hacer cine, no solo es lícito, sino que es claramente inteligente y de buen gusto en este caso en lo que a la cinematografía se refiere.

La película es una continua conversación y reflexión sobre como el amor cambia de repente la perspectiva vital de las personas. Pero también, nos habla con fuerza de la frustración y de saber sentir el dolor, de como no matarlo y saber digerirlo para fortalecer al individuo. Es decir, nos habla y nos inquiere sobre los tiempos del amor y del desamor, del duelo y del gozo, del quebranto y a la vez del optimismo.

Y todo lo hace de una manera bella, sensual, abstracta y a la vez concreta, aunque quizás el propio ensimismamiento del cineasta con su obra le lleve a reiterar escenas insustanciales. Quizás el recurso de las elipsis narrativas hubieran hecho la historia más fuerte y a la vez más ágil, pero Luca Guadagnino renuncia a ellas suponemos que conscientemente, pensando exclusivamente en su autoría y en su sello personal pausado, guste más o guste menos. En cualquier caso, es un narrador visual único.


Atención al reparto, ya que va a dar que hablar. El joven Elio es interpretado por Timothée Chalamet (Homeland) que se convierte en actor revelación de la temporada de premios, con una nominación al Oscar de la Academia como mejor actor principal. Su personaje es sobre el que gira la trama y en que se concentra sobre el foco de atención con la búsqueda de su identidad sexual como base para el desarrollo dramático. Por otro lado, aparece Armie Hammer (La red social) interpretando sobresalientemente a Oliver, que es el joven americano llegado a Italia y que representa el arquetipo del rompecorazones en este caso de mujeres y del joven Elio. Ha sido nominado por este papel en los Globos de Oro y en los Independent Spirit. El contrapunto femenino lo pone la actriz francesa Esther Garrel (17 girls), con una sobria y a la vez sensual interpretación, representando a la mujer que sirve como probatura para definir la sexualidad del joven protagonista.

La filmación ha sido rodada inteligentemente con celuloide tradicional y con una sola lente de 35 milímetros, para transportamos con la luz adecuada al verano de 1983  y a la belleza de la Lombardia italiana. La gama inmensa de colores en tonos pastel, hacen de la película una postal de belleza deslumbrante. La dirección de arte brilla en la decoración de la villa familiar y los exteriores elegidos son de autentico ensueño. En realidad, este conjunto visual es un personaje más de la película. Desde luego en este entorno bucólico de naturaleza, agua y paseos en bicicleta, los personajes son más propensos a relacionarse, conocerse, amarse, desearse o simplemente a disfrutar de la vida en una alegoría del verano versus invierno.

Call Me by Your Name (Llámame por tu nombre), es en definitiva, un drama romántico sobre el primer amor, que utiliza el descubrimiento juvenil de la homosexualidad como discurso narrativo y la belleza de las imágenes para concluir un conjunto notable de cine de autor muy necesario tal y como está el panorama actual en el cine comercial. En su debe, nos deja un metraje de 130 minutos que se siente innecesario, para una historia que hubiera ganado en intensidad con una hora y media de duración. Lo que quedará para los anales del cine y por encima de la estética del film, es una conversación con ciertos aromas edípicos, entre Elio y su padre, sobre la vida, las oportunidades perdidas o ganadas en la misma y con el profundo amor como referencia en las relaciones padre e hijo.

Nota: 8/10.

Nacionalidad: Italia.
Dirección: Luca Guadagnino.
Reparto: Timothée Chalamet, Armie Hammer, Esther Garrel,
Michael Stuhlbarg.
Guión: James Ivory.
Fotografía: Sayombhu Mukdeeprom.
Música: Sufjan Stevens.
Duración: 130 minutos.
Estreno mundial Sundance Festival: 22/01/2017.
Estreno EE UU: 24/11/2017.
Estreno España: 26/01/2018.

domingo, 21 de enero de 2018

Los archivos del Pentágono (The Post): Steven Spielberg nos regala un somnífero sin receta médica


El mundo es un telón de teatro tras el cual se esconden los secretos más profundos.
-Rabrindranah Tagore.

La historia: En el año 1971 el New York Times publica una exclusiva desde una fuente del Pentágono, en la que queda claro que el gobierno de los Estados Unidos estuvo durante varios mandatos ocultando información y mintiendo sobre el desarrollo de la guerra en Vietnam. En medio del escándalo, un juez paraliza la salida de nueva información, aduciendo que se están violando secretos de estado. Es entonces, cuando el director del Whasington Post, Ben Bradlee (Tom Hanks) y Katherine Graham (Meryl Streep) su editora, encuentran la fuente de la información clasificada y se ven en la tesitura de publicar nuevos informes secretos, con el peligro penal que podría implicar para ellos y para los trabajadores del periódico.


La crítica: ¿Era necesaria una nueva película sobre los oscuros secretos que esconde la información secreta clasificada estadounidense durante las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado? ¿No se había hecho esta película ya anteriormente? ¿Es solo un déjà vu mio particular o es la repetición de la repetición, de una trama vista ya decenas de veces en el cine? Pues por lo visto, lo han vuelto a hacer.

En mi opinión, el periodismo es la profesión más seductora, interesante y atrevida que existe desde que en el siglo XX, tuvo la posibilidad de desarrollarse con toda la intensidad y fuerza necesaria. Cosas como leer un periódico, ver un informativo bien realizado, recibir una noticia impactante o eso que nos apasiona tanto de navegar por Internet, tienen como base el periodismo profesional o el ahora también llamado periodismo de la calle que nos mantiene pegados y enganchados a la red. Pero lamentablemente, periodismo y cine (o deporte y cine), salvo honrosas excepciones no funcionan, por algo tan sencillo como que lo interesante de esta profesión son las historias que nos cuentan los redactores, y no los medios utilizados para llegar hasta la fuente de dichas informaciones. Si además, como es el caso, las palabras Vietnam, Watergate, Pentágono, espías, políticos o guerra sucia, están presentes en la filmación, no digo yo que sea para ahorcarse en el baño del cine, pero precisamente un excitante viaje a Las Vegas no parece que sea el caso.

Y es una pena porque contando con un póker de ases, como son Steven Spielberg, Tom Hanks, Meryl Streep y el maestro de ceremonias John Williams, poniendo la música en forma de fabulosa banda sonora; la cinta se sienta plomiza y densa en su desarrollo, dejando toda la posible emoción en la publicación de una información que ya no era única, sino la continuación de una exclusiva ya expuesta por un medio de comunicación rival. Luego podemos hablar de que si la libertad de prensa es muy importante, sobre la segunda, tercera o enésima enmienda de los Estados Unidos de América, o sobre el sexo de los ángeles, pero cuando vamos al cine, por favor hagan cine y películas que entretengan, emocionen y hagan sentir pasión al espectador. En el Vademécum hay somníferos espectaculares, llámense Lexatín, Valium, Lorazepan o incluso la socorrida Valeriana, pero si quieren dormir profundamente no lleguen a tanto, vean Los archivos del Pentágono y el ahorro farmacéutico sera fenomenal.

Bueno, pues dicho esto, que conste en acta que la película ha recibido seis nominaciones a los Globos de Oro (cero premios), he de suponer que recibirá otro puñado para los Oscars y supongo que la crítica profesional ensimismada en la narración periodística de la trama, se deshará en halagos y caerá en la trampa corporativista planeada por Spielberg. Todo eso está muy bien (o muy mal), pero si usted no es periodista, tiene cierto hartazgo sobre la inacabable información secreta de la CIA, FBI, Pentágono o espías variados, o sencillamente quiere ver algo novedoso, independiente o vanguardista en el cine, tal vez haya mejores opciones en la cartelera que este barato y antiguo cine comercial.


Sin duda lo mejor de la producción viene por un reparto encabezado por una de las mejores actrices de la historia como es Meryl Streep, que incansable al desaliento, vuelve a brillar con luz propia entre tanta neblina artística. Su personaje representa una rara avis en la década de los setenta en los Estados Unidos y en cualquier parte del mundo. Y es que ser dueña y editora del Whasington Post en una época dominada y controlada por los hombres, hacen del personaje real de Katherine Graham lo más relevante y sincero de la cinta. Por otro lado, esta un buen Tom Hanks que profesionalmente está también intachable. Su personaje, representa el mejor mensaje a transmitir de la cinta y que nos habla de la lucha por la libertad de prensa. Del resto del reparto, ni me acuerdo, ni me quiero acordar.

En conclusión, The Post, que es como se llama la película (se ve que en España los traductores de cine han vuelto de vacaciones y se han cubierto de gloria), es una película reiterativa, pesada y que no hace sino incidir en lugares comunes que no aportan nada al cine, ni narran nada novedoso que cualquier estudiante de secundaria debería conocer ya. Y es que hablar de una historia en la que los políticos mienten, las grandes fortunas controlan y dominan los grandes medios de comunicación a su antojo y dar a entender que la libertad de prensa es un bien preciado ante los secretos de los poderes oficiales, resulta algo tan evidente, obvio y facilón, que un simple eslogan publicitario hubiera sido suficiente para que el señor Spielberg no nos hubiera sometido al castigo de estos malditos papeles del Pentágono. Y por cierto, el famoso Pentágono, ¿qué es? ¿un taller de escritura? ¿una red de escritores sin empleo? En fin, supongo que dentro de 50 años, se desclasificarán los papeles que alguien estará escribiendo ahora, y que indicarán que Donald Trump ganó las elecciones gracias a los rusos. Pero por favor, no hagan otra película de espías rusos, ya sabemos que son muy malos y hablan muy raro. Fin.

Nota: 4/10.

Nacionalidad: Estados Unidos.
Dirección: Steven Spielberg.
Reparto: Meryl Streep, Tom Hanks,
Sarah Paulson, Jesse Plemons.
Guión: Liz Hannah.
Fotografía: Janusz Kaminski.
Música: John Williams.
Duración: 116 minutos.
Estreno EE UU: 22/12/2017.
Estreno España: 19/01/2018.
Estreno México: 2/02/2018.

jueves, 18 de enero de 2018

Loving Vincent: arte perfecto, cine imperfecto


Sueño con pintar y luego pinto mis sueños. - Vincent Van Gogh (1853-1890).

La historia: Corre el verano de 1891 cuando el joven Armand, recibe el encargo de su padre que es el cartero de la población, de entregar una carta del fallecido pintor Vincent Van Gogh que iba dirigida a su hermano Theo Van Gogh. Después de viajar hasta París, constata que el hermano del pintor también ha fallecido y decide buscar al médico que trató a Van Gogh para ver a quién puede entregar la misiva que nunca llegó a su destino. Es a partir del encuentro con el entorno del pintor holandés, cuando Armand comienza a conocer como fueron los últimos años de du vida y por qué decidió arrebatársela. El ahora celebérrimo pintor solo vendió un cuadro en vida. Pero, ¿fue esa la causa de su suicidio? o su misterioso final, ¿tuvo otra motivación?


La crítica: Si juzgáramos a esta película solamente por hacer arte en movimiento y ser la primera de la historia en estar pintada completamente al óleo, sin duda la calificación como obra maestra sería la adecuada. Pero el cine es algo más que una experiencia visual por deslumbrante que esta pueda parecer. La cinematografía, como la literatura en su caso, se deben regir principalmente por contar una buena historia y además hacerlo de una manera que entretenga, seduzca y emocione al espectador. Es ahí y el en fondo, que no en la forma de esta filmación, donde podemos encontrar reparos a lo que es una obra de arte perfecta, pero una película imperfecta y sumamente mejorable en lo que respecto a una narrativa frágil e incompleta. Por ello, el homenaje a Van Gogh es más de museo que de filmoteca.

Cine de animación para adultos que nos llega desde Polonia, con la cineasta debutante Dorota Kobiela que codirige junto a Hugh Welchman, esta coproducción en la que también ha intervenido el Reino Unido y cientos de pintores de distintas nacionalidades. Ellos, han dado forma y color a los 140 cuadros del pintor holandés en que está inspirada la filmación. Y es que hay que reconocer que el trabajo ha sido titánico y han empleado siete años de su vida en llevar a cabo este singular proyecto. A modo de ejemplo, cabe decir que se han llegado a emplear hasta 10 días en pintar un solo segundo de la película y digo pintar, porque aunque la película esta realizada con actores reales, estos son solo maniquíes corporales, que luego han sido dibujados y pintados en cada uno de los 65.000 fotogramas que cubre la producción.

Y atención porque cada fotograma exhibido y animado es un cuadro pintado a mano y al óleo, con unas nada despreciables medidas de 103 centímetros por 60 centímetros. Cuadrar todo esto en el montaje final es de un mérito incalculable y más teniendo en cuenta, que la cineasta polaca experta en cortometrajes, pensó el proyecto para que fuera uno de ellos. Quizás y viniendo del corto, le ha podido pesar en la parte puramente cinéfila, el alargamiento de la cinta hasta un largometraje convencional de hora y media de duración. Entonces, opta por usar el recurso muy reiterativo del flashback con pinturas en blanco y negro, saliéndose así del marco narrativo propuesto. Y es que en estas vueltas al pasado reciente, ya no aparecen los cuadros del pintor, sino que son animaciones simuladas de lo que pudo pudo ser el tercio final de la vida del pintor holandés. Y en mi opinión, uno de los errores de la historia en sí, es que está centrada solo en la parte final y más tortuosa de la vida de Vincent Van Gogh, es decir, se centra más en la causa de su muerte, que en el conjunto de su vida y obra que finalmente en un homenaje es lo que importa.


Pintura y cine: En esta ocasión no podemos evaluar con certeza el trabajo actoral, pues como he comentado, aunque la película ha sido rodada con actores reales (sobre croma), estos han sido pintados posteriormente haciendo imposible ver el desempeño de los actores en acción real. Por lo tanto y antes de las ultimas conclusiones, me gustaría matizar algunas películas que se han rodado con la pintura como protagonista principal. En referencia a Van Gogh e incluso me atrevería a decir que la película más relevante en cuanto a pintura y cine, fue la que realizó el cineasta estadounidense Vicente Minelli en 1956, titulada 'El loco del pelo rojo' con una portentosa actuación de Kirk Douglas encarnando al pintor holandés. Otras películas dedicadas al artista fueron: Vincent and Theo de Robert Altman en 1990, Los sueños de Akira Kurosowa tambien en 1990 y finalmente destacaría la francesa Van Gogh de 1991 y dirigida por Maurice Pialat.

Con respecto a los últimos años y según mis preferencias, lo mejor que se ha realizado en cuanto a pintura y cine pasarían por La joven de la perla del año 2003, dirigida por Peter Webber e interpretada por una mágica Scarlett Johanson, que fue dedicada al pintor también holandés Vermeer de Delft. También recordaría, Los fantasmas de Goya, dedicada al pintor español y dirigida en 2006 por Milos Forman, pero sobre todo por las portentosas actuaciones de Javier Bardem y Natalie Portman y no me gustaría dejar en el tintero, la dedicada a la pintora mexicana Frida Khalo y su marido también pintor Diego Rivera en el año 2002, de Julie Taymor, y que probablemente supuso la mejor interpretación en la carrera de Salma Hayeck.


Conclusión final: En definitiva, lo más importante, curioso y destacable de Loving Vincent, es la forma de estar rodada en movimiento de una manera vanguardista y que marca un hito en la historia de la cinematografía dedicada a la pintura. Además el trabajo y el amor puesto en la obra merece todo el reconocimiento a nivel artístico y técnico. Pero si hablamos de cine y de películas, que es lo que realmente es este Loving Vincent, la historia que se nos cuenta es en la parte narrativa, manifiestamente mejorable e incluso pobre en algunos momentos. Quiero decir con ello, que tengo la impresión de que si la película hubiera estado realizada convencionalmente, no aportaría casi nada nuevo a la vida y obra del pintor holandés, al centrarse en una parte muy parcial de su vida e incluso limitándose a sembrar dudas o desconcierto, en lo que fue su trágico final teorizando incluso si fue un homicidio o un suicidio. En cualquier caso, la parte positiva y artística prevalece en esta ocasión sobre la propia historia en sí. Y desde luego, pienso que esta filmación debería ocupar una sala especial en cualquier pinacoteca mundial o en alguna retrospectiva dedicada al genio holandés. Un hombre singular, tímido, loco, amable, y obsesivo, que pintó su primer cuadro cuando tenía 28 años. Desde entonces, pintó con sensibilidad, ternura y sobre todo creyendo profundamente en su obra. En resumen, un artista que a pesar de la incomprensión general del momento, quiso por encima de todo dar importancia a lo que hacía y creyó en ello a pesar de solo vender un cuadro en vida. Si hoy viera reflejados sus cuadros en el cine, la frase con la que se abre esta reseña se vería cumplida: "Sueño con pintar, y luego pinto mis sueños". Hoy sus sueños y su pintura ya son obra inmortal también en el cine.

Nota: 7/10.

Nacionalidad: Polonia, Reino Unido.
Dirección y guión: Dorota Kobiela,
Hugh Welchman.
Música: Clint Mansell.
Fotografía animada: Tristan Olivier.
Duración: 95 minutos.
Estreno EE UU: 22/09/2017.
Estreno Polonia: 6/10/2017.
Estreno España: 12/01/2017.




domingo, 14 de enero de 2018

Tres anuncios en las afueras: la ira en la América profunda


"A mí me parece que la policía está muy ocupada torturando a negros como para resolver un crimen de verdad, así que pensaba que estos anuncios podrían ponerles las pilas". -Mildred Hayes.

La historia: Mildred (Frances McDormand) es una madre coraje dispuesta a todo para encontrar al violador y asesino de su joven hija. Después de pasados siete meses del crimen en un pequeño pueblo de Missouri en el Medio Oeste estadounidense, aún no se han encontrado pistas del crimen. Es entonces y ante el parón en la investigación policial, cuando Mildred decide alquilar tres grandes vallas publicitarias, reclamando al jefe de policía William Willoughby (Woody Harrelson), más diligencia e interés en buscar al culpable. Los anuncios suscitan mucha polémica entre los habitantes del lugar y encienden la mecha de una situación límite para la población.


La crítica: El 18'3 por ciento de las mujeres en Estados Unidos ha sufrido a lo largo de su vida algún tipo de agresión sexual. En España, cada 8 horas de media es violada una mujer. El cine y sus historias, son en definitiva espejos que reflejan los dilemas, contradicciones, y en este caso, las consecuencias que suceden cada día en cualquier parte del mundo contra la libertad sexual de las personas, y especialmente contra las mujeres. Y es entonces y con el debate que abre esta película con la visita de un párroco a la casa de la madre doliente, cuando nos preguntamos: ¿si Dios existe, porqué permite estas tragedias? ¿Libre albedrío? En todo caso, y mientras Dios hace mejor su trabajo (de nuevo excomulgado, gracias), como dice en la película Mildred Hayes: "o nos ponemos las pilas" o se seguirán haciendo películas que solo son reflejo de una muy dolorosa realidad social.

La cinta y partiendo del género negropolicial, se mueve en el terreno del melodrama con la emoción como constante y la comicidad en forma de sus patéticos personajes como variable. La presentación de la misma es soberbia, jugando con música de ópera con las nieblas iniciales, dando paso a los sonidos country en los días soleados. Por lo tanto, la banda sonora actúa como un personaje más, sin apenas apreciarse en la sala de cine. Esa es la verdadera función de la música en la cinematografía, llegar a conducirnos sin sentir los baches del camino.

Tres anuncios en las afueras (Three billboards outside Ebbing, Missouri) llega a las carteleras de cine con el aval de haber sido galardonada con cuatro Globos de Oro y se perfila como una de las favoritas en la carrera de los Oscars de la Academia de este año. Su director y guionista es Martin McDonagh, recordado por su 'Escondidos en Brujas', y en esta buena que no perfecta película, encuentra claro reflejo y referencia en el cine de los hermanos Coen, de tal manera que nos encontramos a medio camino entre Fargo y No es un país para viejos, pero con sello y autoría propia.

Si hablamos de cine, aquí lo hay, del grande y del que me gusta en lo personal. Es una pena que todo el descaro, atrevimiento y buen hacer de su director, desemboque en un final un tanto conservador y contradictorio. Pero vayamos por partes. La cinta y recordándonos de alguna manera al estilo gótico sureño americano, parte del sentimiento de culpa y a la vez de venganza, de un personaje como Mildred Hayes que se asemeja a una antiheroína que el western tantas veces reflejó en sus personajes masculinos. Unos personajes a veces malditos, a veces triunfantes, que luchan contra un pueblo en solitario, pero manteniendo sus ideales hasta las últimas consecuencias. ¿Qué hacer entonces si la ley en el lugar donde está situada la acción no funciona? ¿Cómo es posible que las leyes allí permitan librarse a los hombres del lugar de un simple análisis de su adn, para contrastarlo con los restos hallados en la víctima? ¿Y si además el jefe policial tiene cáncer y no da más de sí? ¿Tendrá que buscar Mildred la justicia por su mano? Estas y otras preguntas van encontrando sutilmente respuestas con un cine claramente de autor, que además y para hacerlo más digerible, está acertádamente plagado de toques de humor negro que se sienten como un respiro ante el desatino policial y vecinal.


En el reparto y más de 20 años después de su merecido Oscar por su papel en la mítica Fargo, Frances McDormand se perfila como favorita para obtener su segunda estatuilla dorada en un papel sobresaliente en el fondo y en la forma. Contenida y a la vez desbordante, aprovecha un papel que en versión femenina no deja de recordamos a una especie de John Wayne en busca de justicia y redención. Quizás sea el personaje más puro y real de la historia. El resto, aunque muy cinematográficos, están claramente caricaturizados, cuando no ridiculizados por el autor del libreto. Así, nos encontramos con un sheriff desbordado, deprimido y superado por las circunstancias, protagonizado por un buen Woody Harrelson, que se encuentra con el dilema de no encontrar pistas sobre el caso, mientras tiene que resolver su situación médica y familiar debido al cáncer que padece. Otro de los papeles fuertes de la película lo protagoniza Sam Rockwell (Siete psicópatas), y se postula claramente como mínimo para ser nominado al Oscar de la Academia. Hace de un policía borracho, inepto, chulo, racista y protagoniza una de las mejores escenas de la película al arrojar por la ventana al publicista encargado de llevar los anuncios que dan título al filme. Secuencia para el recuerdo. Los demás personajes siguen las directrices (demasiado) caricaturescas antes mencionadas. Un enano que trata de enamorar a Mildred, el patético exmarido de nuestra protagonista femenina, y que ahora sale con una niña de 19 años con dos gramos de cerebro, o el propio publicista, que parece contar con solo un gramo de materia gris e interpretado por un desigual Caleb Landry Jones visto ya en American Made o Get out.

En conclusión, Tres anuncios en las afueras es una nueva vuelta de tuerca a una América profunda que parece desconectada del mundo y circunspecta ante su propio devenir. La filmación se encuentra entre lo mejor que vamos a ver en este primer trimestre de premios y nominaciones, pero tengo la sensación que pudiendo haber sido una película sobresaliente, la resolución final es tan decepcionante y conservadora que baja la nota de manera considerable. Con ello, no desvelo nada fundamental del filme, solo quiero hacer hincapié en que una cinta que es un constante puñetazo de cine en la mesa, no se puede resolver con una arañazo tan tibio que empequeñece su totalidad. Y es que la parte final, sitúa a la redención por encima de todo el discurso desarrollado anteriormente, existiendo una clara contradicción con el mensaje expuesto machaconamente durante toda la filmación. Pero aún con esta fallida última parte de la historia, probablemente en estos 'Tres anuncios en las afueras', haya más cine que en cien películas elegidas al azar de la cartelera actual. Es por eso que su guionista y cineasta Martin McDonah, con esta historia de antiheroes americanos, se coloca en una excelente posición para estar entre los directores más destacados en los próximos años. Veremos ahora que puede elegir con total libertad creativa que hacer, cual es el rumbo que toma para su próximo proyecto.

Nota: 8/10.

Nacionalidad: Estados Unidos.
Dirección y guión: Martin McDonagh.
Reparto: Frances McDormannd, Woody
Harrelson, Sam Rockwell, Caleb L, Jones.
Fotografía: Ben Davis.
Música: Carter Burwell.
Duración: 112 minutos.
Estreno EE UU: 10/10/2017.
Estreno España: 12/01/2018.
Estreno Argentina: 25/ 01/2018.

jueves, 11 de enero de 2018

Molly's Game: la diosa Circe juega al póker


Es absurdo pedir a los dioses lo que cada uno es capaz de procurarse por sí mismo.
-Epicuro de Samos.

La historia: Molly Bloom (Jessica Chastain) es una esquiadora profesional que tras una caída en competición se retira del deporte rey del invierno. Tras este suceso, decide dar un cambio radical a su vida y se muda a Los Ángeles para disfrutar del buen clima y buscar nuevos horizontes laborales. Es entonces y en su nuevo trabajo como secretaria de un empresario adicto al póker, cuando comienza a organizar partidas exclusivas para estrellas de Hollywood, magnates e incluso miembros de la mafia. Cuando las cosas se complican, tiene que recurrir al importante abogado Charlie Jaffey (Idris Elba), para intentar salir del atolladero en el que se ha metido.


La crítica: Basada en el libro autobiográfico de la princesa (o la bruja) del póker Molly Bloom (Molly's Game: From Hollywood's elite to Wall Street's billonaire Boys Club, my hight-stakes adventure in the world of underground poker, 2015), debuta con fuerza en la dirección de cine, el guionista Aaron Sorkin (La red social, Steve Jobs) y además lo hace con una historia real, en la cual los actores Leonardo Di Caprio, Ben Affleck y Tobey Maguire, entre otros, estuvieron implicados en las partidas de póker clandestinas que Molly Bloom organizó, hasta que supuestamente la "estrella" Tobey Maguire se vio superado por ella en inteligencia y fue vetada por este, en los círculos de Hollywood. Y es que Circe, acostumbrada a convertir a los hombres en cerdos, encontró en el actor a su Ulises particular, y no pudo o no supo seducirle.

En la mitología griega, la diosa Circe era una hechicera seductora que vivía en una mansión en medio de un bosque y que transformaba en animales a los hombres que la ofendían. En las representaciones gráficas realizadas sobre ella, se ve a una mujer poderosa y luciendo sus encantos femeninos. En la Odisea de Homero, se cuenta que Circe recibió en su palacio, a la mitad de la tripulación que Ulises mandó desembarcar. Ofendida, y con sus conocimientos de plantas medicinales y hechizos, los invitó a un banquete, los sedujo con ofrendas y cayeron envenenados convirtiéndolos en cerdos. (Más sobre Circe en el link de la autora Kirke Libris)

En un momento de la película, su protagonista femenina y ante un magnate borracho, menciona a la diosa Circe autorreferenciándose a ella. El ebrio protagonista perplejo, le pregunta que si Circe era uno de los nuevos jugadores de la pártida de póker. Naturalmente, como muchos ludópatas, este acabó convirtiéndose metafóricamente en cerdo. O lo que viene a ser lo mismo, se acabó quedando desplumado, como muchos de los otros jugadores de los lujosos y seductores juegos que Molly Bloom organizó, dirigió y que finalmente le llevaron a escribir una historia real, que ahora llega a la gran pantalla de una forma muy razonable, bien realizada, aunque algo densa en su narrativa entrecruzada.

La cinta y a través de un trepidante guión, está inteligéntemente narrada en off y en primera persona por la protagonista femenina, utilizando además el flashback recurrentemente y desde su situación actual, para llevarnos o bien a su infancia, o bien a su vida entre las estrellas de Hollywood. Y es que la perspectiva de donde parte el eje secuencial del film, es la situación en presente de Molly y sus problemas judiciales de todo tipo. Es entonces y cuando consigue encontrar a un abogado que se haga cargo de su caso, cuando vemos de manera retrospectiva que y quien fue Molly Bloom durante un metraje de 140 minutos, que aunque reiterativo en algunos momentos, otorgan peso a la producción a base de veloces diálogos y diversos recursos narrativos ya explicados anteriormente. En contra de la producción, es precisamente en la minuciosidad de la narración y en las repetidas partidas de póker, en donde encontramos cierto abuso por parte del director y pocas ganas de tirar de tijera en el proceso de montaje. Algo muy habitual, en las auto amadas óperas primas.


En el reparto y buscando su ansiado Oscar, nos encontramos a una extrañamente glamourosa y super escotada Jessica Chastain (Zero Dark Thirty), que inevitablemente recuerda a la Erin Brockovich de Julia Roberts o a la Sidney Prosser de Amy Adams en American Hustle. Una gran actuación que en mi opinión, al menos, le debería valer para una nominación a la estatuilla dorada. En el papel de su abogado, aparece un cada vez mejor Idris Elba (La montaña entre nosotros), que con su imponente presencia y su buena progresión actoral, escala posiciones para entrar en el top 10 de las estrellas masculinas del cine. Michael Cera (Scott Pilgrim vs. the World) hace de un malévolo, sarcástico y buen jugador de póker inspirado en el actor real Tobey Maguire. Y por último, una breve pero clave aparición de un buen Kevin Costner, que hace del padre de Molly encontrado el punto emocional del filme en la mejor secuencia de la producción, con una conversación padre/hija junto a la pista de hielo del Central Park de Nueva York.

Y es precisamente en la ciudad neoyorkina y en las lujosas timbas organizadas por Molly Bloom, al principio en tugurios y después en lujosos hoteles, donde encontramos el aspecto técnico adicional más interesante y destacable, es decir una notable dirección de arte. Decoroso también es el maquillaje y vestuario de Jessica Chastain, que reflejan la personalidad de Molly Bloom, no la de la actriz. Lo digo porque va a ser quizás machacada por algún sector conservador o cualquier otro absurdo sector, por utilizar prominentes escotes durante toda la película, cuando esto es una exigencia del guión. Con ello se trata de reflejar la verdadera personalidad de Molly Bloom, que indudablemente estaba dispuesta a utilizar todas sus armas seductoras femeninas, para conseguir su propósito como organizadora sensual, que no sexual, de las famosas y lujosas partidas de póker.

En conclusión y sin ser una película completamente redonda, Molly's Game supone un buen debut en la dirección de cine de un muy prometedor Aaron Sorkin. Desde luego es un hombre que lleva el cine en su cabeza, y aporta algunos elementos vanguardistas en su debut. En su debe, cabe decir que la trama por momentos se hace engorrosa y demasiado técnica para los no conocedores del juego del póker. Pero en definitiva, este pequeño tratado sobre la integridad versus codicia de las personas, se salda de manera positiva y deja con ganas de ver la próxima película del cineasta debutante. Independientemente de gustos, aquí hay cine y hay director.

Nota: 7/10.

Nacionalidad: Estados Unidos.
Dirección y guión: Aaron Sorkin.
Reparto: Jessica Chastain, Idris Elba,
Kevin Costner, Michael Cera.
Fotografía: Charlotte B. Christensen.
Música: Daniel Pemberton.
Duración: 140 minutos.
Estreno EE UU: 25/12/2017.
Estreno España: 5/01/2018.

domingo, 7 de enero de 2018

Wonder Wheel: Woody Allen declara su amor al Coney Island de los años 50


¿Por qué no dejo de destrozar mi vida buscando respuestas que nunca voy a encontrar, y me dedico a disfrutar mientras dure? -Woody Allen.

La historia: Ginny (Kate Winslet) y Humpty (Jim Belhusi), son un matrimonio en segundas nupcias que trabajan y viven en un pequeño apartamento para empleados en el mismo parque de atracciones de Coney Island, en el Nueva York de los años 50 del siglo pasado. Pero ella no es feliz. Su casamiento fue para olvidar la ruptura sentimental de su primer matrimonio. Es entonces, cuando conoce a un joven socorrista (Justin Timberlake) y la ilusión de un nuevo amor verdadero vuelve a prender en ella. Todo se complica aún más, con la llegada de la hija de su marido al hogar familiar tras romper con su pareja. Además, el hijo pequeño de ambos es un pequeño pirómano que no ayuda en nada a la armonía familiar.


La crítica: He dado algunas vueltas a mi cabeza para elegir cual sería la primera reseña publicada en Cine y críticas marcianas para dar comienzo al año 2018 y aunque estrenada en España el 22 de diciembre del año pasado, el cine del maestro Woody Allen es atemporal y además se mantiene aún en la cartelera de estrenos. De hecho, en Argentina se ha estrenado el 4 de de enero de este 2018 si mis informaciones son correctas. Pero como digo, Allen está ya por encima de fechas.

Y es que no me queda más remedio que autocitarme cuando en la crítica de su excelente anterior película Café Society, venía a decir que la emoción y la sensación de estar asistiendo a un momento histórico me embargaban cuando una proyección del maestro se proyectaba de estreno en pantalla. En cierta manera es como si estuviéramos viendo a Picasso pintar un cuadro en directo o a Verdi componiendo una de sus piezas. Está claro que con sus partidarios y detractores, del cineasta de Manhattan, se seguirá hablando dentro de 50 o 100 años.

E incluso parecen haberse alineado las estrellas y los traductores de cine, y al menos en España, han dejado el título original de la película intacto. Wonder Wheel que vendría a significar la rueda de la fortuna, es una atracción en forma de noria que está presente de forma concéntrica en muchos planos de la película. Pero su significado no es solo luminoso en el más amplio término de este concepto, sino que actúa como sencilla metáfora de los avatares de la vida y de los golpes afortunados o no, del destino. La suerte y las infidelidades, como en la sobresaliente Match point, o las circunstancias inesperadas, vuelven a estar presentes en un buen guión, que sin embargo se siente algo por debajo del drama explosivo que Allen rodó en Londres y que encumbró a Scarlett Johansson a categoría de estrella mundial del cine.

En esta ocasión, el director trata de profundizar en el alma femenina y en la mirada a veces tortuosa, a veces ensoñadora y a veces realista con la que la mujer afronta sus relaciones amorosas. De alguna manera con este filme, recuerda a Pedro Almodóvar, que quizás sea uno de los mejores especialistas en investigar a través de su cine, el complejo universo femenino. El hombre en esta ocasión, aparece como un mero observador, un narcisista e incluso como una nulidad emocional. Es decir, como la nada. Fuerte critica de Allen a su propio género. Y ciertamente, aunque la mujer salga mejor parada del mensaje a transmitir, también es duramente retratada por Allen, quizás por la inestabilidad emocional de sus protagonistas y sobre todo por la vil competencia que se establece entre ellas en algunas ocasiones, dando a entender que el peor enemigo de la mujer, es otra mujer. En el fondo y en contraposición con Café Society o Magia a la luz de la luna, aquí el cineasta saca su lado más pesimista o mejor dicho, el más realista en cuanto a las relaciones amorosas y su desarrollo.


Kate Winslet con su papel de Ginny hace una interpretación de matricula de honor. Imposible meterse mejor en un papel de mujer atormentada, a veces amargada, a veces ilusionada. Su personaje es el fruto de la pérdida de su verdadero amor por un desliz amoroso. Y ahora busca y busca encontrar en otro hombre, lo que su primer amor le dio. Ese hombre o ese recuerdo en sombras del amor juvenil, lo trata de encontrar en su segundo marido, interpretado por un gran Jim Belhusi recuperado de nuevo para el cine de actualidad. Pero la rudeza de este, su falta de sensibilidad y sus distintas aficiones no logran curar su descuartizado corazón. Es entonces, cuando aparece el atractivo socorrista interpretado con corrección por Justin Timberlake, que es el claro alter ego de Woody Allen en la historia (Allen admite que no sería creíble actuar ya, y ligarse a la Winslet) y Ginny se vuelve a ilusionar. ¿Pero cuales son los propósitos del joven apuesto? ¿Amorosos, narcisistas o sexuales? Es decir, la quiere a ella, o solo quiere sexo y además enaltecerse. Y para acabar con el reparto, nos encontramos a la actriz británica Juno Temple, muy sosita y candorosa, que hace de la hija del segundo marido de Ginny (el patán), pero que tendrá la clave de la resolución del conflicto amoroso y sentimental de la película.

Atención a la fotografía de la película, porque se convierte en una obra maestra del italiano Vittorio Storaro (lean el enlace de Eduardo Blazquez Mateos). La utilización de la luz, de las lentes de la cámara y su manejo, hacen casi ridícula la expresión poesía visual. Es puro Séptimo Arte. Cuando ilumina a Kate Winslet lo hace con longitud de onda caliente, es decir utilizando los rojos, dorados y anaranjados representando con ellos la añoranza y la melancolía. Y cuando retrata a Juno Temple lo hace utilizando los azules como muestra del futuro, la esperanza y la ilusión. Maestro de maestros.

En cuanto a las localizaciones de la filmación y dando por descontando, el parque de atracciones y el muelle de Coney Island; el maestro Allen utiliza algunos otros lugares de Nueva York haciéndolos pasar por recintos del propio lugar de esparcimiento y siempre situándolos en los años 50. Esto y más, es lo que parece una declaración de amor a todo el significado sentimental de su niñez y juventud en Coney Island y su zona de recreo. Cabe destacar The Freak Bar, Sam's on Court Street de Brooklyn, Carvel at Playland en Rye o el New York Chinesse Scholar's Garden en Staten Island.


En conclusión, y sin ser una de las grandes películas que quedarán en la filmografía del cineasta de Nueva York; Wonder Wheel se presenta como una fábula romántica de un exquisito gusto cinéfilo y que se asemeja a un precioso lienzo pintado al oleo en una sala de cine. En su debe, cabe destacar cierta frialdad cuando busca lo contrario y un diseño de sonido ciertamente deficiente. Pero en definitiva, Woody Allen con este pequeño tratado sobre las familias desestructuradas y con unos diálogos brillantes, vuelve a sacar con buena nota la cita anual con sus espectadores.

Nota: 8/10.

Nacionalidad: Estados Unidos.
Dirección y guión: Woody Allen.
Reparto: Kate Winslet, Jim Belhusi,
Juno Temple, Justin Timberlake.
Fotografía: Vittorio Storaro.
Duración: 101 minutos.
Estreno EE UU: 1/12/2017.
Estreno España: 22/12/2017.
Estreno Argentina: 4/01/2018.